El dilema con la obesidad saltó al tapete con el caso del sanjuanino Víctor Hourquebie, quien murió días atrás, postrado en su cama y pesando 350 kilos, lo que trajo el debate incluso a nivel nacional sobre el acceso de este tipo de pacientes a la ayuda oficial. En el Hospital Rawson existe desde siempre el consultorio de Bariátrica, que ofrece operaciones de by pass gástrico a personas obesas de manera gratuita. Con el edificio nuevo, el servicio cobró un envión importante y hoy se hacen entre una y dos de estas cirugías por semana, que en la parte privada cuestan fortunas. El equipo multidisciplinar que dirigen los doctores Diego Varela y Juan Pablo Gempel acerca a los sanjuaninos sin obra social una solución definitiva al problema de los kilos de más. Tiempo de San Juan habló con dos personas a las que el by pass gástrico hecho en el sector público les cambió la vida.
LA FRASE
“Mi autoestima estaba en el tercer subsuelo y ahora está en las nubes. Ahora con mis chicos vamos a tomar mate al parque, corro, juego a la pelota con mi hijo. Es otra vida, lo que antes no hacía lo estoy haciendo el doble”.
Sonia Valdéz
“Yo siempre sufrí de obesidad y cuando bajé fue porque tomé pastillas, que después me hacían efecto rebote. Y hace un año y medio atrás llegué a pesar 150 kilos y mido 1,48”. A los 45 años, Sonia Valdéz dice que nunca imaginó verse y sentirse como ahora, que pesa 73 kilos tras hacerse el by pass gástrico en el Hospital Rawson el 23 de agosto de 2012. “Me siento bendecida, no todo el mundo tiene la suerte de poder operarse. Ahora es una vida nueva, increíble”.
Sonia cuenta que desde chiquita fue gordita, “siempre tuve buen carácter, como siempre el gordo es el que trata de hacer reír, de bajar la cabeza, pero siempre sentimos la discriminación y te hiere mucho, tenés baja la autoestima. Una vez salíamos con mi esposo del sepelio del abuelo de él y se burlaron de mí, me dijeron una cosa horrible y yo me puse re mal, mi marido los quería matar. Así, muchas cosas feas me han pasado, pero eso es algo que ha cambiado ahora”.
En octubre de 2011, Sonia escuchó por radio a los doctores Varela y Gempel que hablaban sobre los servicios del Rawson. Un amigo de Sonia le decía siempre que se opere y ella le contestaba que no tenía plata. Y cuando se enteró de que se hacía el by pass gratis en San Juan, pidió un turno. “Tardé en tomar la decisión porque tenía miedo a la cirugía”, cuenta. La vio Varela y empezó inmediatamente el tratamiento. “Hice todo como me pidieron, nunca falté a un turno, pero me costaba mucho hacer la dieta. Yo le lloraba al doctor, me dolían los pies, casi no podía caminar. Me dijeron que era candidata al balón gástrico, para adelgazar los 15 kilos que necesitaba para operarme. Yo lo veía difícil. Pero después con mi marido le puse voluntad e hice la dieta y logré bajar primero 8 kilos. Y al final llegué a bajar casi 40 kilos antes de la cirugía”. Agrega que “Muchos piensan que es por estética pero es una cuestión de salud. Yo había empezado a tener problemas de presión alta y de insulina, ya no tomo más medicamentos para eso”.
Además del soporte anímico del equipo de profesionales del Rawson, Sonia dice que fue fundamental el apoyo de los más cercanos: “Yo siempre le conté a todos lo que estaba haciendo, entonces por ejemplo cuando iba a un cumpleaños me preguntaban qué podía comer o yo llevaba mi comida”.
Una de las cosas que Sonia dejó de lado por ser obesa fue tener hijos y ahora hasta habla de poder adoptar con su esposo Marcelo. También va al gimnasio, sale a caminar tres veces por semana y está estudiando para terminar el Secundario que dejó hace décadas. El cambio físico es muy notable: “Ahora hay gente que no me conoce, una vecina en el supermercado me preguntó por qué yo la saludaba tan amable y yo le dije que era la señora gorda y no lo podía creer. A mi esposo en el club le preguntaron si se había separado porque lo veían con una nueva mujer, delgada”, relata. Cambió todo su vestuario y la ropa XXL se la regaló a amigos y familiares. “Creo que a mí me han operado y me han puesto una cuerda, quiero hacer de todo y ahora puedo. Cuando uno está gordo no se da cuenta lo que trae la obesidad”, reflexiona. Por miedo al rechazo, Sonia nunca presentó un currículum y ahora piensa en buscar trabajo. Está colaborando con el equipo de Bariátrica: “Yo les doy fuerza a los pacientes nuevos, les digo que no caigan, les saco los turnos. Y en las caminatas que hacemos nos preguntan y eso motiva y van a hacerse atender. Yo paro a la gente en la calle, le cuento mi experiencia y así he llevado a un montón de gente al Hospital”.
LA FRASE
“Yo creí que esto era para los artistas, para las personas de plata y nunca me imaginé que iba a poder operarme. Y el Hospital nos da toda la contención que necesita el gordo y hasta las vitaminas gratis”.