El lugar del trágico accidente ocurrido el martes pasado en la Escombrera Número 2 de calle Buenaventura Luna y Fray Justo Santa María de Oro, en Chimbas, es un terreno de más de 10 hectáreas que históricamente fue un basural a cielo abierto, donde miles de sanjuaninos, privados y públicos, arrojaban residuos de todo tipo y desordenadamente. Desde hace 6 años, ese lugar fue saneado y convertido en un sitio para el depósito de escombros, donde nunca estuvo permitido el ingreso de personas ajenas a ese lugar.
El sitio donde ocurrió el desgraciado hecho es una cava artificial, de una superficie de 30 x 60 metros, únicamente, ubicado a unos 250 metros del sitio de ingreso a la escombrera. Ese es el lugar donde estaba autorizado el vertido de los barros provenientes de empresas mosteras, siempre y cuando tuvieran un tratamiento adecuado, que redujese definitivamente la temperatura y peligrosidad de los mismos.
Por las condiciones topográficas del lugar (montañas de distintas dimensiones) es que siempre resultó en extremo dificultoso el cierre perimetral del sitio. En varias oportunidades se pusieron alambrados que fueron destruidos y sustraídos por vándalos. En los últimos años se optó por hacer enormes montañas de ripio, de más de 3 metros de alto, para delimitar el lugar y prohibir el ingreso de personas ajenas al lugar, con la correspondiente cartelería que indicaba esa prohibición.
A raíz de los hechos de público conocimiento, la Secretaría de Estado de Ambiente y Desarrollo Sustentable inicio la sustanciación de un expediente administrativo que esta semana será girado a Fiscalía de Estado, quién determinará el envío del expediente a la Justicia de Instrucción. Las penas pasibles para la empresa que haya vertido esos barros sin el tratamiento adecuado, van desde la quita de la Declaración de Impacto Ambiental, hasta multas que pueden ir desde 1 a 2 millones de pesos.