De día comparten comidas, charlan y miran películas juntos como cualquier amistad entre dos matrimonios. De noche, las luces de la habitación se prenden y deciden disfrutar del sexo de otra manera: intercambiando parejas. La movida swinger es una tendencia que crece a nivel mundial y que en San Juan también lo hace. El punto de encuentro son las redes sociales, en las que hay al menos 15 parejas que buscan otras para conocerse. Así lo contó un matrimonio swinger a Tiempo de San Juan.
En San Juan es todavía incipiente la movida, pero poco a poco se van animando más parejas. Hay alrededor de 15 que se pueden identificar en la red social. Además de abrir un perfil de Facebook, las parejas también integran el grupo cerrado "Swingers de San Juan" y se contactan vía web en la página http://puntodeencuentro.tk/index.php, donde no sólo hay parejas de la Provincia sino también de Mendoza, San Luis y La Rioja.
Quienes se animaron a dar su testimonio a este medio evitaron el contacto cara a cara y tampoco quisieron identificarse con su nombre verdadero. Según manifestaron, ser identificados como swingers les podría traer diversos problemas en el ámbito laboral y también en el familiar. No cualquiera acepta tener un hermano o un empleado swinger.
M. (como prefirió que ser nombrado)contó que generalmente los miembros de la parejas swinger tienen más de 30 años, llevan varios años juntos y deciden probar nuevas experiencias en el plano sexual. Es así como suelen iniciarse en el mundo swinger.
El inicio de todo intercambio sexual empieza con una juntada a comer o en bar. "Te juntás a tomar algo, no se busca sólo sexo, te fijás si hay onda, si hay química. Si alguno de los cuatro no está de acuerdo con el intercambio, se termina ahí”, dijo M. "Cuando se decide pasar la experiencia al plano sexual todos los miembros de la pareja tienen que estar en la misma habitación, los límites los ponen las parejas”, añadió M.
La excitación swinger pasa por mirar a la pareja mantener relaciones sexuales con otra persona y viceversa. "Que se dividan las parejas y que cada una tenga una habitación no lo hacemos, todo es a la vista de todos”, manifestó.
M. se describe a sí mismo como celoso y revela que en la calle no le gusta que miren a su pareja. "Yo no tengo celos de mi pareja en ese momento pero en la calle sí, a nadie le gusta que le miren el culo a tu mujer”, señaló. Es que para los swingers, el intercambio de parejas consensuado no es una infidelidad, la infidelidad pasa por el engaño a espaldas del otro.
Sobre los mitos que existen en la movida swinger sanjuanina, M. contó que nada hay de cierto sobre supuestos centros de mesa en los cuales las parejas colocan las llaves de sus autos y después de revolver sacan una y mantienen sexo con la pareja a la que le pertenece la llave. "Eso no es verdad, es un mito, ser swinger no es sólo tener sexo sino que va más allá”, explicó.
Según los amantes del swinger, hay un antes y un después en la vida sexual de la pareja tras descubrir el intercambio. "A nosotros nos unió más como pareja, hasta mejoró nuestra comunicación”, dijo. M.
Uno de los temas más complicados a encarar por las parejas swingers es el prejuicio de la sociedad, que los tilda de "degenerados” en muchos casos. Es por esta razón que la vida como swinger la suelen mantener oculta, es como un lado B que se la revela a muy pocas personas, generalmente no familiares.
Ser swinger es un estilo de vida que traspasa el sexo, si bien es el gran atractivo a la hora de iniciarse, las parejas del mundillo se conocen entre sí bastante y algunas logran establecer una amistad: salen a comer juntos, van a fiestas de cumpleaños de sus hijos y hasta pasan la Navidad. "El sexo es un aditivo en la vida sexual de la pareja pero ser swinger pasa por establecer una amistad única con personas que comparten tus gustos”, explicó M.
El inicio en el mundo swinger siempre es algo consensuado entre los miembros de la pareja. El "Lo hago por vos” no vale porque siempre esa persona que cede termina pasándola mal. "Ser swinger es una decisión de a dos, se habla mucho sobre este tema en la pareja. Empieza generalmente con la pica, luego empezás a pedir información y a escuchar la experiencia de otras personas hasta que te iniciás. A nosotros nos unió más como pareja”, finalizaron.
Derribando mitos
Nada hay de cierto sobre supuestos centros de mesa en los cuales las parejas colocan las llaves de sus autos y después de revolver sacan una y mantienen sexo con la pareja a la que le pertenece la llave. "Eso no es verdad, es un mito, ser swinger no es sólo tener sexo sino que va más allá”, explicó M.
Los precursores en Argentina
Daniel Bracamonte y Beatriz de Bracamonte se acercaron a la práctica swinger en 1992 y son los precursores de esta práctica en el país. Daniel se acercó a la movida mientras buscaba una nota para el programa de radio en el que trabajaba. "Al principio me pareció una vergüenza", dijo Daniel. Y enseguida explicó: "Yo era un tipo estructurado, posesivo y celoso. Me impactó mucho ver a gente grande, que tenía hijos, pero que al mismo tiempo compartía a sus respectivas parejas. Después de un tiempo, me quedé pensando y me pareció bien explorar nuevos horizontes. A partir de ahí, empecé a tratar de convencer a Beatriz".
Para entonces no había revistas, ni tampoco sitios de Internet que retrataran el tema. "Era muy difícil explicarle de qué se trataba, de persuadirla para que probemos", cuenta el hombre, de 54 años. Pasó un tiempo de insistencia, hasta que a ritmo de perseverancia, Beatriz dio el brazo a torcer: "No estaba del todo convencida, así que le dije de ir a bailar a un boliche de esa onda", rememora ella. Y agrega: "Es que ahí hay más variedad y me sentía más cómoda con gente. Estuvo bueno, nos divertimos, hicimos amigos y después nos invitaron a participar de un 'intercambio' en el que una pareja coordinaba y explicaba cómo había que hacer. Nos encantó".