*¿Cuántos años tiene el delantero, 40?
El comentario baja de la tribuna prejuzgando el talento del jugador, se lo ve veterano y ya está, no hace falta que demuestre nada, no le creen y punto.
*¿Papá, puedo trabajar en las vacaciones con vos?... se envalentona impertinente mi hijo con 13 años. Es que ya sabe editar, sacar fotos, tiene buen gusto, y se ha propuesto ser director, de lo que sea, pero director. El sabe todo lo que yo aprendí recién a los 20, (a los 18 recién tuve cable), y todo, también implica la caradurez de animarse sin problemas, a los problemas de este trabajo.
*Mi amigo publicista llega al café y alecciona: “Ya está cabezón, vamos a otra cosa. Estamos viejos para pensar con juventud: la publicidad es eso, juventud, rock, ideas frescas, estímulos ulcerosos de que falten 10 minutos y no tener una sola idea en la cabeza,... pero igual disfrutar, y yo en cambio, ya no lo soporto...no lo soporto, no me divierte”, repite hasta el cansancio mientras toma un sorbo de un café dulce que termina en trago amargo.
Es verdad.
El ejercicio pleno de la actividad publicitaria implica la innovación de miradas, la actitud desafiante del pensamiento lateral para que, lo que veas, no sea solo lo que ves.
No hay fórmula del éxito, ni hay caminos seguros para resultados siempre brillantes. Por cada 99% de esfuerzo, aparece ese 1% diferenciador, único e irrepetible. Pero para esperarlo debemos permanecer 8-10-12-24 horas por día trabajando. Ese ritmo, esa espera, funciona mejor en hígados jóvenes, en páncreas que otorguen insulina, en intestinos a prueba de mate y comida chatarra.
No, no creo que las ideas sean geniales sólo en los jóvenes, pero tienen resto para aguantar el día hasta que la idea distinta llega.
La publicidad aquí, en Nueva York o en Bangladesh tiene el mismo proceso. Aquí somos brillantes como allá, pero jamás, nunca, el mismo resultado económico. Eso también es igual para otras actividades y ya aprendí a no criticar. Le sucede lo mismo al boxeador, el futbolista, al gerente y al médico.
Aquí en San Juan se suma que a la cantidad de adrenalina a segregar por cada idea exitosa debes proporcionarle nueva y más adrenalina en la confianza de contar la idea y tratar de que alguien te pague por ella y no que te la roben.
No. No creo que tenga que ver con la edad, pero sí y mucho con la actitud. Se ha perdido la actitud de buscar cosas diferentes. David Ratto, Ogilvy, Dreyfuss, Daniel Verdino, aquí en San Juan, el Gordo Agudo, el Negro Santori, el Tanguero Díaz, ya caminaban sus buenas canas y sin embargo seguían entusiasmados buscando y creando jóvenes estímulos, consolidando estilos y formas de hacer joven.
Aquí hace mucho que no veo un buen aviso. Un buen aviso que emocione, diga, recuerde, hecho por viejos o por jóvenes. No, no lo he visto últimamente. En ese sentido tenemos una publicidad vieja hecha por pibes de 20.
Entre los publicistas que hacemos, y respetamos lo bien hecho, admiramos las ideas frescas, los suspiros de ¡cómo no se me ocurrió a mí!, y ya no recuerdo haber suspirado en los últimos tiempos.
La publicidad local está quietita diciendo lo justo y sin animarse a mas. Llenas de PNT y textos comunes que graban afuera. Todos editamos, todos pensamos, todos definimos, todo se parece... y como dicen los chicos... nada.
La última vez que un aviso me gustó lo habían resuelto unos colegas de STUDIO PRO, lo que celebré más que la idea fue que se animaron, como también a Nicolás Medina y su agencia LA CREBOU, en un desarrollo pretencioso para un cliente más bien pequeño.
Eso es actitud, y eso es lo joven que se necesita para hacer publicidad así tengas 80 años, ese es el motor, desafiar, arremeter, no conformarse, incluso, aunque no resulte del todo bien.
Vuelve mi amigo a la carga y dice: “Dos veces esta semana me sucedió: miedo. Que se deletrea p-a-r-á-l-i-s-i-s, y cuando eso pasa, ya pasó de todo me entendés? (Si así todo junto!).
Y si, lo entiendo, estoy dando carazos en los puños de un boxeador ¿quién me manda a subir al ring con 45 años? Sin embargo, a este violento le tengo una sorpresa: justo entre las piernas le tengo medido una patada.
Aprender y cambiar... Y volver a cambiar, y seguir vivo en la vida.