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historias

Los locos del container

Todos hablaron del proyecto que fue furor en internet, pero detrás de los osados constructores hay una historia de amor. Conocela y conocelos. Por Miriam Walter.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Ninguno es sanjuanino, pero en los últimos días hicieron a San Juan famosa por una loca idea que recorre el país: en Rivadavia hicieron su casa usando un container de metal, de esos que se ven en los puertos, y allí viven felices con su perro y su gato. Yamil Matilla (31) y Julieta Farina (26) se conocieron en El Palomar de la UNSJ y dicen que fue un flash. Al poco tiempo ya estaban viviendo juntos y armando un proyecto que a sólo 48 horas de haberse posteado en internet, ya tenía 25 mil visitas y más de 500 comentarios felicitándolos por la idea, que dejó a más de uno boquiabierto. Hoy tienen casi 1.200 mensajes.
“Mi novia es de Capital Federal y yo de Santa Rosa, La Pampa, pero vivimos en San Juan hace 4 años. Vivir en plena ciudad, pegado a un viñedo y ver las montañas por la ventana no tiene precio. ¡Aguante San Juan!”, dice él. “Llegué a San Juan porque la Universidad de La Pampa dictaba la mitad de mi posgrado acá”, cuenta el ingeniero en automatización industrial. Nunca pensó que durante su corta estadía de 6 meses iba a conocer al amor de su vida. “A ella la conocí en El Palomar, yo vivía allí y ella había vivido un  tiempo ahí también y en esos espacios comunes nos encontramos en marzo de 2009. Fue bastante rápido y fue mutuo. Yo creo que todo empezó en la pileta, todo nace como una relación tranquila y despúes se fue intensificando a medida que pasaban los días”, cuenta. 
Julieta es estudiante de Geofísica y llegó a San Juan buscando una ciudad tranquila. “La carrera está en pocos lugares de Argentina”, cuenta Yamil. Después de empezar la relación, ella que ya llevaba un año en la Provincia viviendo sola, le presentó a sus amigos. “Unos meses viví solo y después ya recibido me quedé acá. Donde nos cruzáramos nos iba a pasar de quedarnos juntos”, dice Yamil.
Ahí se les empezó a ocurrir la idea de construir un hogar propio, querían dejar de pagar alquiler. Compraron un terreno cerca del Marcial Quiroga en cuotas y empezaron a ver opciones. “Estábamos muy ansiosos de tener un techo, evaluamos otras posibilidades como prefabricadas, pero teníamos en mente la idea del container, que se le ocurrió a un amigo de La Pampa, pero él nunca lo hizo”, cuenta Yamil.
Al container lo compraron en San Juan, “no tiene que ver con la minería, después nos enteramos que se usan pero el nuestro nada que ver. Nosotros habíamos comprado uno en Buenos Aires y después nos enteramos por casualidad de que se vendía uno acá que se usaba como depósito y estaba en buen estado, del otro nos devolvieron después la plata”. La estructura  es de “acero corten” y costó alrededor de 27.000 pesos en su momento, hoy calcula Yamil que se cotiza en 38.000. “Si querés ser Top Post en Taringa (portal de Internet) conviene hacer esta casa, pero si no, pensalo dos veces”, dice con humor el ingeniero. “Para nosotros fue mucho sacrificio y mucho laburo. Lo hicimos para evitar el alquiler y para vivir la aventura de hacer la casa propia sin tener conocimientos”, analiza. La clave es que la mano de obra fue íntegramente de la pareja.
La construcción les llevó un año, pero al mes de ponerlo en el terreno de 12 por 25 metros, se mudaron como estaba y fueron construyendo con ellos viviendo adentro. “La principal motorizadora es Julieta. Yo le dije ’estás loca’, pero ella es el combustible de este tipo de cosas, lo hicimos juntos y estamos muy orgullosos”. Cuando le preguntan cómo lo lograron, Yamil dice que se resume en 3 ideas: "Nadie nace sabiendo",  "preguntando se llega a Roma" y "rompiendo se aprende". Así, antes de ponerse manos a la obra, investigaron bastante en la web.
La estructura es de las más grandes que se consiguen en el mercado nacional: tiene 12 metros de largo, por 2,40 de ancho y 2,40 de alto. “Nos las ingeniamos para hacer ambientes con durlock: una cocina comedor, una habitación con un placard grande y un baño que muchos dicen que es gigante, todo como una casa normal”, cuenta Yamil. “Nosotros veníamos de alquilar en un lugar grande, estábamos acostumbrados a mucho espacio, pero en el container tenemos todo lo que necesitamos”.  Además del contenedor, tuvieron que pagar una grúa que lo transportara y compraron cosas para la casa, pero gastaron menos de 100.000 pesos. “Al no pagar alquiler invertimos en algunos materiales y herramientas”, dice Yamil.

Tarea de hormiga

Apenas pusieron el container, “a los vecinos les llamaba la atención, primero creían que se iba a hacer una casa de ladrillos y que eso era un depósito”, cuenta. Y sigue: “Tardamos un mes en hacer lo esencial, el baño no tenía azulejos pero sí sanitarios y no tenía ni puerta, el container tiene unas propias, después la hicimos a la puerta volando”.  No todo fue color de rosa: “La noche que íbamos a vivir nos robaron el termotanque, lo poco que teníamos. Y la primera semana que pasamos fue de invierno muy crudo”, recuerda el pampeano. El contenedor se aisló con telgopor y usan un aire acondicionado en verano y una estufa en invierno, lo que hace muy confortable espacio. Además, cambiaron el verde original por un blanco, lo que hace todo más amplio y menos receptivo al sol.
Para sostener la casa, antes de colocar el container hicieron pozos en los cuatro extremos donde se apoya y los llenaron de ripio y tierra, arriba pusieron unos tacos de madera para logra la altura deseada, pero por ahí cuando riegan, el container se baja. Yamil dice que la estructura es sólida y que no le temen a los temblores. En el lugar tienen todos los servicios, menos gas, incluso teléfono fijo e internet.
Alrededor de la casa-contenedor tienen un jardín enorme, y ya vinieron de visita la familia de ambos a conocer el lugar que causa sensación  en el país. Apenas posteó cómo construyó su casa, a Yamil y Julieta se les abrió un mundo que nunca imaginaron. Ya salieron en varios medios contando su experiencia, incluso en canales nacionales de tevé. Además, “la gente de la Unión Industrial joven nos está organizando una charla abierta para que contemos todo”, dice Yamil, que hoy trabaja en una empresa muy cerca de su particular hogar. Hasta el gobernador Gioja se hizo eco de su historia en sus redes sociales.
“No tenemos definido si nos quedamos acá, quizá lo vendamos, no sabemos. ¿Hijos? Por ahora no, quizá nos casemos”, concluye el pampeano.
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