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En la avenida España y Maipú hasta el cartelito que indica el nombre de la calle resiste al tiempo. Es que, torcido y todo, la angosta lata sobrevive con el escudito del ACA (Automóvil Club Argentino) informando que esa es la calle Maipú. La casona de la esquina, con su puerta principal de dos hojas en la ochava, grandes ventanales y la puerta de entrada por España, es una foto del San Juan de antaño, cuya arquitectura se asemeja a su vecino del frente, la de la ex estación de trenes Belgrano –donde funciona el Museo de Ciencias Naturales-. Adentro, como un tesoro de la ciudad, funciona el Chory al Paso, uno de los puestos de venta de choripanes más viejos de la Ciudad.
“Es un negocio familiar, lleva 60 años funcionando y esperemos que siga así”, comenta Dante Cuenca, de 33 años, el actual dueño del lugar. Este muchacho es la tercera generación en llevar el negocio adelante y espera que sus hijos sigan con la tradición.
Políticos de primera línea, empleados del Centro Cívico con sacos y corbatas y hasta cartoneros se mezclan día a día en Chory al Paso. Sin importar la clase social, se puede ver estacionado en la puerta un auto de alta gama junto a una carreta con un caballo.
Un techo rebajado de lata recubierto con una membrana, sillas y mesas diferentes, y poca calefacción le dan el color que buscan los clientes que pasan por el lugar, ya que el clima afectivo que se produce ahí supera todo lo demás. Tanto es así, que las personas le han pedido al dueño que no refaccione el lugar, ya que así lo conocieron hace 60 años.
Chory al Paso está abierto de lunes a sábados hasta el mediodía. Dante asegura que varias veces intentó abrir de noche, y sobre todo los fines de semana, pero no tuvo éxito porque sus clientes conocen el horario tradicional que ha mantenido por tanto tiempo.
Un choripán a 10 pesos y un vaso de vino a 3 pesos es el menú principal que ofrece el lugar a sus clientes, sin importar que sean las 9 de la mañana y la temperatura no suba del bajo cero. Ni bien abre ya hay clientes y la cocina se llena de humo –literalmente- al mediodía, cuando la clientela copa el lugar.
