Por Daniel Tejada
Canal 13 San Juan
Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEPor Daniel Tejada
Canal 13 San Juan
-“Hola Monseñor”.
-“Hola Martín. Me llamás por lo de los ATN…”
-“Sí Monseñor”.
-“Mirá Martín, si hace falta, y vos creés conveniente, vos tenés la documentación. Salí a respaldar en qué se utilizó ese ATN y cómo se utilizó, para poder defender mi prestigio y mi forma de ser”.
Esta comunicación telefónica sucedió un par de meses antes del fallecimiento de Monseñor Ítalo Severino Di Stéfano, entre el prelado y su contador, el ex diputado provincial Miguel Martín Martín. El jueves 11 de octubre pasado se cumplieron 10 años de la muerte del obispo.
Fue la última vez que ambos mantuvieron un contacto, según recordó Martín Martín en entrevista con Tiempo de San Juan. Di Stéfano estaba lúcido, según recordó el ex legislador. Días antes había estallado un escándalo por el manejo discrecional de los Aportes del Tesoro Nacional (subsidios) que hizo el gobierno de Carlos Saúl Menem en los años ’90. En la lista de beneficiarios, los medios de comunicación nacionales citaron al entonces Arzobispado de San Juan de Cuyo.
La obra del Seminario fue el punto cumbre de la carrera de Di Stéfano en San Juan, marcada por la construcción de templos y colegios parroquiales. “Él tenía contactos en todos los países del mundo y siempre traía valores. Esos valores los guardaba en una cuenta exclusiva del Seminario. Además consiguió apoyo de la feligresía sanjuanina. Consiguió también una donación del gobierno nacional, los famosos ATN, que fueron 1 millón de pesos en cuatro años, repartidos”, explicó Martín Martín.
A eso se sumaron fondos del exterior, de fuentes como la Fundación Advenia, Manos Unidas y otras organizaciones vinculadas o no a la Iglesia Católica, según recordó el contador. “Eran apoyo a obras sociales, de educación, de salud, de formación. Y bueno, la obra del Seminario era una obra social. Monseñor Di Stéfano conseguía el apoyo por medio de cheques y transferencias bancarias. Eso se depositaba y después él, por un control que tenía, lo mandaba a una cuenta en el exterior. Porque usted sabe cómo es el país… Él pudo salvar esos fondos del corralito”, explicó.
Quedaron valores en cuentas en el exterior, aunque Martín Martín no reveló la cifra. Sin embargo, manifestó que hubo superávit al momento del retiro del religioso. Por supuesto, con la paridad cambiaria de los ’90, todo se contaba en dólares. Como los ATN de la polémica, que en definitiva solventaron alrededor del 25% del costo final del Seminario.
“Creo que venía una transferencia cada 3 meses, 100.000 pesos. Se rendía perfectamente en la Jefatura de Gabinete. Yo personalmente he ido a rendir. Ellos transferían 100.000 y se rendían 300.000 o 400.000 pesos. La documentación nos da que la obra del Seminario costó alrededor de 4 millones de pesos”, continuó el contador.
“En la Jefatura de Gabinete estaba Eduardo Bauzá. Funcionaba en el edificio YPF en la Diagonal Roca. Con el nombre de Monseñor Di Stéfano se abrían todas las puertas. No solamente por su reconocimiento sino por su trayectoria pastoral en todo el país”, argumentó el ex legislador.
“Poco tiempo antes de que él falleciera salió una publicación donde se cuestionaron mucho los ATN del gobierno de Menem. Salió también que al obispo de San Juan le dieron 1 millón de pesos en ATN. Y era cierto. Esos ATN fueron un proceso de 4 años y se rindieron como corresponde en la Jefatura de Gabinete”, insistió.
Entonces contó la anécdota de la comunicación telefónica con Monseñor Di Stéfano. El obispo retirado había dejado San Juan a mediados del año 2000 y se había refugiado en Santa Fe, su lugar de origen. Allí alquilaba una casa, según Martín Martín.
En julio de 2002 estalló el escándalo de los ATN. Pero no fue la última vez. Casi cuatro años después de la muerte de Monseñor Di Stéfano, el domingo 15 de mayo de 2006 el diario Página 12 publicó una nota firmada por el periodista Horacio Verbitsky titulada “Benditos sobresueldos”.
La bajada de la nota sintetizó su contenido: “Los obispos de confianza de Menem también cobraron sobresueldos, que obraron milagros. Interior los pagó con Aportes del Tesoro Nacional, concebidos para paliar desequilibrios transitorios de las provincias. José Luis Manzano puso a los obispos en la lista, práctica que continuaron Beliz, Rückauf y Corach, hasta cubrir 29 millones de pesos. Esto fue al margen de los pagos legales de la Cancillería por el culto, de las provincias por los colegios y de otros aportes negros de SIDE y Presidencia”. En la nómina apareció el ex arzobispo de San Juan.
Algo similar había trascendido en 2002. “No fue una sospecha particular sobre Monseñor Di Stéfano, fue algo en general”, advirtió Martín Martín.
Di Stéfano había renunciado al Arzobispado de San Juan por su avanzada edad en el año 2000 y lo había relevado Alfonso Delgado en mayo. Poco tiempo convivieron en la casona de calle Mitre. Un par de meses después, el santafecino regresó a su lugar de origen, con su familia. Nunca perdió el contacto con su contador, a quien le había dejado valiosa documentación respaldatoria de todo lo actuado.
“Por ahí se decía que Monseñor Di Stéfano tenía algún problemita mental. Pero tenía una lucidez tan grande, que cuando uno quería preguntarle algo él ya sabía la respuesta”, recordó el ex legislador.
¿El obispo retirado o su entorno sabían si alguien dudaba de la transparencia con que se manejaron los recursos millonarios durante su gestión? “No, yo creo que no. Creo que en San Juan no hubo absolutamente nada”, respondió Martín Martín. “Con la llegada de Monseñor Delgado, él implementó su sistema de contabilidad, su sistema informático. Completamente distinto al de Monseñor Di Stéfano. Habrá hecho sus controles, pero en absoluto pudo haber cabido ninguna sospecha. En San Juan en lo religioso nunca hubo un constructor de obras y de almas como fue Monseñor Di Stéfano”, justificó.
Sin embargo, Di Stéfano tomó sus recaudos y dejó documentación contable para responder eventualmente a cualquier cuestionamiento que surgiera. Resulta difícil saber si lo hizo porque ya tenía algún indicio de que habría sospechas o solamente por precaución. “Por la confianza que me tenía, me dejó documentación. El mensaje que me dejó fue: ‘Martín, te dejo esta documentación, es mía. Si en algún momento hace falta y hay alguna duda sobre algo, usála porque me voy de San Juan como llegué’. No se llevó un solo peso. Lo único que se llevó fue su ropa y sus libros. De esa forma llegó a Santa Fe. Alquiló una casita y vivió muy pobremente sin ayuda de nadie”, explicó el contador.
Textual
“Monseñor Di Stéfano decía que solamente Dios y San José sabían lo que él necesitaba. Yo no sé de dónde conseguía los recursos. Todo el mundo lo quería y lo apoyaba, porque realmente sabía de su obra en San Juan”.
Miguel Martín Martín
Larga relación
Miguel Martín Martín se convirtió en el contador de Monseñor Ítalo Severino Di Stéfano a principios de los años ’90. “Yo lo conocí por mi hermano, que fue nombrado vicario”, recordó el contador, en referencia al sacerdote Francisco Martín Martín, apodado “Paquito” por la feligresía rawsina.
“Comenzó una relación extrafamiliar. Monseñor Di Stéfano todos los 1 de enero de todos los años la pasaba con mi familia y otras familias de San Juan en una finca de Rawson. La finca era de Don Alós, padre del actual ministro de la Producción, Marcelo Alós”, afirmó el contador.
“Muchas veces iba a mi casa. Y tuve la suerte después de charlar muchas veces con él, de ser su asesor económico y contador del Arzobispado. Oficialmente fue durante los últimos 10 años, pero prácticamente desde que él llegó siempre me consultaba por temas económicos”, agregó.
“Desde el 91 hasta el 2000 tuve una relación directa ayudándolo en la administración del Arzobispado. La contabilidad y la administración la llevaba Monseñor Marchetti más una señora Carrizo”, concluyó.
Tironeos con Cavallo
Monseñor Ítalo Severino Di Stéfano tuvo varios encontronazos públicamente con el entonces ministro de Economía de la Nación, Domingo Felipe Cavallo. Por eso llamó la atención que la Casa Rosada concediera financiamiento a solicitud del obispo para la construcción del Seminario.
“Su relación tirante era porque siempre decía la verdad y creo que independientemente de esa relación sabían en la Casa Rosada que Monseñor Di Stéfano era el presidente de la Pastoral Social y conocía los problemas sociales del país”, explicó Miguel Martín Martín.
“Y recuerde que la obra del Seminario era una obra que tenía una parte pastoral y una parte social”, aseguró.
Con el ministro de Economía del menemismo, Di Stéfano tuvo algunos cruces por el tema deuda externa. “Decía que no se podía pagar la deuda externa con el hambre del pueblo. Tuvo grandes enfrentamientos con Cavallo, cuando en el país ningún peronista de hoy en día lo enfrentaba o lo criticaba”, reprochó Martín Martín.
El constructor
“Más que próspera, fue una gestión inimaginable. En una década del ’90 cuando empezaron todos los problemas, Monseñor Di Stéfano era un constructor. Se construyeron la mayoría de las parroquias. Los colegios parroquiales surgieron todos en esa época. Como finalización, su obra cumbre fue comprar una finca en calle 5 pasando San Miguel y construir ahí el Seminario. En ese momento había como 60 o 70 seminaristas de San Juan en todo el país. El quería formar los pastores aquí, con él”, explicó Miguel Martín Martín.
La obra del Seminario se inició entre los años ’96 y ’97. “Se programó cuánto se iba a gastar por mes. Dos empresas en una UTE ganaron la licitación de la obra. Recuerde que en esa época San Juan estaba muy embromado y no se construía. Es una obra hermosa, hecha con toda la calidad”, explicó.
La dirección técnica de la obra estuvo a cargo del ingeniero Roberto Tello, pero con la supervisión permanente en el terreno de la autoridad eclesiástica.
“Personalmente manejé económicamente la obra del Seminario. Y esos ATN fueron para financiar un 25% de la obra. Se utilizó totalmente. Yo tenía los balances firmados por mí. Por eso salí a defender”, apuntó el contador.
Monseñor Di Stéfano también gestionó proyectos productivos para San Juan. Hizo redes de agua potable en Pocito, en Rawson, en Jáchal. “Conseguía los fondos y los ejecutaba la unión vecinal. Hay documentación. Se conseguía por intermedio de Cáritas. De esa manera trajo proyectos de colmenas y de otro tipo”, afirmó el ex legislador.
La lista ATN para obispos
Según publicó el diario Página 12 en mayo de 2006, entre entre 1991 y 1999, la Nación transfirió la friolera de 30 millones de pesos a un conjunto de obispos, que cita a continuación:
- El salesiano obispo de San Justo, Jorge Arturo Meinvielle, recibió 5.650.000 pesos, y compartió otros 500.000.
- Lo sigue el arzobispo emérito de Mercedes-Luján, Emilio Ogñéñovich, que recibió 4.000.000 en soledad y tuvo que compartir 700.000 pesos con otros obispos.
- El entonces obispo de Añatuya, Antonio Baseotto, cobró 1.525.000 pesos.
- El capuchino obispo de San Luis, Juan Rodolfo Laise, sumó 1.500.000 pesos.
- El arzobispo emérito de Córdoba, cardenal Raúl Francisco Primatesta, embolsó 1.251.100 pesos.
- Como obispo de Avellaneda durante los ’90, el actual arzobispo de Mercedes-Luján, Rubén Héctor Di Monte, cobró 1.210.000 pesos.
- Entre abril de 1997 y febrero de 1998 el obispo emérito de Villa María, Alfredo Guillermo Disandro, cobró 1.200.000 pesos en cuatro cuotas de 300.000.
- El obispo de San Juan, Italo Di Stéfano, recibió 1.100.000 pesos.
- Al de 9 de julio, Martín de Elizalde, le correspondió un millón. En 1994 Caritas de Entre Ríos recibió 900.000 pesos.
- El franciscano ex obispo castrense Norberto Eugenio Martina cobró por primera vez un ATN en 1998, cuando recibió 100.000 pesos. Al año siguiente sin embargo fue el obispo que más dinero recibió del Estado por debajo de la mesa, con 530.000 pesos.
- Al arquidiocesano de Bahía Blanca, Rómulo García, le correspondieron 300.000.
Protagonista durante casi 20 años
Ítalo Severino Di Stéfano nació en Llambi Campbel, provincia de Santa Fe, el 17 de enero de 1923 y murió el 11 de octubre de 2002.
En mayo de 2000 se retiró del Arzobispado de San Juan de Cuyo por su avanzada edad, después de 19 años de permanencia ininterrumpida. Llegó para suceder a Ildefonso María Sansierra y lo relevó Alfonso Delgado.
Antes de irse, dejó inaugurado el Seminario que reemplazó al del año 1944 y tuvo una despedida en el estadio Aldo Cantoni con la presencia de unos 15.000 fieles que dejaron donativos para escuelas de áreas de frontera.
Su ordenación sacerdotal fue el 24 de septiembre de 1946 y llegó a obispo en 1963 en Chaco. Los dos años siguientes participó en la tercera y cuarta sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II.
Tuvo un alto perfil. Entre 1987 y 1991 desempeñó varias funciones en la Pastoral Social del Consejo Episcopal Latinoamericano. Encabezó también la Comisión Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina.
En 1995, durante la época más encumbrada de la gestión menemista, integró el Consejo Económico. Criticó severamente la política neoliberal de aquel entonces. Y en 1996 llegó a mediar entre la CGT y el gobierno nacional, enfrascados en la discusión de la flexibilización laboral.
Según el archivo, al inicio de la gestión de Di Stéfano había 20 parroquias en San Juan y al final llegaron a 44. También se incrementó el número de sacerdotes y de seminaristas. Y se comenzó la construcción del edificio que actualmente ocupa el Arzobispado en calle Mitre.
