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Coaching

Tengo todo y no soy feliz: ¿Qué me pasa?

Las investigaciones dicen que la felicidad depende de tres aspectos: el 50% de esta depende de nuestros genes, el 10% de nuestras circunstancias de vida y el 40% de nuestras actividades diarias. Estos datos nos da un mensaje muy valioso, hay una parte de nuestra felicidad que está dentro de nuestro control.

Por Carlos Fernández

Pero ¿Qué es la felicidad?

La felicidad es un concepto complejo de definir, algunos hablan de la felicidad como el experimentar placer y alegría. Es decir, consideran que las experiencias de disfrute como por ejemplo comer algo que nos gusta o pasar un día en la playa, o con una pareja van a incrementar nuestros niveles de felicidad.

Por otro lado, otras propuestas hablan de la felicidad como el vivir una vida que tenga sentido y con la que estemos satisfechos. Es decir, no se limita a un estado de ánimo positivo momentáneo, sino a hacer cosas que tengan valor para nosotros y nos lleven a construir la vida que queremos tener, así en el momento no se sienta placentero.

También hay una tercera vía que combinan estas visiones. Es decir, consideran que la felicidad es un balance entre el placer momentáneo y la búsqueda de nuestras metas a largo plazo.

Analizadas estas tres opciones muchas personas se preguntan ¿de qué depende mi felicidad?

Para nosotros que a diario tratamos en el consultorio a personas que tienen todo y no son felices le diremos que la felicidad no depende de las cosas que tenemos, sino de lo que somos. La felicidad hay que buscarla en nuestro interior porque por ahí es por donde llegarás a ella. Y es que la felicidad depende de las cosas que NO se ven, de nuestros sentimientos, de nuestras emociones, de nuestro estado de ánimo, de nuestros sueños, de nuestros objetivos, de nuestra conciencia, de la satisfacción personal por lo realizado… en definitiva, la felicidad dependerá de nuestra actitud frente a la vida.

Una vez leí: “Si con todo lo que tienes no eres feliz, con todo lo que te falta tampoco lo serás”

Pero no pienses que todo el mundo de tu alrededor es feliz y que tú eres el únic@ que no encuentra la felicidad, no, sentirse y ser feliz con lo que ya tenemos es complicado de conseguir y además supone en muchos casos todo un reto.

¿Por qué no puedo ser feliz?

Cuando una persona quiere ser feliz y no puede, significa que algo no va bien, es decir, que falta algo en su vida a pesar de que parezca que ya tiene todo lo necesario. Encontrar la razón de este problema es el primer paso para empezar a acabar con el ‘soy infeliz’ y cambiarlo por un ‘estoy feliz’. Entre las razones más comunes, destacan las siguientes.

Falta de sentido.

El ‘no soy feliz con nada’ puede ser una señal de que existe una falta de significado en nuestras vidas. Es decir, el hecho de no tener una meta o un propósito puede hacer que las personas acaben deprimiéndose en su día a día. Por lo tanto, puede ser que el ‘no soy feliz’ sea debido a que necesitas de un ‘por qué’ en tu vida.

Personalidad pesimista

Si lo ves todo de color negro es normal que no consigas ser feliz a pesar de que tengas todo lo que deseas. A veces, nuestros pensamientos intrusivos no nos permiten ver la realidad que nos rodea. Para intentar cambiar esta clase de actitud ante la vida, es importante que te cuestiones las ideas que surgen en tu mente.

Falta de conexión social

El aumento de los perfiles en las redes sociales y del uso del internet ha hecho que las personas acaben sustituyendo sus relaciones presenciales por este tipo de conexiones. En estos casos, es normal que se sienta que hay una tendencia a no ser feliz, debido a que existe una falta en nuestras conexiones sociales reales.

Problemas en nuestra salud mental o física

A veces la razón por la que frases como ‘lo tengo todo y no soy feliz’ te define es precisamente una señal de que existe un problema tanto en tu salud mental o física. Si tienes sospechas de ello, no debes esperar más para acudir a un profesional de la salud.

Alto nivel de estrés

El tipo de vida que mucha gente suele llevar sobrecargándose en sus obligaciones familiares, en su trabajo, en una relación,……. supone un alto estado de estrés. Aunque la acumulación de esta situación en el tiempo puede generarnos consecuencias, tanto físicas con dolor o enfermedad, como mentales, afectando a nuestro ánimo y motivación, no solemos ser conscientes de vivir bajo un estado de estrés crónico, lo que nos perjudica en nuestra capacidad de conectar con aquellas personas con las que compartimos nuestra vida generándonos infelicidad.

Las expectativas

Nuestra educación y cultura fomenta un tipo de vida preestablecido que solemos imitar como síntoma de bienestar, y aquí se nos plantean dos situaciones.

El no poder alcanzarlos y no cumplir los mandatos provoca infelicidad, pero para algunas personas una vez alcanzada la “estandarización” de vida: buen trabajo, familia, casa, etc., y pasado un tiempo de su normalización y amesetamiento puede que no satisfaga sus necesidades porque al haberlo conseguido “todo”, ya no supone retos y tienden a dejar de disfrutarlo.

La falta de atención

Nuestra vida suele funcionar en piloto automático, y tan sólo solemos situarnos en nuestra mente pensante, con una tendencia enorme a llevarnos por delante de las cosas. Lo más curioso es cuando miramos hacia atrás: ¿de qué nos acordamos de todo lo que hacemos? ...De poca cosa, sobre todo, de aquellas que conllevan emociones desagradables: problemas, discusiones, frustraciones,... Por tanto, si ponemos un poco más de atención en lo que somos, más de en lo que hacemos, podremos sacarle mucho más partido a nuestro día, dejando en nuestra memoria mayor presencia, y por tanto, mayor esperanza de vida consciente.

El hedonismo

Nuestra sociedad prima la adquisición de una calidad de vida basada en el consumo, el "cortoplacismo", la novedad, la inmediatez. Todo lo que nos conlleva un esfuerzo, ya no represente una prioridad, y si perdemos la capacidad de esfuerzo, tiende a ser complicado alcanzar una motivación, que conlleve satisfacciones. Si todo lo basamos en satisfacer necesidades superficiales, podemos llegar a languidecer en los niveles de autorrealización que han de ser inherentes al desarrollo de la persona.

La falta de descanso

Al vivir de forma tan urgente, es difícil poder encontrar hueco en nuestra agenda, ya que vivimos “optimizando” al máximo nuestro tiempo. De esta forma, podemos llegar a prescindir de periodos de descanso y desconexión, más allá del sueño, que impidan el equilibrio emocional y por ende genere infelicidad.

La falta de autoestima

La manera en la que nos hablamos a nosotros mismos, puede ser demasiado dura, sobre todo en momentos difíciles en los que lo estamos pasando mal. Como parte de nuestra autoestima, necesitamos aprender a comprendernos en nuestras dificultades y precisamente, en aquellos momentos en que peor lo pasamos, necesitamos empatizar con nuestro sufrimiento y tratarnos mejor. Si no nos ofrecemos una postura amable ante nuestras dificultades, la sensación interna puede ser la de tener "el enemigo en casa", saboteándonos nuestro estado de felicidad.

Carencia de valores

Solemos basar nuestra vida en la consecución de metas, pero una vez alcanzadas aquellas que son más reconocidas socialmente como necesarias, podemos percibir una desmoralizadora visión de vida. Necesitamos superar la propuesta exclusiva de metas y fundamentar nuestro bienestar en la persecución de valores, ya que si conseguimos mantener viva la llama de nuestro motor, podremos alcanzar altos grados de satisfacción profunda.

Si estas en momento de tu vida donde tienes todo y no eres feliz es hora de hacer cambios urgentes, por eso te proponemos un listado con pequeñas cositas que si las ponemos en práctica en tu día a día, se traducirán en acciones para vivir más feliz:

  • Inicia una terapia de Coaching o psicológica para encontrar un propósito a tu vida.
  • Mantén contacto con la naturaleza.
  • Cuida tu cuerpo haciendo algo de ejercicio, prueba con el deporte que más te guste y el que menos pereza te provoque: pasear, correr, nadar, bicicleta...
  • Realiza una buena acción hacia alguien.
  • Evita la soledad, rodéate de gente y fomenta tus relaciones sociales. ¿Qué tal una quedada al mes con el grupo de amig@s de siempre? No seas perezas@ y encárgate tú de organizarlo.
  • Duerme mejor, esfuérzate por estabilizar tu rutina del sueño y es que dormir bien y un mínimo de 8 horas es fundamental para afrontar el nuevo día con más energía y menos cansado.
  • Proponte alguna meta a corto plazo realista y sencilla de alcanzar.
  • Practica la gratitud. Da “gracias” más a menudo, por todo lo que te rodea.

Qué dices, ¿le das una oportunidad a la felicidad?

Escrito por: Carlos Fernández

Coach de Empresas y psicólogo

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