En un movimiento que ha sacudido los cimientos financieros de la capital, el Departamento de Defensa de Estados Unidos ha solicitado formalmente al Congreso una partida adicional de 200.000 millones de dólares para sostener la guerra contra Irán. Esta cifra, calificada como "descomunal", representa casi el 25% del presupuesto anual de Defensa y supera el total de la ayuda autorizada para Ucrania desde el inicio de la invasión rusa en 2022.
"Dinero para matar a los malos"
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, justificó la petición ante el Pentágono con una retórica directa: "Hace falta dinero para matar a los malos". Hegseth explicó que los fondos son necesarios para reponer municiones y suministros que se han agotado, en parte debido al apoyo previo brindado a otros países, y para asegurar el financiamiento de operaciones futuras.
Por su parte, el presidente Donald Trump ha minimizado el impacto del gasto, calificándolo como un "pequeño precio a pagar" para mantener a Estados Unidos en la cima del poder militar mundial. A pesar de que Trump asegura que la denominada "Operación Furia Épica" terminará pronto y que el régimen iraní "ya no tiene líder", la magnitud de la solicitud sugiere a legisladores y senadores una campaña de mucha mayor duración e implicación de la prevista inicialmente.
Un costo diario monumental
La guerra está resultando extraordinariamente costosa. Según cálculos del Pentágono enviados al Congreso, solo la primera semana de conflicto supuso un gasto de 11.300 millones de dólares, y los análisis actuales apuntan a que el costo directo supera ya los 1.000 millones de dólares diarios. Para poner la cifra en perspectiva, Estados Unidos gastó cerca de 815.000 millones de dólares en costos directos durante los 13 años de la guerra en Irak; la petición actual de 200.000 millones llega tras menos de un mes de bombardeos.
Este gasto masivo se suma al presupuesto anual del Departamento de Defensa de 838.000 millones de dólares aprobado en enero, lo que eleva el gasto militar a niveles históricos.
Impacto económico y batalla política
La solicitud de fondos llega en un momento de incertidumbre económica. La Reserva Federal decidió recientemente mantener las tasas de interés estables debido al aumento en los precios del petróleo y la amenaza inflacionaria derivada del conflicto. Aunque Trump afirmó que la economía estaba en condiciones "inmejorables" antes de la incursión y que el aumento del crudo no ha sido "tan malo" como esperaba, la disrupción en los mercados energéticos es profunda.
En el Congreso, la oposición demócrata ha criticado duramente la prioridad del gasto. Han señalado que los 200.000 millones de dólares contrastan drásticamente con otras necesidades nacionales:
- Subsidios de salud: Una extensión de un año costaría 35.000 millones de dólares.
- Ayuda alimentaria: El gobierno gastó 100.000 millones el año pasado para familias de bajos ingresos.
- Recortes del DOGE: El ahorro total por los recortes del Departamento de Eficiencia Gubernamental fue de 175.000 millones, cifra inferior a lo solicitado para esta nueva fase de la guerra.
Escalada en el terreno
La urgencia de los fondos también se ve impulsada por incidentes recientes en el frente de batalla. Un caza F-35 estadounidense tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia tras ser alcanzado por fuego iraní durante una misión de combate. Paralelamente, la tensión regional aumenta tras ataques israelíes a yacimientos de gas iraníes y represalias contra refinerías en Israel. El primer ministro Benjamin Netanyahu incluso ha sugerido la posibilidad de un componente terrestre para derrocar al régimen iraní, lo que elevaría aún más los costos humanos y financieros.
A pesar de la controversia y la baja aprobación pública de la guerra según las encuestas, se espera que los republicanos cuenten con los votos suficientes para aprobar la financiación, aunque esto podría acarrear un alto precio político ante las próximas elecciones de medio término en noviembre.