Pedro y Nidia, sesenta y cuatro años de amor, una historia "bien sanjuanina"
En Caucete se han ganado el mote de “pareja feliz”. Se los ve en la calle o en la plaza a diario caminando de la mano. Confiesan que se aman como el primer día, o quizá más porque no conocen otro modo de vida que no sea compartida. ¡Hoy celebran San Valentín con una salida!
Para Nidia Correa y Pedro Ríos, el Día de los Enamorados es cada día de los 63 años que llevan juntos desde que se casaron un 26 de julio por civil y el 27 por la iglesia en una capilla de madera en Caucete, más otro de novios. Confiesan que siguen tan enamorados como aquella tarde que él fue a pedir la mano de Nidia y tuvo que volver a buscar a sus padres para que le dieran el consentimiento para visitarla los domingos por la tarde. Parece de película pero los hechos corroboran la realidad. Se los puede ver muy seguido por la Plaza Independencia caminando tomados del brazo o de la mano, o viajando por el país juntos. ¿El secreto? No levantarse la voz, sentarse a charlar los problemas y establecer las reglas, todo eso basado en el respeto mutuo. Ambos tienen 87 años, aunque ella aclara que “Pedro cumple 88 el mes próximo”, tienen 3 hijos, 16 nietos y 9 bisnietos.
Las visitas de novio sucedían sólo los domingos por la tarde y si salían a dar una vuelta o tomaban asiento para charlar estaban presentes los padres, abuelitos y hasta los vecinos para no perderlos de vista. Así eran las cosas. Nada de teléfonos ni elementos que les facilitaran la comunicación. Era esperar para verse y amarse a pura charla e interés. Quizá por eso no esperaron demasiado para casarse. Fue justo al año y dos meses cuando decidieron vivir juntos para siempre, y no fue una forma de decir.
AMORDOS
Encarparon una parte de la finca como se acostumbraba en ese momento, prepararon lechones, empanadas y gallinas de la casa y la fiesta no paró. Habían decidido unirse de por vida y lo lograron. Tuvieron dos varones –Rodolfo Rocier (61) y Daniel (60)-, con un año de diferencia y hasta ahí llegarían. No querían que sus hijos pasaran necesidades o estuvieran descuidados, pero a los 5 años llegó la nena: Cecilia.
Nidia había trabajado en la ciudad en la casa de la familia Marún por la calle 25 de Mayor, luego decidió dedicarse a la suya aunque realizó algunas otras tareas laborales fuera del hogar. Pedro trabajó unos años de su juventud en una bodega caucetera, pero pronto se abocaría a la albañilería. Pasaron vicisitudes, como todo el mundo, y jamás bajaron los brazos. Incluso perdieron su casa para el terremoto del 77, y luego les entregaron una vivienda en el Barrio Area Uno donde permanecen. “Siempre he sido de la idea de no quejarme, si uno no tiene carne para preparar, habrá verduras, arroz o fideos, la cuestión es resolver y no pensar en lo que falta”, asegura Nidia con una audición perfecta igual que su salud en general.
En realidad, ninguno de los dos padece enfermedades como hipertensión u otras que podrían decirse típicas de la edad. Pedro solamente usa audífonos y tiene un “problemita”, en uno de sus ojos. Nidia está perfecta aunque no olvida mencionar que “a veces le molesta un poquito la columna”. Salta a las claras que es así porque caminan a diario (siempre del brazo), visitan y son visitados para charlar. “Somos muy callejeros, no paramos. Nos gusta salir, hablar con la gente y viajar con una agencia de confianza que tenemos desde hace tiempo. Acá en Caucete nos dicen la pareja feliz”, aseguran.
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Han viajado cinco veces a las Cataratas del Iguazú, conocen Paraguay, Brasil, Corrientes, el Norte Argentino, entre otros. Eso los mantiene activos y curiosos. Tanto que su hija Cecilia recuerda -entre risas- que en pandemia “era imposible mantenerlos quietos. Se iban a caminar a la diagonal o a comprar alimentos con barbijo y alcohol en gel. A mi me avisaban los vecinos. No tenían miedo”. Otra anécdota de las miles que atesoran es que un fin de semana no los encontraban, hasta que contestaron el celular desde Pismanta donde se habían ido a pasear por un par de días.
Todos los recuerdos presentes
“Mi familia y yo vivíamos en una finca y los padres de Pedro tenían una propiedad. Nos conocíamos pero nunca habíamos hablado, después de grandes empezamos a vernos y así surgió la relación. Al año y dos meses nos casó el Padre Fernández en una iglesia que era de madera por ese entonces. Luego nos compramos un lote, siempre en Caucete, frente al actual Hospital, y ayudé a mi marido a levantar la casa que arruinó el terremoto del 77. Hubo que volver a empezar pero le digo la verdad, no lo he sentido como una carga. Soy una persona que no le gusta quejarse, prefiero arreglármelas con lo que hay y disfrutar”, recuerda Nidia.
No saben de soledad. Es que Daniel y Ceci viven en el mismo departamento, al igual que gran parte de los nietos que los visitan a diario, excepto los que están en Comodoro Rivadavia donde está radicado Rocier y su familia. Cecilia se ganó el apodo de “viento Zonda" porque , dice Nidia muy sonriente, que "se sabe que en cualquier momento llega”.
Otra de las claves de una sana permanencia juntos fue el compañerismo. Cuando han tenido un problema se han sentado a conversar. “Cada uno decía lo que no le gustaba, o le molestaba y encontrábamos una solución. Sigamos por acá, por este camino, decíamos. Sin malas palabras ni agresiones. De hecho yo me enamoré porque él siempre fue respetuoso”, agrega.
Viven los dos solos, no necesitan ayuda de terceros, salvo para algunas ocasiones, como por ejemplo una señora que cada tanto colabora con Nidia a limpiar las partes altas de la casa porque es lo único que no puede hacer.
Esta pareja cuenta con orgullo su idilio, y lo refrendan sus hijos y nietos, incluso gente de la zona. Nancy Pastén, por ejemplo dice: “la conozco a Nidia de los 90, trabajábamos en la misma cuadra y luego me hice amiga de su hija Cecilia y conocí a estos dos seres tan especiales. Una pareja tan linda que ya no existe un modelo así. Se los ve juntos en la calle de la mano, hermosos. Me gusta porque él baila folclore y cuando lo hace jamás Nidia le hizo un problema porque siempre estuvo segura del hombre que tiene a su lado. Son un ejemplo de amor y confianza”.
Juegan un rol tan importante para sus nietos, que uno de ellos, Federico, los eligió para que llevaran los anillos en la ceremonia religiosa de su casamiento. "Son mis referentes", afirma Fede.
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Nidia y Pedro con una parte de la familia.
Los detalles cotidianos
Nidia toma té y Pedro mate, así es que ella se levanta prepara la mesita para compartir el desayuno juntos. Cocina para el mediodía con la tranquilidad que su marido acepta lo que ella decida preparar. “Si hago un huevo frito él está contento, es muy tranquilo”, insiste.
Si de gastronomía se trata, las empanadas son las favoritas de hijos y nietos, al punto que uno de ellos reclama cuando advierte que la masa fue comprada. Imposible engañarlos.
Desbordan vida y simpatía, quizá esa sea el reflejo de su amor eterno. Nunca estuvieron separados y confiesa que jamás alguno de los dos amenzó con irse o preparó los bolsos. No hizo falta.
Se emocionan cuando recuerdan su propia historia y la felicidad de tener una familia que creció tanto. "Nos amamos y seguimos siendo felices", dicen. De hecho, hasta ayer (momento de la nota), ya pensaban a que lugar irían a caminar por el Día de los Enamorados.