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Historia

"Pancho" es sanjuanino, tiene Síndrome de Down y deja su mensaje en primera persona: "Soy lo que soy y soy feliz"

Apasionado por la actividad física, sueña con tener algún día su propio gimnasio. Francisco Jesús González, de 17 años, relata aspectos de su vida, la inclusión y el proceso que debió afrontar hasta ser una persona independiente y segura de sí misma.

Por Cecilia Corradetti

Francisco Jesús González, “Pancho”, llegó al mundo el 21 de febrero de 2007. Horas después de nacer, sus padres, que tienen otros cuatro hijos, supieron su diagnóstico. Comenzó, así, un largo camino de consultas, aprendizajes, terapias, alegrías y también de algunas vivencias dolorosas.

Sin embargo, Sergio y Mariela, sus papás, aseguran que todo el esfuerzo valió la pena “una y mil veces”. Pancho es su gran orgullo y, aunque la inclusión en el amplio sentido no fue fácil, finalmente triunfó.

“Las cosas de la vida: mi hermana, María Celeste González, tía de Pancho, tiene Síndrome de Down. Tal vez por eso con mi esposa tuvimos la ventaja de saber de qué se trataba”, aclara el papá, en diálogo con Tiempo de San Juan.

Pancho y Celeste, su tía, con quien comparte el síndrome de Down.jpg
Pancho y Celeste, su tía, con quien comparte el síndrome de Down

Pancho y Celeste, su tía, con quien comparte el síndrome de Down

Pero ¿Qué es el Síndrome de Down?

Se trata de un trastorno genético ocasionado cuando una división celular anormal produce material genético adicional del cromosoma 21. Se caracteriza por una apariencia física típica, discapacidad intelectual y retrasos en el desarrollo. Además, puede estar asociado con enfermedades cardíacas o de la glándula tiroides.

Según el Registro Nacional de Anomalías Congénitas (RENAC), nacen cada año en la Argentina unos 1.200 niños con síndrome de Down, que surge a partir de una prevalencia de 17,26 por cada 10.000 nacimientos, lo que representaría que Pancho se encuentra en una población aproximada de 70 mil individuos en todo el territorio nacional.

Con ayuda de sus padres, “Pancho” contó los principales momentos de su vida, los cambios de colegios que debió atravesar por falta de experiencia de algunos de ellos; el apoyo constante de sus acompañantes y el amor de una familia que lo cobijó desde siempre con incondicionalidad.

También es consciente de su condición y lo toma con naturalidad. “Cuando nací mis hermanos notaron algo raro”, confesó. Recordó, además, los peregrinajes por algunas escuelas y las difíciles experiencias en algunas donde no supieron contenerlo. Habló del apoyo familiar y de la pasión de su vida, el deporte. “Sueño con tener un gimnasio”, dijo, aunque en cierto modo ya lo tiene en su propio domicilio.

Así se presenta “Pancho”, pura simpatía, puro amor. Y también deja su esperanzador mensaje:

“Mi nombre es Francisco González, tengo 17 años y soy el cuarto hijo de cinco hermanos, nací el 21 de febrero del año 2007 por parto normal. Mi papá estaba allí en la sala de partos y todo fue muy emocionante.

Cuando mis hermanitos entraron a conocerme hablaban con mamá sobre mis manitos y lo raro de mis rasgos. Después de unas horas de nacido me llevaron de urgencia a Neonatología debido a que mi sangre se espesaba y podía sufrir una trombosis.

Al día siguiente los doctores hablaron con mis padres y les comentaron que era un bebé especial, que necesitaría mucho amor y cariño. Ellos, sin comprender a qué se referían preguntaron por qué, ya que todos los bebés, en realidad, necesitan eso. Pero el doctor les explicó que tenía rasgos de un bebé con Síndrome de Down y que debía realizarme un análisis genético para la confirmarlo.

Continúe internado durante cinco días mejorando de a poco y me dieron de alta, mis padres estaban muy contentos, pero seguían sin tener la confirmación de los doctores sobre mi síndrome y esto los intrigaba. Estuvimos en casa durante tres días y mi peso seguía igual, estaba deshidratado así que me ingresaron otra vez al sanatorio durante otros 15 días eternos. No fue fácil ir de médico en médico, pero descubrimos así que era alérgico a la leche de vaca.

Comencé con estimulación temprana a mis dos meses de vida en el centro terapéutico “Aleluya” y cuando cumplí un año y medio ya sabía caminar, entonces me incluyeron en un jardín maternal acompañado por el mismo centro. A los dos años me hicieron el estudio de celiaquía, los resultados fueron positivos y comenzamos con un nuevo desafío, nuevas dietas, y mi peso comenzó a subir… y mi cuerpito a crecer.

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Francisco y un chapuzón en el mar, lo que más ama en el mundo

Francisco y un chapuzón en el mar, lo que más ama en el mundo

Fui a ese jardín maternal hasta sala de tres y sala de cuatro en una escuela estatal con el acompañamiento de Aleluya, aunque luego por razones internas entre la obra social (Camioneros) tuvimos que buscar otra institución terapéutica. Después de un tiempo volví a “Aleluya” y nos cambiamos nuevamente de escuela a una más cercana a casa, donde realice 2º, 3º y 4º grado, escuela a la que estoy sumamente agradecido ya que siempre pudieron contenerme y cuidarme tanto mis compañeros como mis maestros y hasta los porteros.

Al siguiente año viví otro cambio más, fui trasladado a la escuela Juan Mantovani, en Albardón, comenzaba quinto grado y las expectativas de mi inclusión eran buenas, volvimos a tener problemas con la obra social y, por consiguiente, tuvimos que buscar de manera particular un gabinete terapéutico y así poder seguir escolarizado. Me recibieron en una institución donde había que estar insistiendo en que mi seguimiento se realizara de manera adecuada; me prometían y no cumplían. Mis procesos tanto escolares, deportivos y actividades recreativas son siempre una lucha para ser incluido y hacer respetar mis derechos y el de todos los chicos que, como yo, tienen Síndrome de Down. En ese momento surgió una pandemia mundial que complico un poco bastante las cosas, pudimos continuar y por fin finalicé la primaria.

Pero surgió otro nuevo desafío tanto para mí como para mis padres, comenzar la secundaria y recibir la inclusión que necesitaba. Todo estaba revuelto, la inestabilidad social y escolar después de la pandemia y también la salud de mi mamá. Tuvimos que cambiar de institución nuevamente.

Fui inscripto en una escuela de educación especial, Casita Amarilla, así se llama mi escuela, este es el 3º año que asisto y estoy muy contento, me costó un poco acostumbrarme a la rutina ya que es jornada completa. Pero hoy me encanta asistir y luego de cada fin de semana espero con ansias los días lunes para ver a mis seños y compañeros.

Me encantan las actividades deportivas y recreativas al aire libre, hice varios deportes (fútbol, paddle, rugby y hockey sobre césped) que, por cuestiones de tiempos, profesores que no sabían cómo tratarme y otros inconvenientes no pude continuar.

Desde chico amo la patineta y la bicicleta y mi sueño es, algún día, andar en motocross. También me gustaría ser profesor de gimnasia, como mi profe Leo, en muchas ocasiones organizo a mis amigos y les explico cómo hacer ejercicios.

Mis papás siempre notaron que me encantaba la idea de asistir a gimnasios y tener músculos, siempre que pasábamos por la puerta de uno entraba y “chusmeaba”, hasta hablaba con los profesores para comenzar una clase. Entonces de a poquito compramos pesas y montamos mi pequeño gimnasio en mi habitación. Es un lugar donde descargo mis energías y paso mucho tiempo, veo videos en Youtube todo el tiempo y me permite crear mis propias rutinas y así pude lograr solito tonificar mi cuerpo.

Actualmente mis papás están en búsqueda de algún gimnasio en el que asista y realice este deporte de manera más profesional.

Realizo hace dos años en paralelo dos deportes: natación y hockey sobre patines. En el club Olimpia nos brindaron un hermoso espacio que se llama “Hockey para todos”, donde tengo grandes profesores y un equipo que con gran esfuerzo y dedicación sacan lo mejor de nosotros.

Practiqué natación desde muy chico, mis papás lograron que asista de manera privada y con mucho esfuerzo lo realizaba como método terapéutico. Debido a que en muchas ocasiones la situación económica de mis padres era complicada no pude continuar. Siempre me encantó el agua. Años después tuvimos otra oportunidad, mediante la Secretaría de Deportes, en deporte adaptado, junto con compañeros que me acompañaron en distintas instituciones desde mi infancia.

Junto a sus compañeros de natación.jpg

Hace dos años hubo un torneo nacional en la provincia de La Rioja y, junto a cuatro compañeros, quedamos seleccionados para participar, fue una experiencia que a mí me encantó ya que nos sentimos realmente dentro de una importante competencia.

Soy un adolescente y siempre fue muy independiente, hago amigos con facilidad y me gusta charlar, siempre que juego con mis amigos al fútbol me ponen en el arco, mi mascota es un perro incondicional, Simón, con quien juego, y hago ejercicio. Me encanta hacer mis propias capas y muñequeras con telas que encuentro por ahí y le hago también a Simón.

En casa cuando estoy contento y entusiasmado colaboro con los quehaceres, cocino, lavo platos, sé hacer de todo. Mi madre tiene un kiosco y muchas veces ayudo. Soy lo que soy y soy feliz”.

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