La comunidad educativa de San Juan atraviesa semanas de incertidumbre y preocupación ante la proliferación de mensajes intimidatorios que alertan sobre posibles episodios de violencia armada en las escuelas. Este fenómeno se da en un escenario de tensión que afecta a diversas provincias del país. En este marco, una reciente consulta realizada por Tiempo de San Juan entre sus lectores arroja luz sobre cuáles son los temores predominantes en la sociedad sanjuanina frente a estas situaciones de zozobra.
Los resultados de la encuesta indican que la mayor inquietud de los sanjuaninos no es, sorprendentemente, la concreción del acto violento en sí, sino el daño que estos episodios provocan en la salud mental de los estudiantes. El 38,6% de los participantes, representado por casi 3.000 votos, señaló que su principal temor es el impacto emocional, manifestado en ansiedad y miedo, que sufren los chicos ante las constantes amenazas. Muy de cerca se ubica el miedo a que alguna de estas advertencias resulte real y se produzca una tragedia, opción que cosechó el 34,3% de las voluntades. Finalmente, un 27,2% de los consultados manifestó su preocupación por la pérdida de días de clases que estos protocolos de seguridad conllevan.
En San Juan la ola de amenazas de tiroteos afectaron a al menos 27 instituciones educativas en los últimos días. Las autoridades activaron protocolos de seguridad, incluyendo patrullajes policiales, y confirmaron que los mensajes intimidatorios en paredes y baños buscan generar temor. El Ministerio de Educación activó protocolos de seguridad y diálogo con la Policía.
Este panorama provincial se desarrolla en un contexto nacional complejo. Durante abril, Argentina registró una ola de amenazas que afectó a decenas de instituciones en Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Salta, entre otras. Las investigaciones judiciales y de seguridad atribuyen el aumento de estos episodios principalmente a un "efecto contagio" potenciado por las redes sociales. Se ha detectado que una gran parte de los mensajes, ya sean escritos en baños, paredes o difundidos digitalmente, responden a desafíos virales de plataformas como TikTok, utilizando frases recurrentes como "no vengan mañana". La sensibilidad social se encuentra particularmente agudizada tras un trágico tiroteo real ocurrido el 30 de marzo en San Cristóbal, Santa Fe, donde un alumno mató a otro, lo que eliminó cualquier matiz de "juego" que estas amenazas pudieran haber tenido en el pasado.
Ante esta escalada, las autoridades endurecieron las respuestas legales y económicas. Las conductas son encuadradas bajo la figura de intimidación pública, la cual puede acarrear penas de entre 2 y 6 años de prisión según el Código Penal. Asimismo, en provincias como Córdoba y Santa Fe, se ha avanzado en el cobro de los operativos de seguridad a los padres o tutores de los menores responsables, con multas e intimaciones que han superado los 6 millones de pesos para resarcir el despliegue policial y de emergencia generado por las falsas alarmas. Solo en la Provincia de Buenos Aires se registraron más de 1.000 denuncias en las últimas semanas, mientras que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la cifra superó las 400, lo que da cuenta de la magnitud del problema a escala nacional.
“Debemos aprender a decodificar los silencios de los adolescentes”
La psicóloga sanjuanina infanto-juvenil Mabel Clavijo analizó, en diálogo con TIEMPO DE SAN JUAN, este fenómeno desde una perspectiva que trasciende el hecho policial. Según la profesional, este tema convoca a la sociedad a pensar en una realidad que hasta hace poco se imaginaba como ajena a la idiosincrasia y a los padecimientos locales, pero que hoy obliga a plantear los efectos de la globalización y de las redes sociales en las respuestas de los adolescentes.
Clavijo observa que a través de este sondeo "es posible visualizar todos los miedos en sus distintos niveles el miedo que se efectice, su impacto emocional, la ansiedad o miedo que genera en los adolescentes y, por qué no, la perdida de días de clases". Y sobre la lectura que deben hacer los adultos, considera que " no sólo debemos hablar sobre los 'efectos de los tiroteos' sino sobre los orígenes".
En su visión, los niños y adolescentes están expuestos a ansiedades, miedos y soledades que muchas veces encuentran compañía en seres lejanos a través de las pantallas, donde hallan modelos de respuestas a sus inquietudes.
Clavijo propone que el foco para los padres, los docentes y el propio Estado debería ser mirar, escuchar y aprender a decodificar los silencios, los encierros y las rebeldías de los adolescentes. Para la profesional, la clave reside en orientar a los chicos hacia horizontes, ideales y propuestas donde puedan encontrar espacios de reconocimiento y realización que resulten más saludables para su desarrollo emocional.