Lugares abandonados: los vagones en San Martín, de las bodegas al "cementerio"
Los viejos trenes usados por las bodegas sanjuaninas quedaron abandonados hace más de dos décadas, y hoy forman un “cementerio” oxidado junto a la vieja estación Angaco Sud. Fotos y video: Leandro Porcel.
Los vagones en la Estación Angaco Sud, desde arriba. Foto: Leandro Porcel.
A metros de la esquina de calles Avellaneda y Colón, en un rincón de San Martín donde el viento todavía arrastra el olor tenue de la vid, se levanta un paisaje detenido entre la memoria y el abandono. Allí, entre rieles quietos y pastizales que avanzan sin permiso, los viejos vagones del ferrocarril aparecen oxidados, vencidos, convertidos casi en esculturas involuntarias del paso del tiempo. El drone de Tiempo sobrevoló la zona y reveló desde el aire la magnitud de este escenario que muchos ya conocen como el cementerio de trenes bodegueros.
Hubo un tiempo en que este lugar latía con otro ritmo. La estación Angaco Sud -nombre por el que se la conoció originalmente- era un punto clave de conexión para la producción del Este sanjuanino. Por sus vías pasaba el ferrocarril San Martín, uniendo las bodegas de la zona con distintos destinos comerciales, mientras el servicio de pasajeros acompañaba la vida cotidiana del departamento. Ese movimiento se sostuvo hasta los años ’90, cuando el tren dejó de transportar personas y las tareas quedaron abocadas casi por completo a la carga.
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Pero la historia cambió su velocidad. Según relatan vecinos, hace más de veinte años que los vagones quedaron abandonados a un costado de la vía, expuestos al sol, al polvo y al inevitable deterioro. Entre los pastizales, se los ve cubiertos de óxido, con algunas escrituras aún visibles como un eco del pasado. A pocos metros se encuentra la estación, que durante bastante tiempo estuvo habitada por familias que ocuparon sus espacios deteriorados, sumando otra capa de vida -y olvido- a este rincón ferroviario.
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Hoy, el presente convive con los restos del ayer. Los vagones reposan inmóviles, tensos entre el silencio y la intemperie, como si se resistieran a desaparecer del todo. El predio habita una pausa extraña: ni recuperado ni completamente olvidado, apenas custodiado por la maleza que crece sin freno y por el viento que atraviesa los viejos rieles.
En medio de la quietud del Este sanjuanino, estos trenes abandonados permanecen como un recordatorio silencioso. Son los restos de una época en la que el ferrocarril era motor, camino y promesa. Hoy, transformados en un cementerio de hierro y memoria, siguen contando una historia que San Martín no termina de soltar.