Quién es "Gregorio26270", el vendedor ambulante sanjuanino que pasó de la obra y la calle a ser furor en TikTok
Se llama Rubén Flores, tiene 34 años, vende medias y toallones y alguna vez fue albañil, trapito y cosechador. Hoy es uno de los personajes virales más queridos de las redes, donde mezcla humor y baile mientras intenta “sumar unos mangos” para salir de las deudas y darle una vida mejor a sus hijos.
En cada video aparece igual: sonrisa amplia, un paso de cuarteto que ya es marca registrada, la cámara apuntando a lo cotidiano de los barrios y un mote que lo bautizó para siempre: “Gregorio2627”. Rubén Flores -aunque casi nadie le diga así- se convirtió en uno de los personajes más virales de TikTok en San Juan. Y lo hizo sin producción, sin tener conocimiento de tecnología y marketing, solo con su carisma de siempre.
Su historia no empezó en las redes. Empezó en la calle. Antes de viralizarse, fue albañil, trapito y hasta se la rebuscó por largas temporadas en la cosecha, siguiendo el ejemplo de sus padres, ambos oriundos de la Villa Carolina. Hoy, su oficio sigue siendo el de vendedor ambulante: recorre los barrios y villas más populosas de Capital, Rawson y Chimbas, donde ofrece medias, soquetes y toallones desde temprano, después de dejar a sus hijos en la escuela. “Yo vendo todo eso en la calle. Salgo a la mañana, laburo como siempre. Es cierto que ahora también tengo mucha demanda con el TikTok. La gente me quiere conocer, y eso es hermoso”, cuenta.
El salto a las redes fue casi un accidente. Todo empezó cuando su pareja abrió una cuenta y él, entre risas, quiso imitarla. “Al principio ni mostraba la cara, pero un día dije ‘Gregorio2627’ y quedó. De repente todos empezaron a llamarme así”, recuerda. Claro que la pregunta del millón es por qué ese nombre. “Gregorio no es invento mío: es de un dios de Grecia, imponente, de rey”, explica. Y el número que lo acompaña, 2627, tiene sello familiar: era el preferido de su abuelo para jugar a la Quiniela. Así nació una identidad digital que combina lo afectivo y lo espontáneo.
La calle prácticamente lo adoptó. Lo saludan, le piden fotos y hay quienes le acercan algo para agradecerle la buena onda. “A veces me regalan un lomo, ¿me entendés? Entonces yo les regalo un video. Yo digo: lo hacen los famosos, ¿por qué no lo voy a hacer yo también?”, se ríe.
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Fanático de la Mona Jiménez, de Rodrigo y de Walter Olmos, Gregorio acompaña cada video con un bailecito distinto. Para él, es parte de lo que lo conecta con la gente. Y la gente, a su vez, lo devuelve en cariño. “Lo que estoy viviendo es hermoso. Me piden fotos, me abrazan… me hace muy feliz. Me encanta cuando me dicen ‘sacate otra’. Lo hago con alegría".
Pero detrás del personaje hay una historia más profunda. Rubén la cuenta sin vueltas: “Yo tuve un percance. Me robaron mucha plata porque yo vendo medias y toallones. A causa de eso quedé endeudado, y me costó un montón. Todavía tengo deudas. Yo siempre le digo a la gente que me tenga paciencia, que me estoy esmerando para pagar todo. Me propuse que a fin de año no debo un peso. Soy humano, tengo hijos… ¿cómo no voy a deber yo, si hasta Marcelo Tinelli debe?”, dice.
La viralidad, cuenta, a veces le juega en contra. “Hoy, al ser viral, te tienen menos paciencia. Lo primero que te dicen es: ‘te voy a escrachar por todos lados, págame’. Y es feo. Pero yo no he bloqueado a nadie, sigo con el mismo número hace tres años. Mis estados los ve todo el mundo. No he borrado nada. Sigo acá, en la calle, con la frente en alto", agrega.
Y ahora que la popularidad le abrió una puerta para “ganar unos mangos más”, su sueño va más allá. “A mí me gustaría vivir bien, tener casas, darle bienestar a mis hijos. No es pecado. ¿A quién no le gustaría vivir bien?”, reflexiona. Y también reconoce que, a veces, siente cierta mirada prejuiciosa: “En San Juan venimos de la crianza de que el hombre trabaja con pala y pico. Pero hay muchos trabajos. Cuando yo vendo un toallón, esa persona llega a su casa, se baña y se seca con ese toallón. No es que me regalan la plata. Es un servicio”.
En uno de sus últimos videos aparece con un micrófono nuevo. “Esto me lo regaló un amigo, Lucas, que tiene un negocio en Boulevar Sarmiento. Me llamó y me dijo: ‘Gregorio, te lo quiero regalar para que sigás laburando y trabajés cada día mejor’. Un grande Lucas”, agradece.
A los haters, les tiene un mensaje inesperado: “Gracias por existir. No dejen nunca de bardear. Cada mensaje me suma. Sé que en el fondo me quieren, que en el fondo me aman, que en el fondo les gustaría ser como yo”, dice. Y a su público fiel, directamente les declara amor: “Los amo a todos, me hacen muy feliz. No quiero que me dejen de querer".
Mirá el video:
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