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Historias de cementerios

La misteriosa tumba del gaucho asesinado que se transformó en santo para Huaco

Murió en 1922, en medio de un persecución policial, en manos de un temido comisario de aquella época. Hoy la gente le reza, le pide y le deja "puchos" y vino como ofrendas. La curiosidad que nació en medio de su sepulcro.

Por Florencia García 19 de mayo de 2022 - 10:23

Los cementerios son lugares donde muchos ven solemnidad y tristeza. Sin embargo, hay quienes encuentran en ellos un potencial turístico, sea por su arquitectura, su historia, su mística o por los restos de las personas que descansan en ellos. Si hay un cementerio que reúne esas características y que es un lugar a visitar es el de Huaco, un pequeño pueblo cargado de historias asombrosas en cada uno de sus rincones.

Sin dudas, la tumba del poeta más celebre que dio Jáchal, la de don Eusebio de Jesús Dojorti Roco, más conocido como Buenaventura Luna, es el principal atractivo del cementerio de Huaco. Pero sus tumbas esconden otra historia, un poco menos conocida, pero no por eso menos asombrosa. Se trata de un humilde sepulcro, hecho con piedras y una cruz improvisada de madera donde descansan los restos de Pedro Pablo Selán, un gaucho que se convirtió en santo para el pueblo jachallero, luego de ser asesinado en 1922 en medio de una persecución policial.

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Si bien la historia oficial lo posiciona como un bandido peligroso, el pueblo lo revindica, le atribuyen milagros y le piden favores. La iglesia católica lo tiene dentro de la lista de rechazados, pero para muchos es un gauchito amigo al que no dudan en acudir cuando la cosa se pone mala.

Los cigarrillos, las cajas de vino, las velas y toda aquella ofrenda que le dejan en modo de agradecimiento le dan un color especial al lugar donde descansan los restos del gauchito Selán, pero hay otro curioso detalle que deja asombrados a quienes la visitan: un enorme chañar que nació en medio de la tumba.

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Además de su atractiva historia, el chañar que creció en la tumba de Selán es otro de los atractivos del cementerio huaqueño, que al igual que su pueblo, está cargado de historias y curiosidades.

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La historia de Selán:

El relato oficial dice que Selán era un cuatrero que había intentado venderle caballos robados al comisario del pueblo: un tal Agustín Dojorti, perteneciente a una poderosa familia terrateniente de ese entonces y también tío de quien se convertiría en el célebre poeta Buenaventura Luna. El expediente judicial indica que luego de esa extraña propuesta se armó una partida policial para capturar al gaucho, pero que este se resistió y fue abatido por cuatro hombres armados. Los hombres de ley que fueron por el supuesto transgresor eran Miguel Olivares, Simeón Sánchez, el agente Pablo Ahumada y el comisario Agustín Dojorti. Este último señaló que “Selán tenía pésimos antecedentes como cuatrero, era un gaucho vago y mal entretenido”, según el informe judicial.

Era un 21 de febrero de 1922 cuando partieron a caballo los hombres de Dojorti a la finca de una mujer conocida como doña Luisa en el Bajo de Huaco. Ahí se decía que estaba Pedro Selán descansando porque estaba enfermo. En esa morada salió a atenderlos la niña de la casa, una tal Eudosia, hija de doña Luisa. Y también estaban presentes otras mujeres, y los hijos de la dueña de casa, Hipólito Olivares y Eusebio Olivares.

El mismo comisario contó que dio la voz de alto y pidió que el gaucho se entregara, pero que este retrucó y contestó: “A mí nadie me toma preso. Solo he venido y solo me he de ir ¡Mierda que me van a desarmar!”, mientras sacaba su facón y una Smith & Wesson calibre 38.

Repasá su historia completa haciendo click aquí: La leyenda del gaucho santo asesinado por un temido comisario de San Juan

En ese momento se habría desatado un conflicto, pero al parecer Dojorti fue más rápido de reflejos y le dio muerte a Selán que cayó boca abajo, según indica la investigación del sociólogo José Casas que accedió a datos del Registro Civil y del Poder Judicial. La otra versión cuenta que el gaucho había estado tomando mates debajo de una ramada, que se quedó dormido y fue abatido sin mediar palabra de por medio. Que le dieron tres tiros e intentó escapar en su caballo, pero murió allí. “Lo mató la cana injustamente”, dicen en el pueblo señalando la persecución que se dio entorno a Selán que era señalado como cuatrero sin justificación alguna. Según esa versión el gaucho era perseguido y decían que “se la tenían junada”.

Hasta la fecha para muchos resulta poco creíble que un ladrón de ganado se acercara hasta el comisario del pueblo para ofrecerle un negocio ilegal. Y de igual medida, les parece sospechoso el relato que dio Dojorti que buscó cubrirse con el testimonio de los miembros de la propia partida policial.

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