A 50 años del golpe de Estado en Argentina, son las historias que no hay que olvidar.
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SUSCRIBITEEl día 24 de julio de 1977 fue un día negro para la familia del sanjuanino Alfredo Mario Manrique, Laura Noemí Terrera, y su bebé de ocho meses. Ese día fueron secuestrados en la Terminal de Ómnibus de Mendoza. Ellos siguen desaparecidos, su hija, mendocina, fue recuperada y anunciada por Abuelas en 2007.
A 50 años del golpe de Estado en Argentina, son las historias que no hay que olvidar.
Alfredo Manrique nació en San Juan el 2 de enero de 1953, tenía 24 años de edad al momento de su desaparición, cursaba el último año en la Facultad de Ciencias Económicas y también trabajaba en Mendoza.
Laura Noemí Terrera nació en Mendoza el 1 de junio de 1956, tenía 21 años cuando se la vio por última vez. Era maestra en una escuela de Luján de Cuyo. Ambos militaban en la Juventud Universitaria Peronista (JUP), organización Montoneros.
Los juicios de Lesa Humanidad sacaron a la luz sus historias.
Una hermana de Laura, María Mercedes Terrera, contó que ellos se conocieron porque Alfredo vivía en la casa de una tía que era vecina de la familia Terrera. “Ellos se hicieron amigos porque él estudiaba para contador y ella por ahí le preguntaba algo de matemática”, dijo.
Se enamoraron y se casaron en invierno del ‘75. “Mi papá les dio una casita que tenía en Benegas y ellos arreglaron una cocina comedor grande y un dormitorio. Al lado vivían mi abuelo y un tío discapacitado”, relató María Mercedes.
El 28 de noviembre de 1976 nació su hija Celina Rebeca Manrique Terrera, mendocina.
Raúl, hermano de Laura, relató que en 1977 la vio por última vez en la casa de sus padres. “Mi hermana estaba alterada, veía pasar a alguien en la calle y se escondía. No quería, por ejemplo, estar en la ventana. No quería que la vieran. Si pasaba una persona ella se ponía atrás de la puerta”.
Él le ofreció plata que se fuera del país pero Laura no aceptó, Raúl volvió a Comodoro Rivadavia, donde trabajaba y nunca más vio a su hermana.
Toda la familia de Alfredo vivía en San Juan y los tres viajaron a visitarlos.
El matrimonio regresó a Mendoza y el secuestro, según consta en el juicio, se produjo después de bajar del ómnibus. El cochecito de la niña fue retirado pero la familia nunca llegó a su domicilio, ya que no retiraron la llave de la casa que habían dejado a una vecina.
El primero en buscarlos en su casa fue el padre de Laura, allí encontró todo revuelto. El tío que vivía al lado le contó que habían llegado policías o militares, que habían estado buscando y que se habían llevado muchas cosas.
El 29 de julio de 1977, la madre de Laura presentó un Habeas Corpus (“Habeas Corpus a favor de Terrera, Laura Noemí y Manrique, Alfredo Mario”) que fue rechazado por el entonces Juez Federal Gabriel Guzzo.
A los 15 días los padres de Laura recibieron una carta, la letra era de ella y decía: “Yo soy Laura, no me busquen, estoy bien, estamos todos bien”, como remitente sólo decía Buenos Aires.
“Entonces mi papá agarró la carta, la arrugó y la tiró, porque no traía un domicilio donde uno podía escribir, nada. Mi padre dijo: ‘Gracias a Dios que mi hija está viva’”, contó Raúl.
Ambas familias buscaron incansablemente a sus hijos y a su nieta, quien a esa altura ya había sido apropiada.
Aunque pasen los años estas historias desarman el alma.
Alfredo Manrique tenía 24 años al momento de su secuestro.
Una telenovela fue decisiva para encontrar a Celina, es que en 2006 se emitía la telenovela Montecristo que abordaba el tema de la apropiación de menores e incluyó escenas filmadas en la sede de Abuelas.
En un capítulo apareció la foto de la beba y sus padres y un miembro de la familia que crió a Silvina vio su foto y pensó que podía tratarse de aquella niña que había llegado a la casa de sus parientes e informó sus sospechas al Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH).
Celina, que había sido anotada en Registro Civil como Silvina Guiraldes, fue convocada por la justicia para que los estudios genéticos determinaran si era la nieta buscada.
El 7 de marzo de 2007, el informe confirmó que la verdadera identidad de Silvina Guiraldes era Celina Rebeca Manrique Terrera.
Después de 30 años Celina pudo conocer a sus dos abuelas, Vicenta y Chela. Toda la familia estaba exultante de alegría. Su tía Marita Terrera, enfermera de profesión, la había buscado puerta a puerta desde el momento en que desapareció.
Laura y Alfredo continúan desaparecidos.
Silvina nunca habló de su historia en los medios de comunicación. En el juicio, relató que la confirmación de su identidad fue una “bisagra en su vida” y desde ese momento comenzó a desandar un camino en búsqueda de su verdadera identidad.
Contó que tuvo una infancia normal junto a sus apropiadores, “nunca tuve ninguna sospecha sobre nada… ellos me dijeron que me habían encontrado en la calle”, declaró. En julio de 1977 ella fue inscripta con el nombre Silvina.
Sigue usando el nombre de toda su vida, Silvina, dijo que recuperó el contacto la familia biológica, “pero no se toca el tema, porque piensan que me hace mal”, agregó.
En la Revista U, de la UNSJ, Susana Roldán escribió que el docente, investigador y actual decano de la FACSO, Marcelo Lucero, durante la entrega del Doctorado Honoris Causa a Estela de Carlotto, relató que ‘Margarita Camus solía contar una historia particular del Bosque. Cuando lo armaron en el año 1995, tuvieron algunos criterios en el agrupamiento de los árboles. Uno de ellos fue hacer grupitos de árboles que representasen familias. En sus inicios, se encontraron con una situación que los angustiaba mucho: uno de los árboles se secaba. De los tres árboles que conmemoraban a la pareja de Laura Noemí Terrera y Alfredo Mario Manrique Gil y su hija de 8 meses, Celina, el árbol de la bebé se secaba. Lo replantaron en varias oportunidades y todas las veces ese árbol que representaba a la niña, se secaba. Con los años, el árbol que faltaba, al fin, se arraigó a la tierra y empezó a crecer”.
Silvina no quiso hablar de su historia con DESTINO SAN JUAN.
(Fuente: Destino San Juan)
