En todos los clubes siempre hay un personaje que se destaca por encima del resto y no justamente por sus dotes deportivos, sino más bien por una forma de ser particular. En este caso, el protagonista que cuenta su historia y se presenta en sociedad es una de las figuras más histriónicas del club Landini Box, a quien todos lo llaman profe, pero bien podría ser conocido como el 'loco' de los guantes.
Es que Esteban Reyes, el instructor que cumple funciones en la institución vinculada al boxeo, tiene una energía especial que contagia no sólo buen humor, sino también -y aunque parezca difícil- ganas de entrenar. Tiene 34 años y la mitad de su vida la pasó en el gimnasio, entre bolsas y peras, cuerdas y vendas. Pasa más de 8 horas en el club al que lo llama su segunda casa y confiesa que la práctica de los guantes es su pasión.
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Aunque conoció el arte del pugilismo de grande, cuando tenía 18 años, y la cosa fue casi de casualidad, con el paso del tiempo se adentró en un mundo que lo adoptó como suyo. Había sufrido una lesión jugando al fútbol y en busca de una actividad física se topó con el boxeo. Ese fue el inicio de un amor que perdura hasta el día de hoy y que lo hizo atravesar diversos espacios.
En un principio, lo que comenzó como una práctica deportiva, a la que estaba acostumbrado por ser un amante ferviente del deporte, terminó en un boxeador amateur hecho y derecho que defiende con uñas y dientes la danza arriba del ring. Según recuerda, Esteban aprendió la técnica y se animó a lanzar y recibir golpes. "Subirse al cuadrilátero no es para cualquiera, no estamos bien de la cabeza", comenta entre risas.
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Para el profe de boxeo, que no se guarda nada y si tiene que ser brutalmente honesto con sus alumnos, asegura que lo es sin problema, lo que enseña es mucho más de un deporte, sino más bien una filosofía de vida. Es que detalla que, al igual que en la vida, el box invita a seguir adelante a pesar de todo, de los golpes y de caer en la lona. "Es seguir dando batalla, es no bajar los brazos y por eso es tan único, que lo diferencia del resto", reconoce.
Además de aprender el estilo del club, una escuela que destaca la elegancia en los movimientos, Esteban -que también se desempeña como el chico que toca la campana en las peleas que organiza la Federación de Box- confiesa que esa filosofía que aprendió le sirvió para aplicar en su día a día. "Pasé momentos difíciles, pero el box fue lo que me ayudó a salir adelante", sostiene quien anima todo el tiempo a sus pupilos a mejorar y a dedicarse no sólo adentro del gimnasio, sino también afuera del mismo.
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"Yo soy así y creo que me quieren. Me considero un personaje del club con todos los años que llevo ahí. Estoy muy agradecido al presi, a todos los chicos que entreno", cierra quien se enamoró del box y hasta hoy mantiene el vínculo que resulta inquebrantable.
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