El grupo de trekking que descubrió la magia oculta de Pasleam, el tesoro guardado de Jáchal
Estudiantes y docentes de la UNSJ, integrantes del grupo "Inquietos por la naturaleza", exploraron este paraje de formaciones milenarias. Un recorrido entre cañones, agua y silencio que invita a revalorizar el turismo local.
El pasado sábado 11 de abril, una delegación de hombres y mujeres pertenecientes a la comunidad de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ) se adentró en el corazón de Jáchal para completar un recorrido de 17 kilómetros. El destino fue Pasleam, un paraje natural, ubicado a unos 26 kilómetros al norte del centro departamental.
Pasleam no es un circuito convencional. Se trata de un escenario serrano que combina una imponente quebrada con formaciones rocosas esculpidas por la erosión. Para Marcelo Zappala, profesor y referente del grupo "Inquietos por la naturaleza", la mística del lugar reside en su exclusividad: "Es un lugar hermoso y atípico al que no se accede todos los fines de semana. Lo visitamos cada dos o tres años para que los nuevos integrantes puedan conocerlo; es fascinante ver cómo el agua y el viento han moldeado la roca".
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El trekking, que demanda entre 4 y 6 horas de caminata, es de bajo impacto físico, lo que lo vuelve ideal para principiantes. Sin embargo, su sencillez técnica no le resta belleza. El sendero está acompañado por un arroyo constante que obliga a los caminantes a cruzar el agua en varios tramos, sumando una cuota de aventura al paisaje de cañones.
En medio de la inmensidad, aparece una pequeña construcción que llama la atención de los visitantes: la casita de descanso. Según relata Zappala, esta estructura funciona como un refugio vital para la cultura local. "Es un refugio de descanso para los arrieros que llevan a sus animales a pastar o beber. Sirve para pernoctar y protegerse del frío, la lluvia o la nieve. Hoy se mantiene cerrado para preservarlo de daños, pero sigue siendo un símbolo del resguardo en la montaña", explica el docente.
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Dato curioso
Aunque hoy lo conocemos como Pasleam, originalmente se llama como Paslian. Este topónimo tiene raíces indígenas, probablemente de las culturas capayán o huarpe, que habitaron la región.
Su significado se asocia estrechamente con la idea de un "cultivo hermoso para veranear". Históricamente, este paraje y su arroyo cristalino, fueron zonas clave de veranada en la precordillera jachallera. Hoy, esa herencia sobrevive en el nombre de este destino, que sigue cautivando por su aislamiento y su imponente valor paisajístico.
Pasleam sigue siendo un secreto a voces. Para los integrantes del grupo, existe una deuda pendiente en la difusión de estos atractivos sanjuaninos. "A veces no se da a conocer tanto a nivel turístico. En San Juan tenemos lugares preciosos que no tienen nada que envidiarle a provincias netamente turísticas que te venden hasta una piedra pintada", reflexiona Zappala con sinceridad.
El profesor destaca que hoy son las redes sociales y el boca a boca de los grupos de montaña lo que permite que estos paraísos no queden en el olvido. No obstante, hace hincapié en una premisa fundamental para quienes decidan visitarlo: el impacto ambiental cero. "La recomendación es cuidarlo, preservarlo y no dejar basura. Que el impacto de nuestra visita no se note, para que el sistema del lugar no se modifique".
Para los estudiantes y docentes de la UNSJ, la jornada en Jáchal no fue solo ejercicio físico, sino un acto de soberanía cultural. "Es importante que los alumnos conozcan lo que tenemos aquí en San Juan, lo que es nuestro", concluye el relato de una experiencia que, entre grietas y arroyos, permitió redescubrir la magia que habita a pocos kilómetros de casa.
Acompañaron esta travesía los docentes: Marcelo Zappalá, Marina Vidal y Laura Castillo.