El equipo periodístico de este diario -el fotógrafo Leandro ‘Coco’ Porcel y David Cortez Vega- llegó al lugar exactamente a las 21 horas del jueves 15, con un poco de ansias mezclada con nervios por lo que significaba la nota. Desde afuera de la parrillada se escuchaban algunos punteos de guitarras. Al entrar, todo indicaba que ‘Pipo’ y sus muchachos venían calentando motores hace varios minutos. Fue notorio por la postal del lugar. Un vino y unas botellas de agua estaban abiertos, los vasos casi vacíos y los amigos ‘Pancho’ Godoy, ‘Tucho’ Novaro y ‘Quique’ Gutiérrez -quienes merecen una mención especial- ya se habían encariñado con las cuerdas, como si se tratara de una noche más.
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'Pipo' y su dream team. Lo acompañaron 'Quique' Gutiérrez, 'Tucho' Novaro y 'Pancho' Godoy -de izquierda a derecha-. Foto: Leandro Porcel.
‘Pipo’, un dandy. Lució impecable y sumamente recto para cantar el tango. Algo ansioso, aunque no tanto como los integrantes de Tiempo, mostró su caballerosidad desde el primer segundo. Adquirió confianza gracias a su banda y la presencia de su hija Patricia, su gran compañera.
Con una predisposición al 100%, todos ayudaron a mover mesas y sillas para el video del tango. Algo quedó demostrado en medio de los preparativos: ‘Pipo’ no habla, cuenta anécdotas. Para aliviar algunas ansias, fue interrogado sobre algunas de sus miles de historias. Entre ellas, el parrillero habló sobre sus aventuras en Estados Unidos, el país que eligió para ganar unos dólares y salir de la pobreza. El ‘sueño americano’ duró siete años porque su idea siempre fue juntar plata y volver a San Juan, el lugar que más ama. Allí entendió uno de los propósitos del tango: “La nostalgia de cuando uno se aleja de la tierra y vuelve a encontrarse”.
‘Pipo’ trabajó en la reconocida Caterpillar. “Sirvió como puente. Era entrar y poder despegar”, dijo. Recuerda la pregunta de un ingeniero: “¿Tú por qué has venido?, ¿por el dinero o la capacitación”. El sanjuanino fue sincero y respondió por el salario. El profesional retrucó con una frase que no puede contarse. ‘Pipo’ trabajó en la reconocida Caterpillar. “Sirvió como puente. Era entrar y poder despegar”, dijo. Recuerda la pregunta de un ingeniero: “¿Tú por qué has venido?, ¿por el dinero o la capacitación”. El sanjuanino fue sincero y respondió por el salario. El profesional retrucó con una frase que no puede contarse.
Todo lo vivido fue justificativo para elegir “esa” canción, aunque hubo dos principales motivos. Por un lado, esta interpretación era la más acorde para informar el cierre de una etapa gloriosa, y por el otro, deseaba hacerlo con un homenaje a sus amigos. Fueron las razones por las que optó cantar la histórica “Amigos que yo quiero” de Edmundo Rivero.
“‘Pipo’, ¿le parece decir unas palabras como introducción?”. Flores dijo “sí”, como durante toda la noche. Mientras tanto, ‘Pancho’, ‘Tucho’ y ‘Quique’ estaban sentados mientras ultimaban detalles de las guitarras y pedían salir “rubios, melenudos y ojos claros”. Detrás de cámara se encontraba Patricia, con la mirada fija en su padre.
“Este tango que voy a cantar habla de la amistad. No existe otra cosa más perfecta”, mencionó el parrillero como previa a la canción. Minutos después, un fuerte aplauso colmó la sala tras la interpretación. ‘Pipo’ y su banda deleitaron a los presentes. Todos apreciaron la puesta con suma atención, pero sin dejar de lado las obligaciones correspondientes al video.
Embed - El último tango de Pipo en su célebre parrillada
Los amigos quedaron fundidos en abrazos y el gran protagonista recibió las merecidas felicitaciones. Los muchachos siguieron con otro tema, aunque prefirieron inclinarse por un folclore. Fue un indicio: la noche recién estaba comenzando.
La entrevista, las luces apagadas y las risas de fondo
Mientras todos colaboraban en reacomodar sillas y mesas, surgió otra propuesta: “‘Pipo’, ¿podemos hacer la entrevista en la cocina?”. La respuesta ni siquiera hace falta escribirla. Todo el movimiento del comedor se trasladó al lugar donde preparan las exquisiteces de la casa.
‘Pancho’, ‘Tucho’ y ‘Quique’ nunca bajaron la guardia. Acompañaron a su amigo a la vez que insistían con las felicitaciones por la actuación. Patricia fue la encargada de ordenar y observar a su padre para que no perdiera la comodidad. También aparecieron otros protagonistas de la noche: los trabajadores de la parrillada. Uno de ellos es Osvaldo, quien entró sin saber descorchar una botella, y tras décadas de trabajo, aprendió de todo. “Es un brazo derecho”, reconocieron los Flores.
Toda ocurrencia del equipo de Tiempo fue concedida por el mandamás de la punta de espalda y compañía. Por ejemplo, nadie se negó al pedido de apagar las luces para resaltar al entrevistado y el fuego de fondo. Todos entendieron el propósito a la perfección: ‘Pipo’ tenía que lucirse en su última nota.
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Iluminados por el fuego: las llamas generaron un clima ideal en la entrevista. De fondo, el joven parrillero Tobías. Foto: Leandro Porcel.
Nadie quedó exento a la entrevista. El clima era similar a un cine. A oscuras, todos permanecieron callados y atentos a cada palabra de ‘Pipo’, quien se sentó con una botella de vino al lado. Además del empresario, el único que apareció en imagen fue el parrillero Tobías, el joven que siguió los consejos de su empleador y a quien no parecía afectarle la falta de iluminación en su recinto de trabajo. El resto, expectantes detrás de cámara.
Embed - Pipo anuncia el cierre de su parrillada con un sinfín de anécdotas
Fue inevitable. Tras varios minutos de diálogo, algunos comenzaron a hablar en voz baja y hasta reír sin ningún temor. Quedó en evidencia cuando este diario le recriminó a Flores por ser el “culpable” del alto precio de la punta de espalda. “Tiene razón”, aseguraron tras el comentario del periodista y previo a la respuesta del máximo protagonista. También intervinieron cuando ‘Pipo’ nombró a sus amigos -para no olvidarse de nadie- y mencionar a los gobernadores que visitaron la parrillada.
Tampoco faltó la complicidad entre los muchachos para hablar sobre las juntadas que vendrán post-cierre del negocio, que por obvias razones tendrán a la música como eje de las reuniones. Tampoco faltó la complicidad entre los muchachos para hablar sobre las juntadas que vendrán post-cierre del negocio, que por obvias razones tendrán a la música como eje de las reuniones.
Las palabras finales emocionaron a los presentes. Otra vez volvieron los abrazos y las felicitaciones entre amigos. Patricia no resistió y terminó llorando. Cada frase de su padre la remontaba a otras épocas, cuando desde chica vivió los constantes esfuerzos de ‘Pipo’, su mamá Carmen y su hermano Roberto. Tuvo que perderse cumpleaños de quince, fiestas con amigas y cualquier evento nocturno para trabajar en el negocio familiar. “Me emocionás”, le dijo a su papá con los ojos llenos de lágrimas.
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Hija y padre terminaron muy emocionados tras la entrevista. Foto: Leandro Porcel.
Las fotos post entrevista no cesaron. Todos querían un retrato de esa noche inolvidable. Los empleados también se sumaron para tener un recuerdo con su patrón. ¡Hasta hicieron fila! Una fiel demostración de que ‘Pipo’ es sumamente querido -y famoso-.
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Osvaldo, la "mano derecha" de los Flores, Patricia, 'Pipo' y 'Pancho' Godoy. Nadie quiso perderse la foto con el célebre parrillero. Fotos: Leandro Porcel.
El momento más esperado, los brindis y las anécdotas
El material estaba grabado. No hubo más que hacer, y mientras todos quedaron conformes por los respectivos roles para la nota periodística, el hambre golpeó la panza de los participantes. Fue imposible esquivar la propuesta de la casa: “Chicos, ¿se quedan a comer?”. Una esperadísima pregunta con lógica respuesta.
Ninguno de los dos integrantes de Tiempo visitó anteriormente la parrillada. Una especie de marcianos dentro de San Juan. El foco estaba puesto en la punta de espalda por todos los comentarios de quienes alguna vez fueron y por la hora: eran las 22:30 aproximadamente, momento ideal para la cena.
Algunos clientes, entre ellos una mesa larga, ya disfrutaban de la comida. Osvaldo y Patricia ordenaron las mesas con ensaladas, vinos, gaseosas y botellas de soda. Únicamente faltaban los grandes protagonistas.
Pocos minutos después aparecieron dos braseros de mesa junto con platos con papas fritas. Todas las miradas apuntaron al emblema del negocio. Finalmente, llegó el momento más esperado. ¿Una calificación? Del 1 al 10, la punta de espalda estaba un 11 -y más también-. El primer bocado fue prueba suficiente para entender por qué ‘Pipo’ cosechó tantísimos reconocimientos. Los choris y las costillas tampoco desentonaron. Prácticamente, los braseros quedaron vacíos.
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De izquierda a derecha: 'Pancho' Godoy, 'Tucho' Novaro, 'Pipo' y Patricia Flores, David Cortez Vega, Leandro 'Coco' Porcel y 'Quique' Gutiérrez.
Los músicos estaban maravillados. Ni las guitarreadas de la noche les dieron tantas alegrías como las delicias cárnicas. La emoción del momento fue reflejada en las incontables veces que levantaron las copas de vino para brindar. “Salud, compañero”, se escuchó durante toda la cena.
¿Y ‘Pipo’? Más relajado, disfrutó de cada segundo. En su plato había carne con mucha ensalada y casi nada de sal, obedeciendo las recomendaciones de su hija. Hombre de infinitas anécdotas, contó un puñado de sus historias entre bocado y bocado. Involucraban a varios personajes célebres de la vida de San Juan, como cuando un famoso político vio a su contrincante -también reconocido- sentado en la vereda de la parrillada y le dijo: “‘Pipo’, nos vemos… en otra ocasión”. Una fue la más graciosa de todas:
“Estaba habilitado el sector de atrás y venía una familia con tres niños. Eran insoportables. Tiraban cosas y hacía un quilombo bárbaro. Nadie los podía controlar. Al lado mío estaba un amigo que, viendo que pasaban cerca de él y molestaban, le preguntaron: ‘¿Te gustan los niños?’. Respondió: ‘Sí. Al horno y con papas’. Pensar que hoy en día esos chicos son profesionales”. “Estaba habilitado el sector de atrás y venía una familia con tres niños. Eran insoportables. Tiraban cosas y hacía un quilombo bárbaro. Nadie los podía controlar. Al lado mío estaba un amigo que, viendo que pasaban cerca de él y molestaban, le preguntaron: ‘¿Te gustan los niños?’. Respondió: ‘Sí. Al horno y con papas’. Pensar que hoy en día esos chicos son profesionales”.
Irse fue una misión imposible. Mientras llegaban más clientes, las obligaciones y el cansancio ganaron la batalla y llegó el momento de retirarse. Las palabras de agradecimiento fueron mimos al alma entre interminables abrazos de despedida.
La noche en la parrillada fue el centro de la conversación camino al diario. Como reflexión, no solamente se habló del balance más que positivo por el material conseguido, sino también de lo ocurrido durante toda la estadía en el lugar. Fue una enseñanza de vida. Inconscientemente, ‘Pipo’ y su gente dieron clases gratuitas de amistad, esfuerzo, humildad y grandeza.