Alberto Osvaldo Pico, un sanjuanino de 59 años, es reconocido por ser el despostador de pollos más veloz del barrio. No solo por su destreza con un par de cuchillos de antaño que cuida como a su vida, sino por su simpleza a la hora de atender la avícola "La Esperanza", ubicada en uno de los puntos más transitados de la capital sanjuanina y sus alrededores.
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El cartel de La Esperanza, la "oficina" de Don Pico
De perfil alegre, un notable hombre de pocas palabras, pero con una chispa especial, Alberto abre las puertas de su emprendimiento para mostrar ese oficio que le dio de comer a sus 5 hijos y esposa hasta el día de hoy y que, con mucho orgullo, comenta que sostiene sobre su espalda desde hace 25 años.
Comenzó pelando pollos con tan solo 14 años en San Martín y desde entonces nunca dejo de dedicarse a la actividad y a la venta de este alimento a una diversa clientela de sanjuaninos, muchos de ellos personajes reconocidos de la política, la salud y del ambiente artístico. Entre risas lanza un par de nombres que se hacen familiares como Graciela Caselles, Claudia Pirán, Mario Capello y Roque Elizondo, entre otras personalidades que lo eligen diariamente.
De corte preciso, sin margen de error y con una rapidez que asombra a propios y ajenos, Pico desposta ante la cámara de Tiempo de San Juan una pieza de pollo completa en menos de un minuto y asume que su parte favorita sin dudas es la pata muslo. También cuenta la leyenda vecinal que es “el despostador más rápido del condado” hasta que se demuestre lo contrario.
Alberto Pico, el despostador de pollos más rápido del B° Aramburu
Pero el amor por el trabajo no es la única pasión que define el día a día de Alberto: en su “oficina” exhibe sus trofeos de futbol junto a la foto de su equipo, los muchachos de la Liga de Veteranos del Barrio Aramburu, con los que por las noches juega siempre adelante y asume “Soy el que corre”, dice entre risas. Pero al mostrar la imagen se lamenta por todos los que ya no están y que en su mayoría se llevó el Covid.
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Alberto Pico junto a la foto del equipo de la Liga de Veteranos del B° Aramburu
Con la imagen sobre el mostrador de la Virgen del Rosario de San Nicolás a quien agradece el pan de cada día junto a su esposa (ambos devotos), Pico trabaja de sol a sol con un alimento tan noble como la carne de pollo y otros productos que brinda en el local que alquila sobre Sargento Cabral y Viamonte, boliche que supo sobreponerse a épocas difíciles, pandemia y demás.
Un dato no menor es que se declara enemigo de la tecnología y es fiel a su pensamiento: no tiene ni usa celular, mucho menos redes sociales y, no se asombre lector, él jamás trabaja con cobro electrónico de ningún tipo. Lo más “moderno” entre sus herramientas es una calculadora, su balanza y un ventilador de grandes dimensiones para los días de mucho calor.
Con la mirada un poco triste, Alberto recuerda con dolor la perdida de uno de sus hijos hace más de 10 años en un trágico accidente de moto, pero espera ansioso al próximo cliente sentado en la puerta de su avícola en compañía de sus otros hijos y una de sus nietitas más chicas. Esa escena de su vida lo alimenta y de pronto asume con orgullo tener una familia muy numerosa y ser bisabuelo de 4 pequeños, antes de sus 60 años.
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Don Pico y parte de su familia
Historias de esfuerzo y trabajo como la de don Pico merecen ser contadas, o al menos es el espíritu de esta nota. Cuando conocemos al hombre detrás del bife de pollo con el que hacemos el almuerzo familiar, todo toma un poco más de sentido y lo cotidiano se vuelve especial.