Claudia Castro, una geóloga que recorrió la ruta del oro del mundo y encontró su lugar en EE.UU.
Desde hace unas tres décadas está dedicada a la actividad minera. Sus comienzos en el área de exploración fueron en la Argentina, pero luego se radicó en Estados Unidos desde donde viajó a distintos puntos del planeta. Siempre vinculada a las minas de oro.
Llegó a lugares que de otro modo no hubiera conocido nunca. Desde el remoto Este de Rusia, Alaska, Mauritania y Ghana en África, Estados Unidos, Méjico, Canadá, la Patagonia argentina, por citar algunos puntos de la ruta del oro transitada. Es la vida que eligió con éxito desde que dejó San Juan por segunda vez hace más de 20 años para arraigarse en Estados Unidos. Allí, Claudia Castro, desarrolló su carrera de Geóloga, título obtenido en la Universidad Nacional de San Juan que sumado a un pulido inglés le permitió abrirse camino en la industria minera, por aquel entonces todavía liderada sólo por hombres. Literalmente caminó terrenos en busca de minerales, hizo mucho trabajo de campo, hasta que decidió especializarse en sistemas de información geográfica y gestión de datos.Actualmente vive en Las Vegas bastante cerca de su trabajo (que por lo general en minería queda muy lejos), intenta venir ver a su familia y amigos una vez al año, a quienes extrañó y extraña siempre.
“Después que hice la licenciatura en Geología en San Juan, pasó un tiempo y apliqué para hacer un postgrado en la Universidad de Akron, acá en Estados Unidos. Esa fue mi primera vez, luego regresé hace casi 23 años y me quedé”, cuenta desde Las Vegas con un temperatura de 11 grados, lo que demuestra que ahí el invierno no se hace sentir tanto como en otros lugares de ese país a los que la ola histórica de frío afecta seriamente.
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Claudia en Tasiast, Mauritania, con una vestimenta típica de la zona. Siempre acompañada del mate argentino.
La primera vez que regresó a Argentina en 1997, comenzaba acá el boom de la exploración minera y buscaban gente para trabajar y si hablaba inglés mejor. (Un dato curioso de aquel momento es que la onza de oro estaba por debajo de los 300 dólares y en la actualidad supera los 5 mil dólares). En ese contexto, consiguió su primer trabajo como geóloga de exploración y trabajó varios años hasta que llegó otra de las tantas crisis cíclicas que vive el país. Para ese entonces su vida había cambiado bastante porque había nacido su hija Rafaela y era difícil hacer trabajo de campo con una pequeña que demandaba presencia.
“Cuando Rafa cumplió cinco volvimos a Estados Unidos, empecé a buscar trabajo nuevamente. Conseguí otra beca para hacer un máster en Sistemas de Información Geográfica y por suerte la minería había repuntado nuevamente y buscaban gente que tuviera un poco mis cualificaciones. Ya había trabajado como geóloga de campo en minería y además de eso ahora tenía algunas habilidades en sistemas de información geográfica. Es algo así como representar en el mapa lo que uno ve en el campo”, cuenta.
Su primer trabajo en esta nueva etapa en Norteamérica fue en US Gold –como se llamaba en aquel momento-, luego pasó a la empresa Kinross Gold donde trabajó 10 años. Ese fue el inicio de muchos viajes porque ocupaba un cargo corporativo a nivel global. Comenzó a visitar y ocuparse de proyectos que tenía la compañía en todo el mundo.
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Por subir al helicóptero que la transportaba desde Khavarovsk al proyecto de exploración "Chulbatkan" de la empresa Kinross. El viaje hasta el lugar tardaba entre 4 y 5 horas.
Esos caminos la llevaron por minas de oro en Ghana y Mauritania, Africa; además de los proyectos que tenía la empresa en Nevada, Estados Unidos; en Alaska, Chile, Canadá, y en el Este de Rusia. “Realmente era el lejano Este de Rusia, bien al norte por encima del círculo Artico, donde hace el frío más grande que he experimentado. Queda muy lejos del primer pueblo al que se puede llegar, tardábamos tres días. De hecho, salvo en Estados Unidos donde todos los proyectos te permiten volver a dormir a casa porque siempre hay cerca un pueblo o una ciudad, en el resto del mundo pasas varias semanas antes de volver. Gracias a este trabajo llegué a lugares muy remotos donde creo que jamás en la vida hubiera llegado porque son casi inaccesibles”, relata.
La actividad preferida de Claudia en la Geología es la exploración minera, y es una apasionada por los datos geológicos. Esa especialización le cambió radicalmente el rol dentro de la minería porque dejó de salir a explorar y a buscar el mineral, para dedicarse a volcar datos encontrados por otros profesionales para que después sean analizados y así sacar cálculos de reserva, por ejemplo. Una evolución profesional que la ha dejado con enormes capacidades para la industria.
El rol de la mujer en la minería
Si bien en los últimos años las cosas cambiaron mucho en todo el mundo en cuanto a la participación de la mujer en áreas que antes era casi vedadas, Claudia reconoce que para ella nunca fue un problema porque desde que hizo la secundaria en la Escuela Industria Domingo Faustino Sarmiento, fue la única mujer egresada de su promoción como técnica minera. “Estaba acostumbrada a ese ambiente, y por suerte ahora hay mucho más mujeres que antes, así y todo es un ambiente dominado por el sexo masculino, no hay duda. Actualmente en la oficina donde trabajo a lo mejor somos 50 personas y seremos menos de 10 mujeres. Sigue siendo un número minoritario”, dice.
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En la Patagonia. En estas campañas salía a explorar con otro geólogo o con un ayudante de campo.
Una larga ruta
Su ruta del oro siguió en la empresa Nevada Gold Mines (operada por Barrick), luego AngloGold Ashanti de origen africano que tiene proyectos en todo el mundo y operadores actuales de la mina Vanguardia en Santa Cruz.
“Ahora estamos trabajando para lo que será una mina a fines del 2026, el proyecto North Bullfrog y ocupo el cargo de especialista senior en base de datos geológicos, y en otro proyecto llamado Arthur que se encuentra en la etapa de prefactibilidad. Están ubicados a una hora y media de las Vegas hacia el noroeste”, agrega.
Difícilmente Claudia decida volver a Argentina –más que de visita-, porque allí construyó su vida, realizó sus contribuciones sociales para el futuro, y está su trabajo siempre con vistas a seguir perfeccionándose.
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En Maritania junto a tres geólogos de ese país y dos canadienses.
Inmigración y controles
Como todo inmigrante debió enfrentar desafíos aunque están muy lejos de lo que viven hoy muchos latinos en Estados Unidos con las persecuciones que realiza el ICE (siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), que se encarga de “hacer cumplir las leyes de inmigración de Estados Unidos”. Claudia desde la primera vez ingresó con visa de estudiante y desde hace doce años tiene la ciudadanía estadounidense.
“Esto de los patrullajes que puso en marcha Trump para los inmigrantes indocumentados no es un tema que acá se sienta o viva. Los disturbios que han sucedido hace poco en lugares como Minneápolis o Los Angeles afecta a quienes no tienen documentación lamentablemente. En general si tenés permisos de trabajo, visa y demás, no tenés inconvenientes. Tengo compañeros que son de Brasil y no son residentes, solamente están con visas de trabajo porque se desempeñan para la empresa y se las han renovado sin problema. Esto a pesar que Brasil es uno de los países que ha quedado de la lista a los que no se va a otorgar una visa de residentes”, explica.
Sí reconoce que los procesos para poder estar, trabajar o vivir en EEUU son más difíciles en estos momentos, demoran más tiempo y con restricción para algunos países.
Su vida en Las Vegas
Desde hace 8 meses vive en Las Vegas. Se levanta muy temprano para cumplir con un ritual que no cambia por nada. Preparar el mate y sentarse a disfrutarlo por unos 40 minutos por lo que se debe levantar a las 5 de la mañana (ha llegado a levantarse a las tres cuando trabaja en minas alejadas). Luego recién empieza el día con las actividades correspondientes. La jornada laboral es larga y agotadora, lo que no le ha permitido aún generar vínculos de amistad en esa ciudad. “Es muy difícil. Trabajas todo el día, llegas muerta, te metés a tu casa, y es muy raro que salgas. Te bañas y ya te queres quedar. En verano aquí en Las Vegas hace muchísimo calor y ahora en invierno llegas y es de noche. Y si bien la gente vincula esta ciudad con los casino, fui solo dos veces cuando recibí visitar”, cuenta entre risas.