"Cada día más pobre": Yoyi, el sanjuanino de 22 años que convirtió el humor y la humildad en su marca personal
Con acento sanjuanino, humor cotidiano y una frase que se volvió viral, Joel “Yoyi” Ramos suma casi 35 mil seguidores en Instagram. Tiene 22 años, no se siente famoso y sueña con vivir de crear contenido, ayudar a su familia y hacer reír sin perder la esencia.
Joel Nicolás Benjamín Ramos Fernández tiene 22 años, nació el 14 de marzo de 2003 en San Juan y se presenta en redes sin vueltas ni grandilocuencias. En su biografía de Instagram no hay frases motivacionales ni títulos rimbombantes. Dice simplemente: “Intentando ser creador de contenido. Situación económica: cada día más pobre”. Ese combo, mitad ironía, mitad verdad, terminó siendo su sello. En redes lo conocen como Yoyi o Yoyisex (yoyisex_), y hoy ronda los 35 mil seguidores que llegaron de manera orgánica, a fuerza de humor, constancia y una humildad que no se negocia.
“Gracias”, repite varias veces mientras habla. No es un gesto aprendido ni una pose para la cámara. Es sincero. Esta es su primera nota periodística y se nota la emoción. También se nota algo más: Yoyi no se la cree. No se agranda. No se vende como influencer consagrado. Se define, todavía, como un intento. Y en ese intento hay mucho trabajo invisible.
joel influencer
Todo empezó sin estrategia ni plan de crecimiento. “Sinceramente, subía historias”, cuenta. Momentos cotidianos, ocurrencias, chistes. Nada más. Hasta que un día esas historias pasaron a formato Reels y algo empezó a cambiar. “Se fue sumando, sumando, sumando”, recuerda. El punto de quiebre llegó casi de casualidad, con una foto y una Coca-Cola. Ese contenido se viralizó, se armó lo que en redes llaman “un tren”, y su nombre empezó a circular mucho más allá de su círculo cercano.
Aquel video que se hizo viral: 22 millones de reproducciones
joel mar del plata
Ese video fue el primero verdaderamente viral. Millones de vistas. En TikTok, el mismo contenido llegó a 22 millones de reproducciones y superó el millón de likes. Para alguien que venía de subir videos con 10 likes, fue un sacudón. “La gente me decía: vos sos el chico de la Coca-Cola. Después ya decían Yoyisex. El apodo quedó”, dice. Durante 2024 hubo un momento en el que lo reconocían en la calle, le pedían fotos, lo saludaban desconocidos. Fue raro, intenso y nuevo.
Pero si algo caracteriza a Yoyi es que nunca se corrió del lugar de donde viene. El meme de “cada día más pobre” no es solo un chiste. “Yo vengo de una familia muy humilde y siempre vivimos el día a día”, explica. Cuando empezó a generar algunos ingresos con canjes o publicidades, eso no lo transformó. “Eran unos ingresos más, pero seguía siendo una persona de bajos recursos”. No hubo fantasía de éxito instantáneo ni discurso aspiracional forzado, sino realidad.
Por eso en su perfil aclara que está “intentando” ser creador de contenido. “Siento que no soy famoso. Tengo videos virales, pero sigo siendo un intento. Mi meta es dejar de ser un intento y ser un creador de contenido general”, dice, con una lucidez poco común para alguien de su edad.
Sabe que la fama en redes es volátil y que la verdadera dificultad no está en sumar seguidores, sino en monetizar. “Lo más complicado es vivir de esto. Yo todavía trabajo, hago canjes, publicidad, genero un poco de ingresos, pero no vivo de crear contenido”, admite.
Su humor es simple, cotidiano, cercano. Usa mucho su acento sanjuanino, que considera parte fundamental de su identidad. “Es muy de humor”, dice, y lo explota con inteligencia. A veces muestra lugares de San Juan: el centro cívico, la peatonal, la 25. Otras veces solo deja que el acento haga lo suyo. A futuro, sueña con mostrar mucho más su provincia, llevar San Juan a otros públicos, pero siempre desde lo que es.
Humor, pero también trabajo e insistencia
Detrás del humor hay una historia de insistencia. De bancarse la burla. “Al principio te hacen críticas, se burlan. Yo subía videos y tenía 10 likes. Me acuerdo perfecto”, cuenta. Pero no frenó. Siguió. “Después eran 30, después 50, después los primeros 1000 likes. Llegué al medio millón. Llegué al millón”.
Cada número fue una pequeña meta cumplida, una confirmación íntima de que iba por buen camino. “Yo sabía que podía generar risa. Sabía que hacía reír a la gente”, dice con convicción.
Yoyi creció mirando a creadores como HolaSoyGermán. No soñaba con lujos ni con fama vacía. Soñaba con hacer reír, con ser querido, con sacar sonrisas. Hoy sigue disfrutando el proceso, aun sin poder vivir de esto. “Me siento muy contento por haber llegado hasta donde llegué y pienso llegar más lejos”, asegura.
Sus metas son claras y profundamente humanas. Le gustaría colaborar algún día con Coca-Cola, la marca que marcó su primer viral. También con Adidas. Sueños grandes, sí, pero no desconectados de la realidad. Hay otro objetivo que aparece siempre, como columna vertebral de todo: ayudar a su familia. “Sacarla adelante, ayudar en mi casa por todo el apoyo que me dan”, dice. No hay éxito personal sin ese regreso.
"Intenten crear contenido aunque dé vergüenza"
El mensaje que deja a quienes lo siguen o quieren animarse a crear contenido no es glamoroso ni edulcorado. Es real. “Inténtenlo. Aunque dé vergüenza. Aunque se rían. Todo esfuerzo tiene su recompensa”, dice. No promete vivir de redes en seis meses. Promete algo más honesto: la satisfacción de no haberse quedado con las ganas.
Hoy Yoyi roza los 35 mil seguidores en Instagram, suma millones de vistas en TikTok y sigue creando desde el mismo lugar. Sin perder el acento. Sin perder el humor. Sin perder la humildad. “Cada día más pobre”, dice en broma. Pero en realidad, cada día un poco más rico en algo que no se compra: autenticidad.
Y antes de terminar, vuelve a agradecer. A la gente que lo apoya desde el principio. A quienes lo rodean. A quienes se ríen con él. Porque Yoyi entiende algo clave en este mundo de likes y métricas: nadie llega solo. Y recién está empezando.