Así fue el titánico rescate en El Tambolar y el importante grupo que se creó en San Juan tras la tragedia
El operativo demandó más de diez horas de trabajo ininterrumpido, con intervención de fuerzas de seguridad, personal de salud, rescatistas y voluntarios, en un terreno de extrema dificultad. El testimonio de uno de los socorristas permitió reconstruir cómo se coordinó el auxilio en el barranco y qué cambios generó el hecho en los sistemas de rescate de la provincia.
A cuatro décadas del accidente vial ocurrido en El Tambolar, uno de los episodios más graves de la historia reciente de San Juan, Raúl Díaz, guía de montaña y rescatista, recordó cómo fue el operativo de auxilio desplegado tras el vuelco del ómnibus que transportaba efectivos del Regimiento de Infantería de Montaña 22 y civiles, entre ellos niños.
Díaz tomó conocimiento del hecho cerca de la 1 de la madrugada, a través de la radio, mientras se encontraba en su domicilio. Con un botiquín básico de primeros auxilios, se dirigió inicialmente al Hospital Rawson, donde colaboró preparando gasas ante la inminente llegada de heridos. Debido a su formación previa en primeros auxilios -realizada en el Club Andino Mercedario, Defensa Civil y Cruz Roja- fue convocado para sumarse a los equipos que se trasladaron hasta el lugar del siniestro.
Embed - A 40 años de la Tragedia El Tambolar
El arribo a la zona se produjo durante la noche. El descenso hacia el barranco se realizó por un sector de cornisa extremadamente peligroso, utilizando cuerdas y con iluminación limitada. Uno de los rescatistas portaba una bengala, que permitió identificar el camino elegido previamente por quienes habían salido a pedir auxilio. La bajada se efectuó en condiciones de alto riesgo, con una pendiente pronunciada y escasa visibilidad.
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Foto: archivo Diario de Cuyo.
Al llegar al fondo del precipicio, el panorama evidenció la magnitud de la tragedia. Observaron el ómnibus siniestrado, equipajes y pertenencias esparcidas a lo largo de la garganta, y un elevado número de heridos distribuidos en distintos puntos del barranco. Según relataron los rescatistas, los pedidos de auxilio y los lamentos de dolor se mezclaban con las comunicaciones radiales que transmitían la gravedad de la situación hacia la ruta.
De acuerdo a la crónica publicada por Diario de Cuyo, una de las primeras medidas fue instalar sobre la ruta un puesto operativo con una autobomba de Bomberos, desde donde se iluminó el barranco mediante pantallas reflectoras. No obstante, la iluminación resultó insuficiente ante la profundidad y extensión del terreno. A través de cuerdas comenzaron a descender efectivos de Bomberos, Policía, Ejército, voluntarios y, minutos más tarde, médicos provenientes del Hospital Rawson y de Calingasta.
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Así trataron el rescate de la tragedia. Foto: archivo Diario de Cuyo.
En el fondo del barranco, los equipos de salud realizaron una primera clasificación de las víctimas para establecer prioridades de evacuación. Se efectuaron curaciones de urgencia, se suministraron calmantes, sueros y agua, y se brindó contención a los heridos, muchos de los cuales presentaban fracturas, traumatismos y cuadros de shock. Paralelamente, desde la ruta se enviaban botiquines y elementos médicos mediante sogas.
El operativo de rescate se extendió durante más de diez horas y demandó un esfuerzo físico extremo. Los heridos eran izados hasta la ruta mediante cuerdas o cargados sobre las espaldas de policías y efectivos militares, que trepaban una pendiente superior a los 45 grados. Ya en la parte superior, otro equipo médico los recibía en un puesto de socorro improvisado junto a ambulancias, desde donde eran derivados de inmediato al Servicio de Urgencias del Hospital Rawson.
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Díaz, de frente hablando con el sobreviviente Rodolfo Arce en medio del impactante escenario.
Con las primeras luces del día se incorporaron medios aéreos: un helicóptero de la Dirección de Aeronáutica de la Provincia y dos helicópteros Lama de la IV Brigada Aérea de Mendoza, que permitieron acelerar el traslado de heridos graves. La crónica periodística destacó la coordinación lograda entre las distintas instituciones intervinientes, pese a la falta de medios técnicos adecuados para un rescate de esa magnitud.
El shock emocional del rescatista y cómo sobrellevó el dolor
Díaz recordó que, además de la atención física, una de las tareas más difíciles fue la contención emocional. Muchos heridos pedían que se avisara a sus familias que estaban con vida, mientras esperaban ser evacuados en medio del calor creciente que comenzó a sentirse con la salida del sol.
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La tragedia marcó la carrera y la vida del guía de montaña.
Tras el operativo, el rescatista atravesó un período de aislamiento personal y reflexión, acompañado por su familia. La experiencia influyó de manera directa en su formación posterior y en su decisión de profundizar su capacitación en rescate y prevención en montaña.
Tras la tragedia, llegó el GERAS
El hecho también tuvo consecuencias a nivel institucional. A partir de la tragedia de El Tambolar, San Juan avanzó en la profesionalización de los sistemas de auxilio y rescate. En ese contexto, en 1987 se creó el Grupo Especial de Rescate y Acciones de Seguridad (GERAS), una unidad especializada de la Policía de San Juan destinada a intervenir en situaciones complejas y de alto riesgo.
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Con el paso de los años, el GERAS se consolidó como un actor central en operativos de búsqueda y rescate en zonas agrestes y montañosas, incorporando formación técnica, equipamiento específico y movilidad adecuada para responder con mayor eficacia ante emergencias.