La tragedia de El Tambolar, en los medios: los titulares y las fotos del accidente vial con más fallecidos en San Juan
A casi cuatro décadas del accidente ocurrido el 23 de enero de 1986, los archivos periodísticos vuelven a poner en foco la tragedia de El Tambolar, el siniestro vial más grave de la historia de San Juan. Titulares, fotografías impactantes y crónicas del rescate reconstruyen una noche marcada por la muerte, el dolor y una inédita muestra de solidaridad colectiva.
Un niño herido, una de las fotos más impactantes expuesta en los medios.
Hace casi cuatro décadas, una curva cerrada de El Tambolar quedó grabada para siempre en la historia grande y dolorosa de San Juan. El 23 de enero de 1986, un colectivo de la empresa T.A.C. que regresaba desde Villa Nueva, en Calingasta, por la entonces Ruta Provincial 12, cayó a un profundo barranco tras quedarse sin frenos. A bordo viajaban músicos del RIM 22, civiles, niños y adolescentes que volvían de los festejos por el aniversario departamental. Lo que debía ser un regreso más se transformó en la peor tragedia vial registrada en la provincia: 17 personas murieron y 25 resultaron heridas.
Según los archivos de Diario de Cuyo, hoy resguardados en el Archivo General de la Provincia y a los que tuvo acceso Tiempo de San Juan, la cobertura periodística de aquellos días reflejó, con crudeza y asombro, la magnitud del desastre. Los titulares y las fotografías -algunas de las más impactantes que se hayan publicado- construyeron un relato que aún estremece.
El primer titular que dio cuenta del horror fue directo y demoledor: “Trágico accidente ocurrió en El Tambolar: 16 muertos”.
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La bajada informaba que un ómnibus había caído a un profundo barranco al quedarse sin frenos y señalaba que se trataba de uno de los hechos más graves de los últimos años en San Juan, con un saldo inicial de 26 heridos.
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Con el correr de las horas, otros títulos marcaron el pulso de la tragedia y el clima que se vivía en la provincia:
“Trágica noche en El Tambolar que enlutó a todo un pueblo”,
“Titánica labor de los grupos de rescate”,
“El embudo de la muerte”, una expresión que sintetizaba la geografía hostil del lugar y el destino fatal del colectivo.
Las páginas del diario también se poblaron de imágenes imborrables: el ómnibus totalmente destrozado en el fondo de la quebrada, los rescatistas colgados de sogas en la oscuridad y, entre ellas, una fotografía que se volvió símbolo: la de un niño siendo rescatado, envuelto en mantas, en medio del caos y el silencio de la montaña.
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En los días posteriores, los cronistas llegaron hasta el Hospital Rawson para reconstruir el testimonio de los sobrevivientes. Allí entrevistaron a los sargentos Paulo Sotelo y Juan Tapia. Una de esas notas llevó por título “‘No sé cómo salimos’, dijeron los testigos”, acompañada por la imagen de Tapia recostado en una cama del nosocomio, con el cuerpo golpeado y la mirada aún perdida en la noche del accidente.
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En un primer momento, el balance oficial fue de 16 fallecidos y 26 heridos. Sin embargo, días después se confirmó el deceso del chofer del colectivo, Mario Romero, lo que elevó la cifra final a 17 muertos y 25 heridos, sellando el carácter histórico y trágico del siniestro.
Los archivos también guardan espacio para el reconocimiento y la gratitud. Una de las notas más emotivas estuvo dedicada a la labor aérea durante el rescate. En ella se describía la llegada del helicóptero Ranger Bell en plena madrugada, sobrevolando el cajón del viejo Tambolar, cuando el rescate terrestre ya no daba abasto. El texto destacaba la pericia del piloto Pepe Liciardi y el operativo que permitió izar a los heridos desde el fondo del barranco, trasladándolos primero a La Isla del Sauce y luego a centros de salud. Fue un agradecimiento sentido, casi una plegaria escrita, a quienes desafiaron la noche y el peligro para salvar vidas.
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Otra nota resaltó la solidaridad del pueblo sanjuanino. Apenas conocida la noticia por la radio, se activó una respuesta espontánea y masiva: fuerzas oficiales, voluntarios, instituciones y ciudadanos comunes se pusieron a disposición. Mientras cientos participaban directamente del operativo, miles acompañaban desde sus casas, siguiendo cada parte a través de los medios. El periodismo, señalaba el artículo, fue el hilo conductor de una larga noche de angustia y esperanza, en una provincia que, acostumbrada a terremotos y cataclismos, volvió a decir “presente” ante el dolor ajeno.