Por dos décadas, un rincón del microcentro de San Juan fue el epicentro lúdico de los adolescentes. El lugar estaba repleto de estudiantes que decidieron hacerse la chupina y pasar la mañana, la tarde y hasta la noche jugando al pool con sus compañeros. Hace diez años, el local cerró sus puertas para siempre, pero las anécdotas siguen vigentes en cualquier treintañero o cuarentón que pasa por calle Mendoza casi Laprida y recuerda el emblemático Punto Fijo.
El local de entretenimiento nació en los años ’90 y marcó una revolución en el rubro. Durante ese periodo estaban otras tiendas como Juegolandia, Sacoa, City Game y Tic Tac Toe. Punto Fijo tenía dos pisos: la planta baja contaba con las máquinas para jugar al Street Fighter o Daytona, y el subsuelo -y gran atractivo de los jóvenes- con las más de quince mesas de pool. Al ingresar, el sonido de los juegos y el humo de los cigarrillos, principalmente en el subsuelo, invadían el edificio.
Los precios de las fichas son un fiel reflejo de la devaluación de la moneda argentina y es uno de los principales hechos que marcan una gran nostalgia entre los habitué del lugar, ahora adultos. Cada ficha costaba alrededor de 25 centavos, y en otras épocas ofrecían las promociones de cinco por $2.
“El clima era muy bueno. Siempre estaba lleno de muchos jóvenes y nunca hubo problemas ni peleas”, contó Germán Domínguez. Punto Fijo fue un símbolo de los ’90 para aquel adolescente, hoy convertido en periodista. Su historia en ese espacio comenzó a fines de la primaria. Del barrio Parque Independencia de Chimbas viajaba en colectivo al centro para dar una vuelta con su amigo Mauricio, quien actualmente vive en Estados Unidos, y el recorrido terminaba en el pool. A las salidas también se sumaban otros compinches, como Sebastián y Ricardo.
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El anuncio del cierre de Punto Fijo. Foto gentileza: Diario de Cuyo.
Los años pasaron y Germán, ya en el secundario, seguía yendo a Punto Fijo con su grupo de Colegio Provincial Chimbas II. Por supuesto, acordaban no ingresar a la escuela y que la chupina concluyera en el pool céntrico. Esas escapadas ocurrían los viernes en mayor medida, y también aprovechaban el rato libre de los sábados para jugar y tomar algo.
Germán siempre recuerda a Punto Fijo por un hecho particular. Él tenía un pullover jaspeado: “Era el típico buzo de adolescente que nunca te lo querés sacar, se hacía carne en uno”. En alguna de las tantas chupinas, el muchacho se lo sacó y se fue del local sin el abrigo. Cuando estaba en el colectivo, en camino a su casa en Chimbas, se dio cuenta que faltaba el pullover. Se bajó en avenida Rioja y Maipú, llegó corriendo al local para saber si estaba, pero no lo encontró, “ya se lo habían llevado”.
El recuerdo en las redes
Luego de 20 años, y sumergido en una crisis económica, Punto Fijo cerró sus puertas en 2014. “Estimados clientes: Punto Fijo y su personal les agradecen por habernos elegido por más de 20 años. Nuevamente gracias!!!”, manifestaba un cartel pegado en la puerta mientras las persianas permanecían bajas.
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Más de un sanjuanino no lo podía creer. Aquel rincón donde pasaron momentos con compañeros de la escuela, amigos y hasta vivieron algún romance se convirtió en un recuerdo. Las redes se inundaron con mensajes de usuarios que lamentaron el cierre. “Cerró Punto Fijo después de 20 años haciendo felices a los sanjuaniños. Se me pianta un lagrimón. Cuántos de nosotros nos habremos rateado del colegio para ir ahí. Sobre todo los del Colegio Nacional”, y “no te imaginas la tristeza que me da estar en la plaza 25 y saber que si me cruzo no va estar Punto Fijo”, fueron algunas publicaciones.