El Congreso de la Nación, sede de debates cruciales, fue transformado momentáneamente en un set de reality show el pasado 27 de noviembre, gracias a una convocatoria de pretendido voltaje científico impulsada por la diputada del PRO por Chaco, Marilú Quiroz. El evento, pomposamente titulado “¿Qué contienen realmente las vacunas del COVID-19?”, prometía ser un "ateneo científico", pero culminó con una demostración que, para algunos, será inolvidable.
El hombre magnético y la Gran Revelación
La estrella indiscutida de la jornada fue José Daniel Fabián, un ciudadano que, presuntamente, ha adquirido superpoderes tras inocularse contra el COVID-19. Fabián subió al escenario con el torso desnudo para exponer la supuesta "magnetización" que lo afecta.
Embed - https://publish.x.com/oembed?url=https://x.com/somoscorta/status/1994163048651669733&partner=&hide_thread=false
Ante la expectación del público, y "tras un par de intentos infructuosos", el hombre logró que un imán o varios objetos metálicos se adhirieran a su pecho y abdomen. La licenciada en biotecnología Lorena Diblasi, actuando como una especie de maestra de ceremonias, presentó a Fabián como la viva prueba de las "secuelas" de la inoculación.
Para disipar cualquier duda malintencionada, Diblasi ofreció una explicación que la comunidad científica debería enmarcar: “Esto no es grasa en la piel, señoras y señores. A él no le sucedía esto”.
La verdad científica: Un poco de agua y grasa, nada de talco
Mientras la comunidad antivacunas se regocijaba ante la prueba irrefutable de que los ciudadanos, tras vacunarse contra cualquier peste, se convertirían en imanes andantes, la ciencia vino a arruinar la fiesta.
Resulta que el fenómeno que permite que un clip, una cuchara o incluso migas de pan se adhieran momentáneamente al cuerpo no es la ingeniería de nano-bots magnéticos inyectados, sino una propiedad física tan aburrida como ubicua: la tensión superficial.
La tensión superficial es descrita como la "piel del agua", una "pegatina" generada por la humedad o el agua entre los objetos y el cuerpo. Además, los expertos señalan que las grasas naturales presentes en la piel también pueden ser las culpables de dicha adherencia. Es tan simple que, para hacer desaparecer el "presunto magnetismo", "basta con talco en la zona".
La licenciada en Biotecnología María Noelia Lardizábal, en un intento por introducir la lógica al debate, explicó que las vacunas contra el COVID-19 no contienen los metales necesarios para causar magnetismo, y que este efecto es un "fenómeno general del cuerpo, ocurre en personas vacunadas como no vacunadas".
Para colmo de males para los antivacunas, los organismos internacionales han negado rotundamente la existencia de componentes magnéticos. Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han confirmado que las vacunas son seguras y están "libres de metales que causarían una atracción magnética". Es más, según el físico Alberto Nájera, la cantidad de material inyectado sería microscópica para sostener un imán en la piel, y si contuvieran material magnético, la vacuna "no sería transparente".
El mejor show, en el peor momento
Mientras que el Congreso se ocupaba de estos cruciales experimentos, es importante señalar que la diputada Quiroz finaliza su mandato en pocos días. Además, la jornada antivacunas coincidió con un contexto en el que, debido a la caída en las coberturas de vacunación, Argentina está experimentando rebrotes de enfermedades prevenibles como el sarampión y la tos convulsa.
En una respuesta quizás un poco menos dramática, el ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, tuvo que recordar al público, vía X, que el Calendario Nacional de Vacunación se basa en "evidencia científica y en décadas de uso seguro".