A las 15.30 del 11 de octubre de 2013, el helicóptero Bell 407 cayó violentamente a tierra en Valle Fértil, en plena campaña electoral. El entonces gobernador José Luis Gioja estaba acompañado por el secretario de la Gobernación, Héctor Pérez, y los candidatos a diputados nacionales Daniel Tomas y Margarita Ferrá, que fallecería en el acto en el lugar.
Justamente, el líder justicialista estaba en la butaca derecha junto a la aspirante, que siempre llevaba chocolates y caramelos en la cartera, mientras Aníbal Touris pilotaba la maquinaria. Sintió el chispazo del rotor -que luego supo que fue con un cable de alta tensión que desencadenó en el accidente- y el vértigo de la caída. Luego perdió el conocimiento por unos minutos. Cuando volvió sobre sí, era llevado en andas hacia el hospital departamental.
Pasaron 10 años de aquel momento. Entre medio hubo operaciones, rezos, internaciones en Buenos Aires, y una enorme caravana de regreso que lo llevó a retomar las riendas de la Gobernación sanjuanina y, más tarde, continuar con su carrera política y hasta enfrentar varias campañas proselitistas más como la que culminó el 2 de julio, cuando intentó volver al Sillón de Sarmiento tras ocuparlo tres veces consecutivas.
Con motivo del aniversario, este diario intentó comunicarse con Gioja por varios medios, aunque sin suerte. Sin embargo, el diputado nacional brindó una emotiva entrevista a fondo con Tiempo en 2014, a un año del accidente. En ese momento, recibió a los periodistas en los jardines de Casa de Gobierno y recordó ese hecho que marcó a fuego su historia personal y la historia de San Juan.
El entonces mandatario dijo: "Me ha cambiado la vida en el sentido de quererme mucho más. No es un eufemismo, disfrutar todos los días de la vida, de tomarse un mate, un vaso de agua, la vieja al lado, los hijos, los nietos… porque cuando uno no puede hacer las cosas que hace todos los días, ahí sabe lo que vale la libertad, que es lo más importante que hay, entonces, ir a tomar un café, caminar, poder estar, toma un valor, uno dirá qué estupidez, pero un buen amanecer o atardecer hay que disfrutarlo. Un buen truco un domingo, o cosas que el tiempo antes no es que no lo permitiera, pero uno como que se embalaba”.
Incluso aceptó que le había cambiado el temple luego de la traumática experiencia. "La verdad que sí, porque he pasado todas, también a uno lo hace más conservador en algunas cosas, me parece que es un muy buen aprendizaje. Por supuesto que no se lo deseo a nadie, pero hay que salir rápidamente, poner toda la pila que uno pueda, pensar que ‘El De Arriba’ existe en serio, y ayudarlo. Si no, no se puede, porque si uno se tira a chanta y piensa que será por generación espontánea o magia no es así”, señaló.
¿Cómo afrontó el proceso de recuperación? "Tiene que ver con la voluntad y con el acompañamiento. El de mi familia la verdad que es excepcional, los chicos, mi mujer, estar todo el día ahí, tener que correrlos yo todas las noches para que se vayan porque estaban todas las enfermeras ahí, para qué se iban a quedar. La gente de San Juan, las oraciones, los ruegos, me preguntan de dónde saqué fuerza y es eso. Yo creo que tiene una fuerza muy especial, ayuda eso. Me he juntado con tanta gente este año que me ha dicho ‘no sabés lo que he rezado por vos’", contestó en el 2014.
Gioja dio un mensaje para los sanjuaninos: "Hubo momentos en que uno decía, porque te sacaban de la pieza para hacerte una tomografía con las manos atadas atrás, ‘hasta cuándo, pará’, pero todo calladito, y con ganas, para salir rápido. ¡Salí de la terapia caminando! Y los chicos y mi mujer atrás ‘dale, dale’. Es muy lindo. Y el mensaje para la gente, lo digo humildemente, es que de todas las difíciles se sale. Nunca hay que darse por vencido. Y aquí estamos”. En ese sentido, marcó: "Nunca, jamás, me sentí derrotado. Y ninguno de mi familia. Ellos me cuentan en lo íntimo que no se imaginaron jamás que a mí me podía pasar algo. Y mire que San Pedro estaba ya esperando”.