Muy golpeado y con un disparo en la cabeza. Así fue hallado
un cadáver por los efectivos de la Prefectura, y ahora investigan si pertenece
al abogado Jorge Chueco, socio del contador de Lázaro Báez Daniel Pérez Gadín y
señalado por Leonardo Fariña en su declaración indagatoria del viernes pasado
como uno de los titulares de cuentas en el extranjero con dinero de la
corrupción sustraído por el empresario K que ahora está preso en Ezeiza. Ni la
esposa de Chueco ni las fuerzas de Seguridad están convencidas de que se haya
tratado de un suicido. Clarín supo que el abogado había recibido esta semana la
visita de tres personas en Iguazú, y que juntos habrían buscado escribanías
para firmar documentos.
"El abogado Chueco y Pérez Gadín me amenazaron de
muerte en el San Juan Tenis Club. Ellos trabajaban para colocar la plata negra
de Báez. Viajaron juntos a España, donde llevaron y depositaron mucho dinero y
Chueco figura en varias sociedades". Palabras más palabras menos, así fue
la descripción de Fariña sobre el rol del abogado desaparecido misteriosamente
en las últimas horas en la organización delictiva para lavar dinero de la que
él se mostró como un integrante arrepentido.
Tras esa declaración, el juez Sebastián Casanello habría
pedido al ministerio de Seguridad que realizara "discretas tareas de
inteligencia" sobre el abogado, al igual que sobre otras varias personas
mencionadas por el valijero en su indagatoria. Clarín no pudo confirmar este
dato en la justicia, porque la causa está bajo secreto de sumario. Pero en
cambio, sí lo hizo con miembros operativos de dos fuerzas de seguridad y la
Agencia Federal de Inteligencia (AFI).
Chueco, patagónico como muchos de los actores del elenco de
"la ruta del dinero K", había emprendido un misterioso viaje en
solitario hacia Iguazú, en donde desapareció hace cuatro días. Según trascendió
esta mañana, Patricia, su esposa, habría recibido una llamada de él avisándole
que se quitaría la vida y que dejaba dinero en un hotel. La búsqueda policial
de hoy en el hotel Saint George y la hostería Los Helechos -sitios donde estuvo
alojado Chueco- dio como resiultado el hallazgo de 44.000 dólares, mil pesos y
una carta.
Hasta ahí, la información oficial. Pero Clarín pudo saber
que el abogado desaparcido habría viajado a Iguazú para poder cruzar la
frontera con Brasil de inmediato si es que la justicia intentaba detenerlo, y
con la supuesta misión de ser "la pieza suelta" capaz de esconder
dinero y pruebas ante el avance del juez. En los últimos días, Chueco habría
recibido en Misiones la visita de tres personas, con las que habría estado
buscando escribanías para firmar documentos. Según pudo saber este diario, las
fuerzas de seguridad tienen la filmación de ese encuentro, y habrían pedido
ayuda a los espías de la AFI para identificarlos.
El cadáver hallado tendría ropa similar a la que usaba
Chueco la última vez que lo vieron, estaba muy golpeado y con un disparo en su
cabeza. Pese a que lo había escuchado deprimido en sus últimos contactos, la
esposa del abogado no creería en que se se suicidó. Fuentes de la policía
misionera tampoco abonarían esa tesis.
La noticia de la desaparición de Chueco es una bomba para la
investigación por "la ruta del dinero K". Pone en aprietos a los
funcionarios del ministerio de Seguridad, que no habrían podido vigilar y
cuidar al abogado pese a la orden judicial y a los pedidos de Gendarmería y
Prefectura, las dos fuerzas nacionales que operan en la zona y cuyos efectivos habrían
advertido sobre los problemas para cumplir la orden adecuadamente.