análisis

El factor externo, una luz amarilla

Desatados los impulsos por la renovación presidencial, en San Juan no dejan de abrir los ojos. ¿Puede el fenómeno tener su impacto en las urnas provinciales? Las enseñanzas del caso tucumano. Por Sebastián Saharrea
sábado, 29 de agosto de 2015 · 09:43

 
Daniel Scioli ha dejado claro en los últimos capítulos de esta novela por la sucesión que no será indiferente ni neutral al clima de época: una definición "democrática” con demasiado en juego. Un oficialismo nacional que entró a la última curva con un cuerpo de ventaja sobre el esquema que le compite y mezcla en dosis similares a dirigentes políticos opositores con factores de poder interesados en una completa retirada K.
Lo que no estaría sucediendo, y en cierto modo explica las ansiedades de estos tiempos. Manotazos, conspiraciones, ataques y contraataques con las nuevas armas de destrucción masiva en términos políticos, como la "información”. En el medio, el espectador-ciudadano sometido a un tironeo sin precedentes por su voluntad, y liberado a su único instinto posible: creer para acá o creer para allá.
En medio de este convulsionado contexto se da un recambio presidencial sin antecedentes en la historia nacional, de muy salteados episodios de democracia presentable. El asunto está en calibrar hasta qué punto el tsunami termina afectando efectivamente el ánimo del votante con las imágenes que se pueden ver: denuncias lapidarias –en el caso de ser ciertas- contra funcionarios de primera línea, uso vomitivo de imágenes asociadas a la desgracia ajena como las inundaciones, presuntas muertes de militantes en plena campaña, urnas quemadas a troche y moche, largos etcéteras más.
Para calibrar ese impacto –si es que lo hay y no se disuelve en un espejismo- habrá que citar un par de datos. El primero es que el presidencial del espacio oficial terminó siendo el menos afín a las lecturas más ultras, pero Daniel Scioli no ha quedado exento de las salvas. Por tanto, el bonaerense tuvo que salir forzado a involucrarse un poco más en el asunto: ya no le resbalan los ataques, y hasta no se podría descartar que haya alguno guardado para dedicárselo justo antes del día de ir a votar, como ocurrió con Aníbal Fernández.
Debió entonces Scioli dejar de jugar al juego que mejor le gusta, esquivar los balazos con elegancia, para quedar ocasionalmente en el medio de los disparos. Lo hace conociendo que está a centímetros de un triunfo en primera vuelta y para eso debe evitar que se le evaporen los votos del espacio más identificado con CFK y a la vez captar votos también afuera.
Por eso salió a recitar los párrafos centrales del modelo, a atacar a Macri como nunca lo había hecho, a plantarse en una receta más flexible pero ligada al oficialismo al fin. A funcionar como un presidencial, en suma. Conociendo también que una vez llegado al sillón podrá alivianar las cargas. Pero primero hay que llegar.
Tucumán fue una probeta de lo que podrá suceder en los dos últimos meses de campaña que son la recta final de esta agitada carrera presidencial (extensible 21 días más si hay ballotage), y es también una probeta de las esquirlas que pueden llegar hasta los distritos más remotos, por caso San Juan.
No deberá ser extraño para José Luis Gioja un dato clave. Esta vez, el bombardeo incidental lanzado por el eje opositor con apoyo antiaéreo de los grandes medios nacionales hizo blanco en un distrito provincial, sin dejar de lado a un dirigente como José Alperovich que tiene no pocos puntos de contacto con el sanjuanino.
Ambos son gobernadores provinciales desde hace 12 años: asumieron el mismo día de diciembre de 2013 y se despedirán el 10 de diciembre de este año. Los dos ejercieron una especie de refundación política en sus provincias, salpimentado con resultados atípicos: más de una década registrando niveles superiores al 60% y hasta bordeando el 70% de los sufragios en sus provincias. Sin ir más lejos, hace menos de un mes: Gioja clavó 62% en su campaña para diputado nacional y Alperovich casi lo empardó con el 61% de los votos para ser Senador.
Lo dicho, los dos se irán al Congreso de la Nación por la vía democrática en elecciones para las cuales tienen chances de marcar registros históricos en octubre en sus provincias. Y los dos jugarán un rol central en el próximo gobierno si es que Scioli accede a la Presidencia. Para eso fueron llamados a poner el cuerpo en las batallas que son las decisivas.
Por eso, el hecho de que la oleada de "inestabilidades” haya hecho escala en Tucumán y no haya discriminado en poner bajo las brasas a dirigentes tan categóricamente legitimados por el voto como Alperovich no debería ser un dato pasado de largo en San Juan. Tampoco, es cierto, el resultado: la oposición se había jugado a un resultado contundente en Tucumán desde mucho antes de las urnas quemadas y las serias denuncias institucionales, con desembarco de la plana mayor dirigencia incluida –Macri, Massa, Sanz-y el resultado ellos en las urnas fue de malo para abajo.
Eso quiere decir que hay ocasiones en las no resultaría conveniente pagar –en términos políticos, claro- por estos "episodios” más de lo aconsejable, a riesgo de una gran desilusión. Suele ser tentador en posibilidades de desgaste, no se verificó en Tucumán. Donde un candidato identificado más con el kircherismo (fue su ministro de Salud largos años) que con el líder provincial obtuvo más de 50 puntos, algo de 10 menos que los del propio Alperovich semanas antes. Número que los desórdenes hacer dejar de mirar, más allá de lo que pueda moverse el dato en el recuento definitivo y aún en elecciones complementarias.
En San Juan, la historia marca que Gioja siempre ha sabido desmarcarse a fuerza de resultados de los incendios entre el gobierno nacional y su contraparte. Esas imágenes no dejan de tener registro en la provincia y hasta cierto efecto a la retranca, serán esos los daños colaterales que deberá pagar. Pero nunca fueron demasiado significantes: ni cuando ocurrió la crisis por la 125, ni cuando los buitres o Nisman llevaron a varios gobernadores provinciales a huir despavoridos adelantando elecciones (Pérez en Mendoza). Con sus vaivenes lógicos, Gioja siempre quedó a salvo de esos movimientos, como ahora Alperovich en Tucumán pese a toda la bulla que se siente.
Siempre para ellos fueron más influyentes los efectos de pertenecer. Los recursos públicos de la Nación, los enviones de las obras, entre muchos beneficios de poner el pecho en los momentos difíciles. Claro que ésta es la hora señalada, la oportunidad que viene esperando el espectro opositor no sólo de desalojar la Rosada de cualquier vestigio K sino de garantizarse que no resurja.
A todos queda claro que Scioli es otra cosa, pese a haberse mimetizado con CFK y sus discursos de despedida en los últimos pasajes, arrastrado por las circunstancias. Lo saben todos, también es lógico que el hombre, una vez ungido, intente su propia historia personal: desconectado de algunos cables del pasado, pero no del todo por propia conveniencia.
Mientras, la hoja de ruta les marca fortalecerse aferrados en el medio de la balacera, que hasta acá no se ha demostrado eficiente para tener efectos concretos en las urnas.
Y el sanjuanino juega un rol clave en ese scrum del oficialismo. Para él, como todo momento parecido a los varios que debió atravesar, también abre oportunidades: su fortaleza está en la patria chica y allí su aureola se demuestra vigente. Lo de las oportunidades corre por cuenta de su apuesta a Scioli, el hombre al que deben cuidar. Gioja, Alperovich, Urtubey y todos los jefes de distritos que juegan a sus patas y hasta acá no les ha ido mal, aunque también hasta acá aún no han ganado nada.
Pudo verse a Gioja cantando la marchita en el balcón de la Rosada la semana pasada en el acto de CFK, se lo podrá en la intimidad adivinar mirando de reojo los episodios nacionales. También, unificando su discurso con todo el espectro del oficialismo nacional, por caso poniendo de ejemplo como al pasar lo que consideró –y es una novedad- su propia derrota: en Calingasta –dijo- aceptaron el resultado sin chistar pese a que no fue lo que esperaban. Manera de señalarle a la oposición lo que consideran que están haciendo: quejarse cuando pierden, como en el campito el que se lleva la pelota después de una derrota.
 San Juan tiene algo a favor que Tucumán no tuvo ni tendrá Chaco, seguro destino de las revueltas en su próxima elección provincial: todo su proceso local se dará a la sombra a las presidenciales que se juegan el mismo día, y por lo tanto no la apuntarán los reflectores de la exclusividad a la tucumana. A veces, el silencio es el mejor consejero.

Comentarios