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Personajes

Delia Pappano: Rebelde con causa

Los sanjuaninos la recuerdan por ser una de las legisladoras más combativas en la Cámara de Diputados. Por Viviana Pastor.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Los debates legislativos que se armaban con ella como protagonista, eran para alquilar balcones. Con su metro noventa de altura y su potente voz, era capaz de intimidar al más pintado. No sólo hablaba con pasión y energía desbordante, sino que sus argumentos solían dejar callados a los contrincantes de turno. Delia Pappano es absolutamente consciente de esto; aún hoy la gente la reconoce por la calle y ella misma admite que “no es que me quieran, me respetan”.
Es el arquetipo del feminismo y dice que desde niña fue rebelde.
Hoy, con 60 años recién cumplidos, Delia defiende los ideales de la Unión Cívica Radical como el primer día, pero también es archicrítica de sus hombres y decisiones. Desde el partido fundado por Leandro Alem, ella ocupó una banca como Diputada Provincial en los periodos 1995-1999; y 1999-2003. Esta experiencia es la que lleva a afirmar que “hoy no existe la Cámara de Diputados, hoy no hay debate”.
Desde el 2003 que la Pappano no aparecía en los medios de comunicación. Terminado su último periodo como diputada en la Legislatura, decidió que era el momento de guardar reposo político, pero no de la militancia, sino de los cargos. Hoy se dedica a dirigir el Instituto de Investigación de Ciencias Básicas de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes.
Dice que su materia pendiente es no haber ocupado una banca en el Congreso Nacional, pero asegura que no volverá a ser candidata.
La amiga y discípula de Raúl Ricardo Alfonsín cuenta su vida con la misma pasión con la que hablaba desde su banca, entonces, en la intimidad de su casa, uno advierte rápidamente que Delia no se hace, es; y que ningún exabrupto de su pasado fue sobreactuado.
A cara lavada, los ojos celestes de Delia resaltan mucho más, enmarcados por el rubio señorial de su pelo. Cuando la pasión del tema la desborda levanta la voz y es tan potente que llena el living de la casa.
Dice que proviene de una familia gorila y que le costó mucho “sacarme el gorilismo de encima”.
Nació en un pequeño pueblo al sur de Córdoba, Buchardo, donde todos eran agricultores, incluso su padre, “por eso el valor del campo lo conozco desde adentro”. Víctor Pappano fue concejal, cuando eran “honorables concejales” y no cobraban un sueldo por ello, era un “destacado del pueblo”; un amante de la música que tocaba el bandoneón y que llegó a tener una orquesta en el pueblo. Era Frondicista, de la UCRI. Su madre, Dorina Paletti, era ama de casa, Delia dice que, sin saberlo, su mamá fue una gran feminista, tenía un carácter muy fuerte y era muy independiente, ella sostenía que las mujeres debían prepararse para salir al mundo, y le decía: ‘querés ser como yo, ama de casa?’.
En la casa de los Pappano siempre se habló de política y las ideas de la UCR fueron impregnándola desde niña.
En Buchardo su infancia fue tranquila y bucólica, demasiado para el espíritu travieso de la niña Delia. Vivió ahí hasta los 14 años y luego la familia tuvo que trasladarse a un pueblo cercano para que el hermano mayor estudiara. Como pupila, Delia hizo dos años en el Instituto Sagrado Corazón de Serrano, y después de varios años de sequía, su padre vendió sus campos y se fueron a San Luis. Pero al problema de la tierra se sumaba que las monjas del instituto querían echar a Delia por mal comportamiento. “No fui una pupila agradable, soy una gran católica, pero con esas monjas y su forma de educar, tenía graves problemas de disciplina. Siempre fui rebelde, de niña. No me gustaba que me dijeran que tenían que hacer algo sin decirme por qué”, cuenta.
En San Luis tuvo una adolescencia pueblerina, ahí terminó la secundaria y empezó a estudiar Bioquímica. Su hermano se recibió, consiguió trabajo en Jáchal y se llevó a sus padres. Delia se quedó sola terminando la carrera y fue entonces cuando conoció al sanjuanino Héctor Camargo, un joven ingeniero que trabajaba en Vialidad Nacional en esa provincia. Fue un flechazo, se casaron a los 8 meses y cuando su primer hijo, Juan Eduardo, tenía 5 meses, Delia se recibió y resolvieron radicarse en San Juan, donde vivían las familias de ambos.
“Camargo me conoció con paquete y todo, así que después no se podía quejar. Yo a los 17 años empecé la universidad y a los 3 meses estaba afiliada al radicalismo como adhesión voluntaria, por ser menor de 18 años. Junto con Marcelino Oscar Iglesias y Ana María Fager fundamos Franja Morada en 1972”, cuenta.
A los 15 años había leído el libro Yrigoyen, de Félix Luna, y eso marcó definitivamente sus ideas. “Me enseñó a profundizar en el partido y a jugarme, me jugué en la decisión de hacer algo que me motiva y me gusta”, dice.
Cuando se iniciaba con Franja, el país atravesaba el fin de una dictadura militar, “con un Perón que volvía, que no volvía, pero con una mística a su alrededor, donde nosotros éramos un pequeño grupo de muchachos que intentaba demostrar que se podía vivir en un país democrático con igualdad y justicia sin necesidad de ir a las armas. Fue una etapa de mucha lucha, de mucho aprender, de mística, de romanticismo”, señala Delia.
Por entonces tenía compañeros montoneros, de la JP, del ERP, con quienes las discusiones de ideas y metodología eran el pan de cada día. Épocas cuando la militancia política se hacía desde las entrañas, entregando todo sin pedir nada a cambio. “Íbamos a buscar afiliados en bicicleta”, recuerda.

La legisladora

En el ’78 llego a San Juan, empezó a tomar suplencias en Química Orgánica en la Facultad, estaba en el libro de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) y no podía acceder a cargos en Salud Pública. A los dos años nació su segundo hijo, Alejandro, y en plena dictadura el comité estaba cerrado, pero ella era de la Junta Coordinadora Nacional y esos contactos le indicaron con quien hablar.
Cuando nació María Delia, su tercer hija, en 1981, lo sentó a su marido y le dijo: “te he dado tres hijos, ahora me tenés que acompañar”. Así fue. Camargo fue su columna vertebral, “jugó muy fuerte al lado mío, reconozco que es difícil para las mujeres en la política encontrar compañeros así”.
Su tarea como presidenta de la Comisión Investigadora de los diques Los Caracoles y Punta Negra, la pusieron en el pináculo de su carrera legislativa. Fueron famosos sus enfrentamientos con Hugo Dragonetti, que era la cara visible de Panedile, a quien ella llegó a decirle ‘ladroneti’.
“Dragonetti fue el pecado original de Jorge Escobar con AES Caracoles, que después con el gobierno de Alfredo Avelín, con la comisión de investigación, pudimos dar a luz el entramado corrupto. Cuando se cae el convenio tan ladino, AES dio voluntariamente un paso al costado, pero Dragonetti no daba el paso al costado”, recuerda.
Con Dragonetti protagonizaron un duelo verbal durante la investigación de la comisión, “nos dijimos cosas muy fuertes, tengo que reconocer que es un empresario con mucha experiencia y un muy hábil peronista”, dice.
Cuando Avelín fue destituido y había asumido la gobernación Wbaldino Acosta, se comenzaron a realizar algunas actas complementarias que a criterio de la comisión eran irregulares.  “El gobernador Acosta hacía actas con Cartellone, que estaba con alto riesgo financiero, fue ahí cuando casi en las elecciones empezamos a trabajar para que eso se cayera porque sino la provincia se iba a quedar sin diques y con juicios millonarios”, señala. A ella y otro par de diputados, los llamó el actual Gobernador, que entonces era presidente del Senado y Vice Presidente del país. Con Jorge Quattropani y Francisco Alcoba, analizaron la posibilidad de que las cosas no se hicieran por fuera de norma y la obra se pudiera llevar a concurso o licitación con quien pudiera hacerla. “Lo trabajamos fuerte, asumió José Luis Gioja, seguimos colaborando y la empresa que quedó seleccionada, con sello importante de la Nación, de Roberto Lavagna, fue Techint. Gracias a Dios se está terminando Punta Negra, fue una de las cosas que con el Peronismo pudimos darle un beneficio a la provincia, de eso me siento orgullosa”, dice.
Si sus palabras fueran una katana, ella sería la Uma Thurman de la Legislatura. “No fui funcionaria de micrófono virgen. Estuve en temas jodidos, me jugué muy fuerte, hice lo que la gente quería que hiciera cuando depositó el voto en mí. Mis hijos y mi marido sufrieron mucho por eso”.
Y agrega, “hoy, cuando veo la Cámara de Diputados, ni sé quiénes son los diputados, en los diarios no salen noticias de la cámara, no existe desde el 2003, son una escribanía de la Casa de Gobierno, claro que es responsabilidad de los sanjuaninos tener esa situación. Antes se nos permitía el debate”.
En el 2002, su hijo mayor le preguntó que iba a hacer para las próximas elecciones, estaba casi toda la familia sentada, “lo miro a mi marido, le vi la cara tan desesperada y les dije: ‘mamá va a entrar en año sabático’; y le vi la cara de tranquilidad. Me tocaba devolverles la mano”.
Quedaron asignaturas pendientes, como ser legisladora nacional, pero Pappano asegura que “no voy a ser candidata nunca más”.
La abuela babosa
El living de la casa está llena de fotos de sus hijos y sus nietos, sólo falta la más chiquita que sólo tiene 3 meses. “Ahora soy una feliz nona de cuatro nietos que tiene que viajar 2200 kilómetros para poder verlos cada mes porque viven en Buenos Aires”.
Sus hijos Juan Eduardo y Alejandro se fueron con 15 y 16 años a Capital Federal, los contrató el equipo de básquet de Boca. Alejandro fue Selección Argentina y Panamericano, hoy es Despachante de Aduana y es el papá de Manuel y Emilia. Juan Eduardo se dedicó más al estudio y es Ingeniero Civil y papá de Julia y Eloina.
María Delia, la menor, es abogada y aún no se casó, “yo le pregunto ¿para cuándo? Y ella me mira con cara de perro”, cuenta. “Creo que algo bueno hice con mi marido, criamos tres hijos maravillosos que son bellísimas personas”.


Pappano dixit
Destitución de Alfredo Avelín


“Lo viví con mucho dolor, pero lo teníamos que hacer sí o sí porque la provincia estaba sin gobierno. Había que hacerlo, él mismo lo quería, él lo buscó. La provincia no estaba gobernada ni dirigida, él estaba en las pequeñas cosas, era la locura total, no vivir la realidad de lo que pasaba. Era doloroso porque era el candidato a gobernador que yo llevé, iba primera en la lista de diputados provinciales, colaboré para que fuera gobernador, participaba de esas inmensas reuniones de gabinete donde había más de 25 personas que discutían y decidían la políticas de Estado de la provincia, en una mala concepción de la democracia, donde hasta los directores participaban. Era la manera más clara de ineficiencia, sin decisiones, y gobernar es tomar decisiones”.

La UCR después de Raúl Alfonsín

“Los grandes líderes a veces son perjudiciales porque son excluyentes. Sin tener una persona con las características humanas y políticas de Alfonsín, nuestro partido en el orden nacional empezó a naufragar, aunque creo que está volviendo a retomar su rumbo. Lo conocí en 1972 en la primera interna en San Luis. Desde entonces digo que tengo dos padres: el mío, que me formó, y mi padre en la política, que era Alfonsín. Aprendí mucho de él y lo lloré mucho cuando murió, como se llora a un padre. En 1989, en San Juan nadie era alfonsinista excepto yo. Un día le dije que no le iba a perdonar tres cosas: La Ley de Obediencia Debida, el Punto Final y haberle levantado la mano a De La Rúa en la convención nacional en Rosario para hacerlo precandidato en el interna. Me dijo ‘sólo te reconozco la última’”.

Sobre José  Luis Gioja

“Lo considero un amigo, fuera de la política lo respeto mucho y sé que es mutuo. Yo le dije que era el mejor mangueador, él manguea a la Nación extraordinariamente bien, por lo cual hizo muchas obras. Sabe medir  muy bien los tiempos, cuándo le toca estar al lado de esta esquizofrenia del gobierno nacional y cuándo dar un paso al costado. Es muy inteligente y eso sirve mucho cuando una provincia es económicamente dependiente. Además, tiene un muy buen Ministro de Economía, si hay una persona del justicialismo que respeto y valoro es Francisco Alcoba.
Pero Gioja no facilita la discusión, él sabe que lo van a votar, pero sería bueno que abriera un poco la discusión política en la provincia para que nos enteremos los sanjuaninos qué pasa. Por otro lado basó mucho el desarrollo en la obra pública y la minería, y se olvidó de la economía tradicional de la provincia”.

Textuales

“En el 2000 nos pedían que nos fuéramos todos, decime quiénes nos fuimos… muy pocos, están los mismos”.

“Yo milito, en la universidad participo de las discusiones, estudio, veo lo que pasa en el país, en la provincia, pero no voy a ser candidata nunca más”.

“Hoy no existe la Cámara de Diputados, no existe el debate. No conozco quiénes son los diputados, ni cuál es el presupuesto”.

“Voy por la calle y la gente todavía dice: ‘ahí va la Pappano’, no es que me quieran, me respetan”.
 
“¿Qué extraño? Extraño los debates, la participación, saber que podía hacer cosas importantes por la gente. No extraño la hipocresía”.


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