Para la gran mayoría de los abogados y el ambiente judicial en general, Gladys Rubia es una de las mejores juezas laborales de la provincia: ordenada, con el juzgado al día y sentencias acordes. Pero tuvo un problema: el año pasado postuló para ascender a camarista en el mismo fuero, y no quedó ni siquiera ternada.
Gladys Rubia sacudió el tablero de Tribunales la semana pasada con un fallo que hizo historia: fue el primero en la provincia en admitir el derecho de una trabajadora en participar de las utilidades de una empresa, en este caso de la minera Barrick. Y fue más allá: instruyó a la Cámara de Diputados provincial para que regulara mediante una ley provincial el contenido del artículo 14 bis de la Constitución Nacional, que admite ese derecho.
La emplazó en un año y le advirtió que, si se cumple el plazo sin novedades, deberá volver a actuar ella. El fallo fue apelado, por lo tanto el plazo quedó congelado y el cumplimiento del fallo quedará en suspenso por un tiempo. De todos modos, no se disipa la polvareda que levantó la resolución de la jueza en el ámbito empresarial por lo que resultaría de su eventual aplicación.
Rubia prefiere no hablar con los periodistas, bajo el argumento de que prefiere expresarse por medio de sus sentencias. Igual, hay cosas que hablan por ella.
Por ejemplo, su trayectoria como jueza. Rubia fue designada como jueza laboral desde la creación misma del fuero, hace más de 20 años, luego de que los juicios laborales se realizaran en la provincia en cámaras orales. Desde ese momento se mantiene junto a otros colegas designados en ese mismo día inaugural. Y desde ese momento es que se ganó una fama de eficiente: la mayoría de los abogados consultados coinciden con que Rubia es una de las mejores juezas del fuero, que lleva su juzgado -el 5to.- al día, lo que no es poco decir en un tablero general de morosidad, y que es una jueza muy trabajadora en el día a día.
Además de ordenada, Rubia lleva ganada una fama de jueza proclive a recibir las argumentaciones de los empleados que accionan en su juzgado.
El problema surgió el año pasado, cuando Rubia se presentó para ascender al cargo de camarista laboral, donde se presentaron tres vacantes. En la selección del Concejo de Magistratura, Rubia no fue ni siquiera ternada para ninguno de los tres cargos, y eso la enfureció. En el ambiente, muchos coinciden en que merecía el ascenso. Fueron designados los camaristas Julio Coll, Guillermo Baigorrí y Susana Raed.
Como medio para canalizar su furia, la jueza uso las redes sociales. Y escribió en Facebook una furiosa nota en la que se quejó amargamente por no haber sentido que se valoraran sus antecedentes en el eficiente manejo del juzgado, o la docencia universitaria que ejerce en la Universidad Católica.
“No obstante todos los antecedentes, con sorpresa me entero que no estaba incluida en ninguna terna, mientras que sí lo están otras personas que en comparación con mis antecedentes, realmente no podrían integrarla”, dijo.
Y agregó: “escribo esto no obstante tener conciencia de las consecuencias que en mi caso particular va a aparejar porque creo que es un deber que se desprende de mi función: velar por la correcta aplicación de la ley, desde el lugar en que me encuentre. Si entre todos no cambiamos el sistema, de forma mágica nunca va a ocurrir”. Y agradeció el apoyo recibido “en este amargo momento”.
martes 28 de abril 2026





