“Me quiero referir al video que vi recién de esa gente e carne y hueso, que no son actores, no son hombres y mujeres de mentira. No les estamos prometiendo que mañana van a salir de la villa, les estamos dando casa para que salgan de la villa. Me conmovió la madre con el chiquito en brazos. “¡Dios! Cuántas cosas quedan por hacer en la Argentina. A algunos les puede parecer poco, pero sólo el que se baña dentro de un tacho sabe lo que es no tener agua caliente”, dijo luego la mandataria en su discurso. Antes, en videoconferencia, se mostró afectuosa con los niños de una escuela que dejó inaugurada en San Nicolás, Buenos Aires.
Cristina, vestida en su riguroso negro y con una delgadez más marcada que en su última visita, se mostró cerca de la gente que la acompañó en el Auditorio. Le dio un abrazo fuerte a una chica que se acercó a recibir su casa en silla de ruedas, le respondió que sí a una señora que gritó desde el público que por favor haga “el Departamento de Artes Visuales”, y a una nena que pegó un grito en medio de sus palabras le dijo “Sí, soy tu presidenta”. Cerró con varios besos al aire, dijo “yo también los quiero mucho” a los militantes que le cantaban a ella y Néstor. Y abandonó la sala del gran órgano con un beso a una nena con síndrome de Down que estaba cerca del escenario.





