El análisis del mensaje de Gioja

El juego de los tiempos: los datos del pasado y el desafío del futuro

Hacia atrás, el gobernador se respaldó en un póker implacable: exportaciones, desempleo, crecimiento y mortalidad infantil. Y hacia adelante, apostó a lo que piensa que será decisivo en 5 años. Especialmente, Agua Negra y la megaminería. El día que los anuncios fueron lo de menos. Por Sebastián Saharrea.
martes, 03 de abril de 2012 · 11:46
Por Sebastián Saharrea
Memoria larga y memoria corta tuvo el gobernador Gioja en su primer mensaje en la Legislatura de su tercer período de gobierno, su novena vez en ese mismo lugar. La más extensa rememoró una vez más los tragos amargos de la crisis y su salida, de la que fue protagonista: por eso recordó aquella Segunda Reconstrucción con la que bautizó a su plataforma. Y la más corta focalizó en los últimos días del 2010, cuando confesó que tomó la decisión de ir por un tercer período: “No se reeligió un gobernador, sino un proyecto”, recordó.

Para el caso, los datos del pasado en los que se apoyó para valorar todo el camino recorrido casi que no merecen interpretación. Son contundentes, golpean, dicen todo. Más aún así, todos juntos, con la capacidad de radiografiar los últimos años de la provincia.

Fueron cuatro. Las exportaciones, motor excluyente de actividad económica: pasaron de US$ 150 millones en 2003 a casi US$ 2.500 millones en el 2011, la gran mayoría de ellos (2.000 millones) en la minería, pero un crecimiento vigoroso aún sin ella. El desempleo: bajó del 14% en 2003 a 3,6% en el último año, un dato sobre el que cualquier interpretación parece de sobra. Y el PBI –o, más exactamente PBG, como debe computarse en las provincias- que en esos 9 años se multiplicaron por 6. Y para no focalizar en números duros de la economía, uno que ablanda: la mortalidad infantil, que pasó de 19,4 por mil nacidos vivos en 2003 a 9,9, casi la mitad.

Volvió dos veces sobre esos números. Pero si bien el pasado es una señal y un respaldo, Gioja decidió poner la mira hacia adelante, consciente de que se trata del primer mensaje de un período de 4 años que se abre, y que así como fue mucha el agua que pasó por abajo del puente también es mucho lo que queda y aún está bien lejos de la rendición de cuentas global.

En ese plano, dejó una definición que seguramente será acuñada a fuego para lo que queda de su mandato: gobernar desde el futuro. Interpretado más o menos así: emprendiendo a mano dura aquellas cuestiones que tal vez hoy no dicen mucho, pero que en el futuro inmediato serán el eje político. Y le puso plazo: en 5 años “alcanzarán su cenit”. “Antes soñábamos con hacerlo, ahora creemos que podemos”, remató.

Y qué otra cosa encabezará la lista que Agua Negra, el túnel sobre el que comenzó hablando y luego concluyó. Dijo que aspiran a comenzar este año, pero que no lo puede asegurar porque no todo depende del gobierno provincial. Y agregó que faltan detalles.

Y apareció la minería, en un momento en que por fin parece aparecer un debate nacional. En mensaje hacia ese escenario es que lanzó cifras “en blanco y negro”, de esas que tienen el valor de aclarar sobre qué se discute. “No vamos a aflojar en defender la actividad que da trabajo a 65.000 personas”, dijo. Y amplió el radio de influencia de la actividad a más de 200.000 personas, las familias de quienes están directa o indirectamente vinculados.

Agua Negra y minería quedaron de esa manera entronizados en la hoja de ruta de los próximos años, selladas entre ceja y ceja del conductor. En el medio, hubo repaso de obras, algunos anuncios más conocidos que otros: sorprendieron el Ecopark y el Planetario sanjuanino, ya se conocía la decisión de las cloacas del Gran San Juan, la compra de cámaras de seguridad o el despegue esperado del teatro.

Y quedó espacio para lo político. Repetir que a la suerte hay que ayudarla frente a los embates de quienes remarcan el ciclo de los vientos de colas, y varias veces insistir en que lo que se ve es consecuencia de un proyecto provincial encolumnado con “un proyecto nacional que lo ampara y lo conduce”. Néstor, siempre presente. Y Cristina, también.

Eso sí, hubo poco misterio. Por eso no hizo falta repetir que no hay que almorzarse la cena.

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