fiesta del sol/ el análisis del día

El factor político y la sorpresa, las dos novedades en una edición difícil de igualar

Hubo pancartas a tono con la agenda nacional y una aplanadora al final con la Mona. Sumado a una realización técnica y artística impecable, quedó la vara muy alta para la próxima edición. Por Sebastián Saharrea
domingo, 26 de febrero de 2012 · 12:49
¿Quién podría imaginar que en una fiesta popular sanjuanina como la del sábado a la noche en el Zonda podrían atronar las consignas de reivindicaciones políticas como estandarte? Pues eso es lo que efectivamente pasó y le aportó a la celebración un contenido más profundo, de mayor reflexión, un mensaje que flote por encima de las ya habituales puestas gigantes de luces y sonido que siempre necesitan una idea que transmitir.

Fue esa una de las grandes novedades de esta edición: la decisión de agregarle discurso al despliegue visual. Empleando para eso varias de las palabras que suelen entusiasmar a las esferas nacionales, con nada menos que el vicepresidente Boudou sentado en primera fila. El reclamo de los vinos más populares –si se les quiere llamar así- como el moscato o la manzanilla para ser incluidos en el abanico de opciones vitivinícolas sonó a reclamo antidiscriminatorio del cual el gobierno nacional ha hecho bandera. Inclusión, inclusión, bendita palabra que suena en los escritorios del Inadi y que remite a debates como el matrimonio gay o la defensa de las minorías. Y que estaba en forma de metáfora en el escenario de la Fiesta del Sol.

Un guiño más que elocuente, junto a otra palabra demasiado utilizada hoy en los cruces de espadas políticos: las oligarquías. Contra esos grupos de poder reclamaban esas variedades desplazadas en la pulseada de las “mayorías” vitivinícolas contra las “minorías”. Así, el guión permitió que el contenido político atravesara la fiesta de manera frontal y por primera vez desde la reedición de la celebración.

La otra gran novedad fue la inclusión del factor sorpresa para el desenlace. Lo que exige una idea, una planificación y una ejecución muy cuidada para que no se filtre, más si el involucrado es un número uno de los quilates de la Mona Giménez. Algo se supo en los días previos, pero los organizadores se encargarlo de negarlo a muerte.

Hasta que alguien dijo en el escenario “¿quién se ha tomado todo el vino?” y quedaba el terreno cantado para la aparición del cordobés, un ídolo de multitudes que supo incorporar su toque personal a una historia muy bien contada y que ya tenía toques de humor e ironía. Calzó perfecto, lejos del temor de que le quedara un dejo populachero al cierre: la Mona sabe mucho también cuando tiene que aportar glamour.

Y la popular del cerro, igual que la platea, empachadas por un cierre bien arriba, de buen gusto, con la Mona tirando el bailecito junto con el dios Baco a la diosa Parra, los impecables personajes que fueron hilando el discurso en medio de una puesta que no mostró grietas y que dejó una imagen óptima de San Juan para quienes la vieron en televisión en todo el país.

Lo malo de estas grandes perfomances es que dejan el recuerdo encendido y la vara muy alta para las futuras ediciones. Ese será el desafío.

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