Pasaron cuatro semanas del brutal crimen en Trinidad, en el que una mujer asesinó a sangre fría a un jubilado en el interior de su departamento tras una violenta discusión, y aunque dos semanas después hubo otro homicidio que acaparó todas las miradas (crimen en Las Chacritas), la investigación judicial avanzó al punto que la fiscalía está convencida de que la acusada actuó sola.
Es que al menos cuatro elementos de prueba sostienen que María Cecilia Tejada Balmaceda fue la responsable del asesinato de Juan Bubica, a quien conocía de hacía un tiempo y con el que mantenía una relación cliente-proveedor, dados los servicios sexuales que le ofrecía. Ante las suspicacias de una posible participación de un tercero en el sangriento hecho, fuentes calificadas detallaron cuáles son los argumentos concretos que la acorralan y la ponen contra las cuerdas.
Una de la pruebas principales que comprometen a la mujer de 35 años, que permanece detenida en el Servicio Penitenciario, es el testimonio de la vecina de la víctima. La testigo fue quien dio aviso a las autoridades del brutal episodio y que también observó cómo la imputada escapó, protagonizando un cuadro grotesco. La misma oyó la discusión y luego observó únicamente la imputada, cuando se fugaba de la escena; incluso, con el arma homicida en su poder.
El otro indicio que apunta contra Tejada Balmaceda es el rastro genético que dejó en el lugar y en sus alrededores, ya que se halló su ADN en el domicilio y los peritos descubrieron el reguero de sangre que dejó en su escape. Sus huellas también están impregnadas en el cuchillo con el que el hombre de 68 años fue apuñalado al menos 100 veces.
La tercera prueba que la incrimina y que ya fue colectada por el fiscal Iván Grassi y sus ayudantes son las imágenes de las cámaras de seguridad en la zona, que la captaron cuando emprendía su huida. En todo momento, dijeron las fuentes, la observaron sola; a pesar de que más tarde las autoridades la descubrirían en las inmediaciones de la Terminal de Ómnibus con la compañía de dos hombres.
El último, pero no por ello menos importante, es el testimonio del chofer de colectivo que interactuó con ella momentos después del ataque. Es que la asesina se tomó un colectivo mientras se marchaba del consorcio donde había desatado un baño de sangre. El trabajador indicó que se hallaba en soledad y que, al notar los rastros de sangre que llevaba encima, le preguntó de dónde provenían y ella respondió que era su menstruación.
Esos y otros elementos la comprometen y la señalan como única responsable del crimen y, por lo tanto, se estima que el Ministerio Público finalice la producción de pruebas para solicitar la elevación a juicio. Pese a que hay quienes sospechan que hubo otros implicados, para los investigadores no hay dudas.
Es por eso que se aferran al contexto dado que, aunque existía una diferencia física importante entre la víctima y la atacante (él más grande y ella de menor contextura), en la previa estuvieron tomando alcohol y ello pudo provocar la indefensión del fallecido y favorecer la agresión de la homicida.