El cura Walter Bustos, que fue condenado a un año y ocho meses de prisión condicional por abuso sexual simple contra un menor, afrontar su segundo juicio por un delito similar, aunque en esta ocasión la pena que podría recibir lo llevaría directo tras las rejas, ya que la fiscalía anticipó que pedirá 14 años de cárcel para el religioso.
En ese marco, en la segunda audiencia del debate, el vínculo de Bustos con la Iglesia volvió a ser un tema cuando el testigo clave del caso, el ex sacerdote Nelson Cuello, contó cómo la institución actuó al enterarse de la denuncia. Indicó que, como se sabía, se inició un proceso penal canónico y, en este punto, resulta interesante saber qué pasó con la investigación que llevó adelante la Iglesia Católica.
A pesar de que Bustos fue sentenciado por la Justicia en el primer juicio que se ejecutó en su contra, el fallo todavía no está firme y por tanto no todo está dicho. Sin embargo, desde el Arzobispado de San Juan informaron que el pedido de expulsión había iniciado.
A través de un comunicado oficial de Gustavo Larrazábal, el entonces obispo auxiliar en la provincia, la iglesia católica manifestó su dolor por la situación, expresó su solidaridad con la víctima y aclaró que se estaba llevando adelante el procedimiento penal canónico, estipulado por el Código de Derecho Canónico y las normas de la Conferencia Episcopal Argentina, cuya definición dependía de las determinaciones de las causas penales contra Bustos.
Mientras tanto y desde que estalló el escándalo allá por agosto de 2018, el sacerdote continúa suspendido en el ejercicio de su ministerio pastoral, lo que quiere decir que no volvió a dar una misa ni a ejercer su rol como líder religioso dentro de una comunidad. Su última parada había sido en la parroquia de Angaco; allí se encontraba viviendo cuando se destapó la olla y comenzó su camino en sendas judiciales.
En aquella oportunidad, desde la Arquidiócesis de San Juan de Cuyo emitieron un comunicado en el que informaban que habían hablado con el denunciado (Bustos) y aseguraban que abrirían una investigación paralela con el fin de "que ayude a descubrir la veracidad de los hechos".
Como juez instructor del Tribunal Diocesano, el Presbítero David Gómez fue designado para investigar internamente el caso que se expuso contra Walter Bustos. En el debate, el hombre que dejó los hábitos contó que fue la autoridad religiosa que viajó hasta Valle Fértil para tomar cartas en el asunto y quien se reunió con la presunta víctima para entrevistarse con el menor para conocer en detalle la denuncia. De ello se labró un acta que habría sido secuestrada por la Justicia, en un allanamiento en el Arzobispado.
Según la investigación judicial, le tomó declaración a Bustos cuando se encontraba tras las rejas en el Penal de Chimbas y creó el legajo que fue enviado al Vaticano, con conclusiones, para una supuesta resolución. Sin embargo, ni él ni otras autoridades acudieron a la Justicia.
A su defensa, aseguró que no estaba obligado por el Código Penal Argentino a denunciar el hecho en fiscalía -luego cambió la legislación- y que estaba forzado por sus propias reglas canónicas a guardar silencio, hasta que existiera una definición desde Roma. Es por ese rol, dentro de toda la trama, que quedó en el ojo de la tormenta y se especuló con que podía quedar imputado. Sin embargo, eso no se concretó y el Ministerio Público sólo avanzó contra Bustos.
En conferencia de prensa, el obispo Jorge Lozano, Gómez y abogados de la Iglesia explicaron que la denuncia que impulsó el juicio que se está desarrollando no fue expuesta en la Justicia porque los delitos contra la integridad sexual, en perjuicio de menores, eran considerados de instancia privada; por tanto, se ataron al Derecho y respetaron el deseo del adolescente y su madre de guardar secreto y de resolver la cuestión puertas adentro.
Según manifestaron las autoridades religiosas, en acta quedó firmado que les recomendaban acudir a la Justicia para denunciar a Bustos. También aseveraron que por lo único que se juró fue por decir la verdad, al inicio de la declaración del menor. Es por eso que negaron rotundamente haberlo obligado a guardar silencio y haberlo hecho jurar sobre la Biblia. Por su parte, Cuello confirmó en su relato la presencia del libro sagrado.
Por el momento se desconoce si Gómez o alguna otra figura de la Iglesia declarará en el juicio. Hasta el momento lo hizo un diácono, identificado como Gastón Molina, quien acompañó a Cuello en una reunión que la presunta víctima mantuvo con ellos y su familia. El motivo del encuentro fue, según detalló, para que el adolescente le confesara a su mamá que había sido abusado, supuestamente, por Bustos.