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Historias del Crimen

El caso del remisero Vega: el viaje que acabó en asalto y tragedia en Santa Lucía

Mauricio Vega manejaba un Peugeot 504. Una noche de 2008 tomó un pasaje con destino a Santa Lucía, pero terminó asesinado y con su auto estrellado contra un poste.

Por Walter Vilca

Era quizás su último viaje esa fría noche del otoño de 2008. Mauricio Adrián Vega levantó a una pareja frente a los conocidos boliches de la avenida Rawson, en el Acceso Sur. Los jóvenes pasajeros le pidieron que se dirigiera al barrio Colon I y el remisero tomó rumbo al noreste sin hacer preguntas. Ese trayecto arriba del coche sería el último de su vida.

Vega tenía dos hijos pequeños y pasaba casi todo el día frente al volante. En la mañana y tarde trabajaba para una empresa y a la noche manejaba un Peugeot 504 - que alquilaba- en la flota de la Remisera del Valle. Esa madrugada del domingo 25 de mayo de 2008 estaba intensa y muy movida, por lo que le avisó a su pareja que seguiría hasta la hora de cierre de los boliches y recién volvería al amanecer a su casa en Rawson.

Mientras muchos sanjuaninos dormían, Mauricio Vega estacionó el auto al costado de la avenida Rawson a la pesca de algún solitario pasajero, de una pareja de enamorados o de esos grupos de amigos que ya no pueden sostenerse en pie a la salida del boliche, que siempre necesitan que los lleven a casa. El remisero nunca sabe qué le deparará el destino. Pero esa noche, el azar y el destino le jugaron una mala pasada al chofer de 32 años.

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Mauricio Adrián Vega, el remisero asesinado. Foto de Diario de Cuyo.

Mauricio Adrián Vega, el remisero asesinado. Foto de Diario de Cuyo.

Cerca de las 5.30 de la mañana, golpearon el vidrio de una de las ventanillas del auto de Vega. Una pareja de jóvenes le preguntó si estaba desocupado y el chofer les hizo señas para que subieran. La chica y el muchacho se sentaron atrás y ordenaron que se dirigiera al barrio Colón I, Santa Lucía.

El ocasional pasajero era José Gustavo Sanz, un joven de 23 años que en marzo de ese año había salido del penal de Chimbas tras cumplir una pena de 3 años de prisión por robo. Junto a él viajaba su novia, una chica de apellido Guzmán, con quien había estado en un boliche. Se cree que, al menos él, iba borracho o drogado.

Jamás se aclaró si la emboscada fue ideada únicamente por Sanz o si se trató de un plan de ambos. Vega siguió las indicaciones mientras escuchaba la discusión de la pareja. Al llegar a la calle Chacabuco, en la entrada del barrio, la joven le pidió al chofer que detuviera el coche y bajó ofuscada. Su novio le ordenó que continuara y girara por calle Belgrano.

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José Gustavo Sanz, el autor del asalto mortal.

José Gustavo Sanz, el autor del asalto mortal.

Los remiseros suelen ser testigos ocasionales de las más insólitas escenas en sus autos, así que Vega no se sorprendió y continuó el camino un par de cuadras. Supuso que ya estaban cerca. Se asombró cuando sintió que le apoyaron algo en la cabeza y escuchó que el joven pasajero le exigió que se quedara quieto y mirara hacia adelante. Tenía el cañón de un revólver calibre 32 en la nuca.

Ahí la historia se torna confusa acerca de lo que ocurrió después. Hay certeza de que Sanz se apoderó de los 180 pesos que llevaba Mauricio Vega; que también le sustrajo su celular, su billetera, el estéreo, el tarifador y el equipo de radio del auto. Pero existe la presunción de que el remisero, que medía 1,80 y era de cuerpo robusto, amagó con resistirse y enfrentó al ladrón.

En esos instantes se escuchó el estruendo de un disparo en el interior del Peugeot 504. Un adolescente que caminaba por la calle Belgrano oyó el tiro. También vio cómo el coche aceleró, recorrió unos metros y de golpe se estrelló contra un poste en la esquina de Belgrano y Proyectada, frente a una casa de la manzana B del barrio Colón I.

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El auto que conducía Vega. Foto de Diario de Cuyo.

El auto que conducía Vega. Foto de Diario de Cuyo.

Ese mismo chico que presenció el choque vio salir del auto a José Gustavo Sanz. Escuchó que éste se lamentaba y decía: “¡Lo maté! ¡Lo maté!”. El adolescente no entendía nada, pero casi se orina encima cuando Sanz lo encaró y le puso el arma en el pecho. Lo conocía. “Si hablás, te mato a vos y a tu hermana”, le dijo amenazante. Pero no fue todo: le entregó el tarifador, estéreo y el equipo de radio, y le pidió que caminara hasta la casa de su hermana Laura —vecina del barrio— y se los entregara en mano para que los escondiera.

El jovencito cumplió al pie de la letra la orden de Sanz y luego regresó a la esquina. Para entonces, otra vecina intentó auxiliar al remisero y el chico se sumó a ayudarla, pero lo único que pudieron hacer fue sacarlo del auto y recostarlo en el piso. Mauricio Adrián Vega ya no respiraba; su cuerpo estaba cubierto de sangre.

Esa mañana del 25 de mayo, el barrio Colón I se transformó en un hormiguero humano. Había policías por todos lados y el juez de instrucción Leopoldo Zavalla Pringles se puso al frente de la tarea de los peritos y los investigadores. El médico legista constató que el remisero había recibido un disparo de arma de fuego en la cara lateral izquierda del cuello. Horas más tarde, un médico forense confirmó que el chofer murió por una hemorragia medular y cerebral a causa del proyectil que se incrustó en la columna vertebral.

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Los compañeros de Mauricio Vega y otros choferes entraron al desfile del 25 de mayo de 2008 y protestaron frente a las autoridades del gobierno provincial. Foto de Diario de Cuyo.

Los compañeros de Mauricio Vega y otros choferes entraron al desfile del 25 de mayo de 2008 y protestaron frente a las autoridades del gobierno provincial. Foto de Diario de Cuyo.

Además de las pertenencias sustraídas a Vega, el dueño del Peugeot señaló que faltaban el tarifador, el estéreo y la radio del coche estrellado contra el poste. Esto confirmaba que lo habían matado en ocasión de robo, lo que indignó a sus compañeros de la remisera y a otros choferes. El malestar fue tanto que, esa misma mañana, un grupo de remiseros marchó con carteles y protestó durante el desfile por el 25 de mayo frente a las autoridades del Gobierno provincial para reclamar mayor seguridad y el pronto esclarecimiento del crimen.

Para entonces, los investigadores de Homicidios trabajaban sobre pistas firmes. Los policías tenían detenidos a un grupo de jóvenes, entre ellos al chico que presenció el choque y vivió el violento cruce con Sanz. El mismo domingo 25 de mayo allanaron la casa de la hermana del exconvicto en el barrio Colón I y hallaron los aparatos robados del remis de Vega en el fondo de la propiedad.

El lunes 26 de mayo, la Brigada de Investigaciones de la Policía de San Juan rodeó la casa de José Gustavo Sanz en el barrio Costa Canal III, en Concepción. Aunque intentó escapar por el patio trasero, fue capturado por los hombres dirigidos por el comisario Carlos Vallejo. En un pozo del mismo inmueble hallaron una bolsa con el arma homicida: un revólver Smith & Wesson calibre 32, con cuatro proyectiles en el tambor.

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El arma utilizada en el asalto y asesinato. Foto de Diario de Cuyo.

El arma utilizada en el asalto y asesinato. Foto de Diario de Cuyo.

La pericia balística practicada en esa arma y el cotejo con el plomo extraído del cadáver confirmaron que la bala que mató a Vega había salido de ese revólver. Todo apuntaba contra Sanz. Los testigos, entre ellos su propia novia, lo comprometían, al igual que los objetos secuestrados, aunque en principio él negó ser el autor del brutal asalto.

En noviembre de 2009, José Gustavo Sanz y su defensa llegaron a un acuerdo con el fiscal y firmaron un juicio abreviado en la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional. El joven reconoció la autoría del delito de homicidio en ocasión de robo, y el juez Juan Carlos Peluc Noguera lo condenó a 14 años y 8 meses de prisión.

El nombre de José Gustavo Sanz volvió a aparecer años más tarde, aunque ya no en las páginas policiales. TIEMPO DE SAN JUAN contó su historia: la del preso poeta, un hombre que había crecido en la delincuencia, que sufría de drogadependencia y que dentro del penal de Chimbas buscaba refugiarse en la escritura. En teoría, hoy está en libertad.

FUENTE: Sentencia de la Sala II de la Cámara en lo Penal y Correccional del Poder Judicial de San Juan, artículos periodísticos de Diario de Cuyo y TIEMPO DE SAN JUAN, y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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