"Suena la cumbia peposa, todo el mundo a vacilar", se escucha desde el interior de una vivienda, mientras a pocos metros un padre de familia intenta levantar una construcción de adobe, su refugio y el de toda su familia para el crudo invierno que se avecina. La música de Rubén Darío Castineiras, conocido en el género de la cumbia como "El Pepo", se hace escuchar en todo los rincones y es prácticamente lo que le da vida al sigiloso Río San Juan, un asentamiento marcado por la muerte, el conflicto policial y el rebusque social.
Los angostos pasillos internos de tierra de la villa están casi desiertos en pleno mediodía. Apenas se ven un par de niños dirigirse a la escuela y tres vecinos curiosos que salen de sus casas ante la presencia del móvil de Tiempo de San Juan. Pero nadie quiere hablar. Desde aquel 23 de marzo, cuando a la vista de todos una mujer fue asesinada de una puñalada por una vecina, en el lugar reina el silencio. "El barrio sigue igual, tranquilo, no sé de qué muerte habla", dice una vecina que vive a 200 metros de la casa de la fallecida: Fabiana "La Chingo" Cabrera.
Nadie quiere pronunciarse ni hablar sobre la gresca vecinal que se cobró una vida. El hecho ocurrió el 23 de marzo, cuando Yanina "La Porteña" Alderete, atacó con un cuchillo a Cabrera y la hirió de muerte. Se desconoce el trasfondo del conflicto -está en etapa de investigación- pero en el interior de Río San Juan dicen que el problema nació y creció por un altercado de "niños".
Un hombre fue el único que se animó a hablar con este medio. No quiso identificarse. Pero relató que hoy el barrio está "mucho más tranquilo" que semanas atrás y que las recorridas policiales bajaron los "desniveles" en un lugar que está convulsionado constantemente, desde hace seis años, cuando nació el asentamiento.
"Acá siempre hubo problemas. A veces había enfrentamiento entre la policía y los jóvenes, eso era constante. Cuando veías que un patrullero ingresaba a toda velocidad es porque algo había pasado. Un día le robaron a una familia y el dueño entró a otra casa con un revolver, buscando las cosas. Y había niños, fue tremendo. Esa familia no tenía nada que ver, pero así se resuelven los problemas acá", contó el vecino a este medio.
Entre los vecinos del lugar tienen un grupo de WhatsApp donde se habla de todo lo que sucede en el interior de la villa. De hecho, cuando se denuncia un robo o algún otro problema se resuelve a través de mensajes o llamadas. Nunca dan intervención a la policía. "Esto se solucionada cara a cara. Si te roban algo y ya sabes quién es, vas y hablás de frente. La Policía viene cuando pasa algo afuera. Igual, desde que pasó lo que pasó, hay más recorridas y está todo más tranquilo", dijo.

El barrio Río San Juan está en lo bajo, detrás de la Villa San Judas Tadeo, en Santa Lucía. Allí residen unas 50 familias, aunque cinco de ellas se sumaron en las últimas semanas. Para instalarse allí hay que pagar 25 mil pesos: una familia es la encargada de administrar todo el terreno y vende los lotes a ese precio. Son lotes que tienen luz a través de los famosos "enganches" y agua de pozo. No cuentan con cloacas ni mucho menos gas natural.
La casa de Fabiana Cabrera, la mujer asesinada hace 20 días, está actualmente deshabitada (la vivienda de la asesina también, tras la tragedia se fueron todos) y es la única de todo el lugar que está hecha de ladrillo. Las demás son precarias, de adobe y caña. "Estamos censados. Dicen que pronto nos darán una respuesta por viviendas, pero por ahora no tenemos novedades. Es complicado, imaginese las lluvias", agregó el vecino, quien explicó que la mayoría de las familias se dedica a la construcción y a otras changas.