El juez Benedicto Correa procesó a dos presuntos estafadores que embaucaron a una familia con la venta de un terreno que era de otros y después engañaron a un joven al que le sacaron 45.000 pesos por un cuatriciclo que recibieron como parte de pago por la primera maniobra fraudulenta.
La doble jugada no le salió tan bien a Gustavo Daniel Rivero, de 40 años, y Pablo Miguel Sandez, de 41 años, quienes esta última semana fueron procesados por el juez del Quinto Juzgado de Instrucción por el delito de estafa, en dos hechos. En el caso de Sandez, que participó en las dos maniobras, el magistrado dispuso su prisión preventiva dado que no tiene domicilio fijo y constantemente se anda mudando.
La maniobra que les endilgan comenzó a ponerse en práctica en febrero de este año cuando Rivero publicó a través de Facebook un aviso en el que ofrecía a la venta un terreno de 20 metros por 50 metros en inmediaciones de las calles Alfonso XIII y 5, en Médano de Oro, Rawson. Cristian Bettio, que buscaba terreno, se contactó con Rivero y acordaron ver la propiedad. El 1 marzo fueron a ver el lugar y Bettio quedó conforme, además hablaron sobre la posible forma de pago de la propiedad a un precio de 130.000 pesos. Ahí apareció también Pablo Sandez que decía ser el titular de cesión de derecho y también un tal Obiedo –en realidad dio nombre falso- que mantuvo contacto telefónico con la víctima para asegurarle que era el dueño anterior y estaba dispuesto a firmar la escritura. La propuesta se veía interesante para Bettio, que se retiró y luego lo charló con su mujer, fue así que decidieron hacer la transacción.
La familia entregó un cuatriciclo 250cc y un carro como parte de pago, además 30.000 pesos en efectivo a Sandez y Rivero. Acordaron además que otros 30.000 le darían al mes siguiente cuando firmaran la escritura, revelaron fuentes judiciales.

Sandez no se quedó con eso. Por otro lado, empezó a ofertar el cuatriciclo y el carro recibido como pago. El que cayó en la trampa fue Fabián Naranjo, que pagó 45.000 pesos por ese rodado y el acoplado, sin saber que éstos eran producto de una estafa.
El engaño quedó al descubierto cuando Bettio intentó contactarse con Rivero -el supuesto vendedor inmobiliario- para hacer la escritura. Notó que éste no le contestaba y además lo había bloqueado en watshapp. Tampoco localizó a Sandez ni al tal Obiedo. Es más, al averiguar sobre este último a través del nombre que le había dado y el número de documento, descubrió que era un nombre falso. El número de DNI pertenecía a una mujer domiciliada en Corrientes. Continuó investigando por medio de un escribano para saber a quién pertenecía la propiedad y se dio con que era un terreno fiscal de la municipalidad de Rawson. El que también se llevó una sorpresa fue Naranjo, el comprador de buena fe del cuatriciclo. Cuando buscó a Bettio para que hicieran la transferencia, se enteró que el rodado provenía de una estafa.
El juez Benedicto Correa dio por acreditadas las maniobras fraudulentas ejecutadas por Gustavo Rivero, domiciliado en Villa del Carril, Capital, y Pablo Sandez que reside en Loteo Montilla, Pocito. Por eso los procesó, aunque a éste último fue por los dos hechos y continuará preso. El tercer participe de la estafa, el que se presentaba como Obiedo, no pudo ser identificado y menos localizado.