La vida de Yamila Pérez fue demasiado sufrida desde su nacimiento hasta el día de su horrorosa muerte. Sus padres la abandonaron cuando nació. Tuvo una corta vida en la que las drogas, el trabajo por la noche y todo lo que concierne a los suburbios sanjuaninos, fueron los protagonistas.
Yamila tenía 27 años y tres hijos: dos nenas, de 9 y 7 años, y un bebé recientemente nacido, no llega al mes de vida. Los tres chicos son hijos de padres distintos. Al ser preguntados sobre los padres de los nenes, sus familiares de crianza emitían caras de dudas, ninguna respuesta certera. Aparentemente eran hijos de hombres que le pagaban a cambio de relaciones sexuales.
“Era muy buena chica, se crió con una familia vecina”, contaban sus tías. La joven mutilada y asesinada fue abandonada primero por su padre, y luego su madre la dejó. Una de sus primas expresó que el papá biológico sería un reconocido delincuente, apodado “El Cadena”. Mientras que su mamá, al poco tiempo de tenerla decidió dejarla e irse con otro hombre a la provincia vecina de San Luis.
Así de triste fue el comienzo de la dura historia que le tocó sobrellevar a Yamila. Ella se crió con una familia vecina, la cual la apreciaba demasiado. Ramón Baginay y su mujer Norma, decidieron incluirla a su ya abultada familia en una vivienda ubicada en el interior del barrio Cabot, más precisamente en la intersección de calle Tucumán y calle Piedra Buena.
La joven tuvo total libertad con su vida desde muy chica. Es por ello que de joven comenzó a rondar por las calles y suburbios sanjuaninos. Así también, tomó varias de las inclemencias propias de la noche: consumía drogas en exceso, era trabajadora sexual, vivía en la calle y durante días no aparecía en su hogar. La noche de su muerte, Yamila Lucía Pérez estuvo trabajando como prostituta.
Pérez solía pasar días enteros sin llegar a su hogar, por ello fue que pasaron algunos días hasta que sus familiares de crianza sospecharon que el cuerpo de la mujer mutilada, despellejada y asesinada podría pertenecer a su hija del corazón. Efectivamente, se trataba de Yamila Pérez.
Una de sus “tías de crianza” comentaba que a dos de sus hijos se lo había quitado el juez. “Al único que le dejaron me lo quería dar a mí para que lo cuidara mientras ella trabajaba pero yo no quería porque mirá si me lo quitan, me iba a poner muy mal”, explicaba entre lágrimas la mujer. Según sus relatos, “la última vez que la vimos por el barrio fue el sábado por la noche, desde ahí no supimos más nada de ella”. Esa noche fue a trabajar, como todos los días, para nunca más volver.
Como en el inicio de su vida, su desenlace también fue sumamente triste. La encontraron mutilada (sin sus brazos), con su cara totalmente despellejada y con varios cuchillazos en todo su cuerpo. Una vida caracterizada por el sufrimiento.