Cuando se ingresa a la Secretaría General de la Policía de San Juan,
ubicada en la Central de Policía, entre sus compañeros se encuentra Analía
Icazati, la única mujer policía que después de 10 años logró convertirse en
Suboficial Mayor, el rango máximo al que aspira en su carrera un suboficial de
la Policía.
Entre las felicitaciones de sus compañeros y su mismo jefe, la mujer de
46 años pasa sus horas trabajando en lo que más le gusta y sabe hacer. Mientras,
la esperan en su casa su esposo Ernesto y sus hijas Rocío, de 19, y Analuz, de
13. El 14 de mayo Analía cumple sus 25 años en la fuerza y en Tiempo de San
Juan hace un balance de su vida como Policía, combinando ese rol con la
familia, y viendo a lo largo de su carrera situaciones que "le tocaron al
alma", según cuenta.
Era 1992 cuando Icazati ingresó a la Escuela de Policía, con 20 años y
soltera. "Con el pasar del tiempo me puse de novia con una persona que es
civil, no integra la fuerza, con la cual me casé, formé una familia y nacieron
dos niñas", explica.
"Elegí ser policía porque me gustaba la idea, a pesar de que en mi
familia no habían, yo inicié el tema. Debo ser franca: también que fue por la
necesidad de tener un trabajo, que a muchas personas les pasa. Con el tiempo
uno se da cuenta de que tenemos carácter para esto, porque conozco muchas
personas que tal vez han pedido la baja porque no soportaron el régimen de
horarios o diferentes cosas que se han presentado", reflexiona.
Después de realizar la carrera durante un año y recibirse, se colocó el
uniforme. Analía tuvo sus primeros pasos en la División Brigada Femenina:
"Es una dependencia solamente de femeninas incluyendo la jefa, el servicio
que cumple ese lugar sigue siendo todo externo, operativos. También tiene un
depósito de detenidas donde a veces traen del resto de las dependencias
policiales porque no siempre se cuenta con personal femenino".
Luego de casi 14 años allí, su segundo destino fue la Comisaría Leiva,
ubicada en Rivadavia, donde estuvo más de 5 años: "Ahí es más completo el
trabajo, recorriendo la jurisdicción, haciendo prevención, el tema de
denuncias,cumplir con los oficios que mandan los juzgados de todo tipo",
explicó.
Y con más de 20 años en repartición fue trasladada a su último lugar de
trabajo: la Secretaría General de la Policía de San Juan.
Ejerciendo su profesión a lo largo de los años y con una familia a la
que cuidar, Analía cuenta cómo lograr mantener las dos cosas con el mayor
cuidado y responsabilidad. "Uno lo aprende a combinar, a veces son horas
nocturnas en que uno no está en casa pero siempre teniendo la precaución de que
esté papá o alguien con los niños, no dejándolos solos. También uno se hace
tiempo para estar en las escuelas, reuniones de padres, actos, cosas
importantes que uno se debe hacer un lugar para no dejar a los chicos solos y
acompañarlos en su crecimiento".
Mientras pasaba sus horas trabajando y veía crecer a sus hijas, la
suboficial mayor reflexiona sobre situaciones o hechos que "le tocaron el
alma", sobre todo en la Brigada Femenina. "Sabían llevar adolescentes
que ejercían la prostitución o el mecherismo y que a uno le da pena por el
hecho de ser jóvenes, tienen una vida por delante; y la falta de cultura o por
la falta de contención de parte de sus familias terminan cayendo en esas
cosas".
También cuenta que a la misma repartición "sabían llegar las niñas
drogadas, con lo típico que era pegamento, y le daba mucha pena a uno ver esas
niñas tan jovencitas, más cuando uno comienza a ser mamá, que le toca más de
cerca ese tema. O de repente que estaban las detenidas y le llegaban las
visitas de sus familiares trayendo sus hijos pequeños, es penosa esa situación,
que traigan niños menores de edad a ver a sus mamás es feo, es delicado, y le
toca a uno el alma".
Consultada sobre cómo ve la calle actualmente, Icazati comenta que
"creo que acá en San Juan todavía no hay tanta violencia como en otras
provincias, como es Capital, Buenos Aires, creo que se conserva un poco ese
respeto que hay hacia la Policía. Y hay que salir a la calle y cuidarse,
salimos a la calle y no sabemos qué nos puede pasar, desde un accidente hasta
algo grave con la delincuencia".
Salir a combatir la calle requiere una combinación de factores para los
policías. Y para Analía "uno debe tener un poco de todo, templanza,
criterio, ser responsable, ser educada; no por el hecho de tener un uniforme es
llevarse el mundo por delante o ejercer el abuso de autoridad, como le llaman.
Somos personas ante todos, la gente acude al policía porque lo necesita y de
esa forma debemos brindar ".
En abril se produjeron los ascensos en la Policía de San Juan y ella
logró el objetivo: poder retirarse con el rango mayor que la carrera de
Suboficiales le permite, que es el de Suboficial Mayor. Icazati se convirtió en
la única mujer en que después de 10 años llegaba a ese punto. "El cupo era
poco, 8 personas, entonces es un honor para mí, me siento muy bien por haber
sido seleccionada entre toda esa gente porque en mi promoción por ejemplo en actividad
somos casi 80, que nos estamos retirando y teníamos la posibilidad de acceder
al ascenso de esta jerarquía. A veces los tiempos no dan y uno se va con menos
jerarquía que pretende".
Desde su humilde lugar, esta madre cuenta porqué piensa que la eligieron:
"Seguramente una parte reconociendo a la mujer en la Policía. Aparte me
considero una buena policía, he tratado de ejercer mi función en los diferentes
lugares de la mejor manera, aprendiendo
un montón. Uno llega a los diferentes destinos y son cosas nuevas y he tratado
de ser muy responsable, cumplir con mis servicios. Es el reconocimiento que uno
espera y llegó sin pensarlo".
Finalmente Analía quiere dejar su huella de 25 años en la fuerza y que
la recuerden como la buena compañera que fue en sus tres destinos y por su
calidad de persona. "He hecho amistades con las que hasta en la actualidad
nos vemos y nos juntamos. La mejor parte de trabajar en la fuerza es tener
gente buena alrededor y que el día de mañana lo recuerden a uno como buena
persona o compañera, ese concepto es más que suficiente".