Un local clausurado se ha convertido en el campo de batalle de un ex inquilino y el dueño del lugar, que se acusan mutuamente de robo y morosidad. En el medio están tres perros que desde el lunes no comen, lloran todo el día con desesperación y ladran cuando alguien se acerca, como pidiendo salir de esa prisión en la que están sin motivo alguno.
El conflicto empezó hace unos días, cuando, según el dueño del galpón ubicado en Villa San Damián, debido a que el ocupante llevaba meses sin pagar, decidió sacar todas sus cosas a la calle. El inquilino, por otro lado, dice que estaba al día, que su locatario decidió cerrar las puertas de manera arbitraria y que hasta le robó herramientas de trabajo que tenía en el lugar.
El ocupante del taller era Rubén Recabarren, quien denunció por robo a un hombre de apellido Herrera. Fue el quien denunció la situación de los perros y dijo que debido al conflicto judicial entre las partes, el local está fajado y no le permiten ni siquiera entrar a alimentar a sus animales o por lo menos sacarlos del lugar. “Yo incluso he ido algunas veces para intentar tirarles algo, pero la madre del dueño vive al lado y no me deja ni acercarme”, explicó el hombre.
La mujer, Nery Herrera, también habló con Tiempo de San Juan, cuando este medio se acercó a retratar la situación de los animales. “Llevaba meses sin pagar, yo no me puedo comprar los remedios porque él no nos daba lo que nos debía y ahora para colmo tenemos problemas porque también dejó una deuda de luz y nos tenemos que hacer cargo. Por su culpa mi hijo está preso porque lo denunció por robo, cuando él (por Recabarren) se ha llevado cosas que son nuestras”.
Sobre los perros, la mujer dijo que están sin comer por decisión del ex inquilino. “La faja está rota, él ha entrado y ha salido varias veces y si no le da de comer a los animales ni se los lleva es para meter presión, para llamar a los medios”, dijo Nery.
En medio de la pelea, vecinos hablaron con Tiempo de San Juan y mostraron su preocupación. Es que si bien la faja sí está rota, los animales están desesperados y lloran todo el tiempo. “Los escuchamos todo el día, es angustiante”, dijo uno de los que viven cerca del taller, que está en Furnier entre Boulevard Sarmiento y Quiroga.