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CRIMEN EN EL BARRIO COLÓN

La dura historia familiar del pibe asesinado en Santa Lucía

Martín Fernández (17) era el mayor de cuatro hermanos. Se crió en un ranchito en el asentamiento 26 de Febrero y ayudó a sus papás a reconstruir su casa. Duermen en el piso porque perdieron todo en un incendio. Por Agostina Montaño

Por Redacción Tiempo de San Juan

 Por Agostina Montaño

 

El asesinato de Martín Fernández (17) significó una gran pérdida para sus papás, Gustavo y Yanina y no sólo por el dolor que significa la muerte de un hijo sino porque era, junto a su padre, el sustento económico de la familia. El chico era muy querido en el humilde barrio donde vivía y hasta ayudó a sus padres a reconstruir su vivienda. Cuatro meses antes de ser asesinado, Martín y su familia habían perdido todo en un incendio y ahora necesitan ayuda para salir adelante, otra vez.

Los hermanitos de Martín duermen en dos cuchetas que les donaron y los padres tienen que acostarse en el piso porque no hay lugar. La casa es muy chiquita y se divide en dos ambientes, una cocina comedor donde comen, hacen los deberes y pasan la mayor parte de su tiempo y una habitación donde duermen todos juntos.

"Yo trabajo cortando verduras en una finca para mantener a mi familia. Martín ayudaba vendiendo estampitas o hielo en la cancha y así vivíamos”, comenta Gustavo, papá del adolescente muerto, a Tiempo de San Juan. Además de Martín los Fernández tienen tres hijos más de 13, 9 y 5 años.

Todos viven en un humilde ranchito del asentamiento 26 de Febrero hace 11 años. Cuando llueve se mojan y la casa tiene grietas por todos lados. "Él consiguió estos hierros que usé para levantar la pared de nuevo, me ayudó con la cañas y los troncos para la pieza de los chicos. Los de Cattorini le dieron algunas cosas, a él lo querían mucho”, dice Gustavo emocionado mientras muestra el estado en el que está la casa ahora.

A Martín lo querían mucho en la Cristalería Cattorini, que queda a una cuadra de su casa. En la cancha de esa fábrica, el adolescente se juntaba todos los sábados a jugar a la pelota con sus amigos y el día que lo asesinaron venía de ahí.

Fueron los dueños de Cattorini quienes, según la mamá de Martín, "pagaron el nicho porque no teníamos con qué”.

En febrero de 2014, la provincia vivió el peor temporal de los últimos años y la lluvia afectó todas las construcciones en zonas rurales y casas de adobe. A los Fernández, dos habitaciones se les cayeron en la cabeza. "Estuvimos una semana viviendo en una escuela”, relata su madre.

Toda la familia recuerda esa época con mucha tristeza porque fue cuando Martín y su papá "se cargaron el equipo al hombro” y salieron a buscar cosas para la familia.

Pero el techo de la habitación donde duermen los Fernández es de cañas y palos así que el agua, igual, se mete por todos lados.

"Entre la lluvia y el incendio de hace cuatro meses, ya no sabemos qué hacer. Yo le hago arreglos a la casa pero igual el agua se mete”, cuenta Gustavo. La familia está desesperada, los hermanos más chiquitos del adolescente asesinado necesitan ropa, abrigos y colchas para pasar el invierno.

"Cuando se nos incendió la casa, el fuego empezó en la habitación de los niños por un cortocircuito”, dice Yanina. Fue ahí donde la familia perdió las camas y casi toda su ropa.

La zona donde viven es muy complicada y según Gustavo no pueden dejar a los niños solos porque "vienen y se te meten re drogados y te quieren robar”. Es más, a una semana del asesinato del adolescente en la plaza del barrio Colón, allanaron dos puntos de venta de droga a metros de la casa de los Fernández.

Mientras tratan de recuperarse de la muerte de su hijo, Yanina y Gustavo, hacen malabares para poder mandar a sus hijos a la escuela y que no pasen frío. La muerte de Martín les pegó muy fuerte y ahora quieren que se haga justicia.

"Yo voy a ver si me empeño en el trabajo para poder pagar un buen abogado que mueva esto para que no quede en la nada”, dice Gustavo.

 

El crimen del adolescente

A Martín Ezequiel Fernández (17) lo mataron de un balazo en el pecho el sábado 16 de abril. El adolescente había estado jugando a la pelota en la cancha de la Cristalería Cattorini con amigos como lo hacía siempre. Mientras tomaba una gaseosa con sus amigos en la plazoleta del Barrio Colón, en Santa Lucía, otro pibe de 16 años se le acercó y, sin mediar palabras, le dio un tiro en el pecho.

"Se abrió el camperón, le apoyó el arma en el pecho y le disparó”, comentó su madre a Tiempo de San Juan.

El homicida fue detenido en cuestión de horas por efectivos de la subcomisaría Santa Lucía Este, a cargo del comisario Caño, pero la policía todavía no sabe cuál fue el móvil del crimen. Unas horas antes de morir, Martín había estado jugando a la pelota con quien le quitaría la vida.



 


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