Dos sujetos, uno hijo de un ex jefe de la Plana Mayor de la
Policía; el amor a una prostituta, y una testigo protegida, las claves del
crimen de Pablo Sanginez, que de a poco comienza a esclarecerse para el
personal del Cuarto Juzgado de Instrucción.
A Pablo lo golpearon brutalmente y lo dejaron tirado en la
Terminal de Ómnibus, ensangrentado, el pasado 16 de febrero. El cuidachoches,
que era conocido en la zona por limpiar parabrisas en los semáforos de Avenida
Hipólito Yrigoyen y Avellaneda, murió 72 horas después .
Sólo, sin familia y viviendo en la total marginalidad
parecía ser un crimen que corría el riesgo de quedar impune. Pero una testigo
que vio lo que le hicieron y ahora está protegida por la policía, fue quien
destapó la olla y contó lo que pasó esa noche con el trapito de 30 años.
Gracias a esta declaración, la semana pasada la policía
logró detener a dos sujetos, cada vez más complicados, señalados como quienes
golpearon a Sanguinez hasta matarlo.
Uno de ellos de apellido Porras, es hijo de un ex jefe de la
Plana Mayor de la Policía de San Juan. Es más, fuentes judiciales, aseguraron a
Tiempo de San Juan que el joven es conocido en la Central de Policía no sólo
por su progenitor, sino también por su largo prontuario de antecedentes penales.
Porras inclusive llegó a ser un sospechoso en el crimen de Ariel Tapia (ver
recuadro).
El otro, de apellido Sánchez, es el segundo implicado,
también trapito como la víctima y hermano del tercer sospechoso que al cierre
de esta edición aún se encontraba prófugo de la Justicia.
¿Por qué mataron al trapito?
El motivo de la discordia, según fuentes judiciales, era una
prostituta, novia de Pablo con la que solían verse en una bodega abandonada
cercana a la terminal. Ese lugar, con dos colchoncitos tirados en medio de los
escombros, una fogata y restos de basura y ropa, era la casa del cuidacoches.
Y justamente habría sido ese problema "territorial” con
Porras y Sánchez lo que desencadenó en la muerte del trapito.
En Tribunales, la testigo protegida declaró que esa noche
Pablo estaba con su novia en la bodega y Sánchez llegó al lugar para su juntada
habitual de amigos. El cuidacoches lo corrió y Sánchez se fue enojado a
"ponerle las quejas a su amigo Porras”.
Porras, Sánchez, su hermano y quien ahora es la testigo
protegida, volvieron más tarde, según
ella misma declaró, para buscar venganza. Sin embargo, no lograrían su propósito en el lugar abandonado sino horas más tarde en la terminal.
Fue tal la golpiza que los tres hombres le dieron al
cuidacoches que murió dos días después.
Porras, un pasado complicado
El detenido, hijo de un jefe de la Plana Mayor de la
policía, también estuvo como sospechoso del crimen de Ariel Tapia, el niño que
desapareció en 2012 y apareció muerto en una heladera.
Fuentes policiales, explicaron a Tiempo de San Juan, que
cuando Ariel apareció muerto había dos investigaciones paralelas, una de la
División Homicidios y otra de la Comisaría 29. Esta última sección fue la que
sospechaba de Porras, por ser un delincuente conocido en la zona.
Sin embargo, no hubo pruebas suficientes para detener a
Porras y quedó desvinculado del crimen. Según la policía, Porras, es conocido
en el ambiente delictivo y tiene varias entradas a las comisarías. Si bien es dueño de uno de los carritos pancheros de la Terminal,
fuentes judiciales, dicen que elige la vida de la marginalidad que no condice
con sus ingresos.