María Celia estaba sentada en su reposera desde las 9 de la mañana. Faltaban más de seis horas para ver pasar al pelotón multicolor de la Vuelta a San Juan, pero la mujer había organizado una reunión especial desde muy temprano en la puerta de su casa. El objetivo era no perderse el paso de las las estrellas del ciclismo mundial. "Hicimos la comida rapidito para sentarnos a esperar a la carrera", cuenta la protagonista a este medio.
En Usno, un pueblito de 200 habitantes, ubicado a 10 kilómetros de San Agustín de Valle Fértil, se vivía una verdadera fiesta. Como la del 2020, última vez que la popular prueba recorrió el "centro" del pueblo vallisto. Hasta los niños de la Colonia de Verano de Usno se habían juntado en una curva con carteles, banderas y hasta globos.
Usno no fue el único pueblito remoto del Este sanjuanino que vivió con gran fervor la segunda jornada de la Vuelta a San Juan. En un puesto ubicado en el medio de la nada, con los cerros como únicos testigos, la familia Ontiveros sacaba de su vivienda una especie de pasacalles que decía "Bienvenidos a los Rincones".
Más adelante, en Baldes del Rosario, flameaban las banderas argentinas. Pedazos de telas que habían sido almacenados tras la obtención de la Copa del Mundo volvían a colarse en el aire. Con lo que había, se alentaba a los gladiadores en la etapa más larga y exigente de la Vuelta.
La Vuelta, por los pueblitos más remotos de San Juan