Vicky, una "Envidiosa" más real y con traumas compartidos
Después de la exitosa primera temporada de la serie argentina de Netflix, la segunda dejó gusto poco. Sin embargo, la nueva entrega volvió a los orígenes.
La temporada 3 de "Envidiosa" y el regreso a la serie original que permite reírse y repensarse al mismo tiempo.
Finalmente, el sueño se le hizo real. Una pareja buena, a la que ama y que la sostiene; la convivencia; y el deseo de conjunto de tener un hijo. Pero para quien arrastra traumas, disfrutar del bienestar puede ser una misión imposible y buscarle el pelo al huevo se vuelve un hábito automático. Ese es el dilema central que atraviesa la Vicky de Griselda Siciliani en la tercera temporada de "Envidiosa", que apenas llegó al catálogo de Netflix volvió a posicionarse entre las producciones más vistas en Latinoamérica.
Después del arrollador éxito de la primera temporada de la serie argentina de Netflix que rompió moldes, la segunda dejó gusto a poco. La apuesta exageró demasiado y ni siquiera los gags argentos fueron tan buenos como para salvarla. Sin embargo, la nueva entrega recupera la esencia que la convirtió en un fenómeno: personajes reconocibles, conflictos cotidianos y un tono de comedia dramática que funciona justamente porque se permite incomodar. Logra generar esa sensación de cercanía con vivencias y sentimientos de la vida cotidiana que, en mayor o menor medida, todos tenemos (a pesar de que intentemos ocultarlos).
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Luego de dejar atrás relaciones incompatibles con sus deseos y afectos, en “Envidiosa 3”, Vicky finalmente logra un “match” real con Matías (Esteban Lamothe), ese hombre simple que al principio la descolocaba por no cumplir con los estándares de vida que imaginaba para sí, pero con quien encontró cariño genuino. Ya instalados como pareja, parecen encaminarse hacia una vida perfecta. Sin embargo, los viejos traumas siguen acechando a la flamante arquitecta, que no solo batalla contra sus inseguridades, sino también contra su necesidad de sostener un vínculo impecable con sus amigas, interpretadas por Pilar Gamboa (además su hermana en la ficción), Violeta Urtizberea, Marina Bellati y Bárbara Lombardo.
La nueva Vicky ya no se refugia únicamente en el sarcasmo. Ahora enfrenta una rutina donde la estabilidad se vive como un logro… pero también como una trampa que deja al descubierto frustraciones acumuladas.
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En esta temporada, la envidia (motor central del género y del personaje), ya no está dirigida a sus amigas sino a una compañera de trabajo de Matías. Él pasó de ser mozo a convertirse en un productor televisivo exitoso y, en ese ascenso, profundiza su vínculo con Leda (María Abadi), una conductora carismática, libre, viajera, que vive una relación abierta sin culpa ni ataduras. Para Vicky, todo eso es terreno fértil para que reaparezcan los celos y afloren sus peores reacciones, convirtiéndola otra vez en una novia tóxica que no sabe cómo frenar.
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Uno de los puntos más efectivos de la temporada sigue siendo la dinámica con Fernanda (Lorena Vega), su psicóloga. Una mirada fija, un silencio prolongado o un simple gesto dicen más que cualquiera de los diálogos. Las escenas en el diván funcionan como columna vertebral del relato y como dispositivo narrativo clásico del género: permiten que la protagonista dé contexto, exponga sus contradicciones y se ría, consciente o no, de sí misma.
Otro acierto es que, esta vez, los conflictos no recaen únicamente sobre Vicky. Su hermana Carolina adquiere protagonismo y aporta una capa adicional a la mirada sobre la mujer contemporánea: la maternidad, el agotamiento emocional y la imposibilidad de conciliar pareja, hijos y vida propia. Esa tensión dialoga con el dilema de Vicky, que debate entre ceder ante el deseo de Matías de ser padre o priorizar los suyos, con el miedo latente de que cualquier decisión equivocada pueda llevarlo a alejarse.
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La traición y la lucha entre la posibilidad de ceder y quedarse en un lugar negativo pero cómodo o dejar atrás y esforzarse para avanzar hacia los propios anhelos, también queda en escena esta vez.
Con conflictos más realistas que los de la segunda temporada y un humor administrado con precisión, “Envidiosa” recupera el equilibrio perfecto del género. Logra entretener sin perder profundidad y, sobre todo, invita a reflexionar sobre experiencias genuinas mientras nos da permiso para reírnos (aunque duela un poco), de nuestras propias contradicciones.
Y seguirá. Aunque Netflix todavía no hizo ningún anuncio oficial, fue la propia protagonista quien lo afirmó. Griselda Siciliani informó que se decidió grabar otra edición. Exactamente, la actriz dijo: “Hay cuarta y última temporada”, en diálogo con el ciclo Ángel Responde, que conduce Ángel De Brito, por el streaming Bondi Live. Y agregó: "No lo sabe nadie, que hay cuarta y última temporada de Envidiosa. Terminó y ya está hecha".
El trailer de la temporada 3 de "Envidiosa"
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