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Colaboración

En tiempos donde todos hablan y pocos escuchan, un servicio gratuito de San Juan busca sanar el alma

Un grupo de voluntarios se prepara durante tres años para ofrecer algo tan simple como escaso: escuchar. Funciona en la Parroquia Santos Cosme y Damián, es gratuito, confidencial y está abierto a cualquier persona.

Por Cecilia Corradetti

Vivimos rodeados de mensajes, pantallas, audios y notificaciones. Nunca fue tan fácil comunicarse y, sin embargo, cada vez son más las personas que sienten que nadie las escucha.

Hay quienes cargan un duelo en silencio. Otros atraviesan una separación, la pérdida del trabajo, una enfermedad o una angustia que no logran explicar. También están quienes tienen amigos, familia y redes sociales llenas de contactos, pero aun así sienten que no encuentran un espacio donde poder abrir el corazón sin ser juzgados.

Frente a esa realidad que parece crecer en todas partes, una parroquia de San Juan decidió ofrecer algo que no se compra, no se receta y tampoco exige pertenecer a una religión determinada: tiempo para escuchar.

Los martes y jueves, entre las 18 y las 19.30, en la Parroquia Santos Cosme y Damián, funciona el Ministerio de la Escucha, un servicio gratuito, confidencial y ocasional que pone a disposición de cualquier persona un encuentro cara a cara con alguien preparado para escucharla.

La propuesta puede parecer sencilla. Sentarse frente a otro ser humano y hablar. Sin embargo, detrás de esa simplicidad existe un proceso de formación que dura tres años y que busca capacitar a laicos para desarrollar una escucha activa, profunda y respetuosa.

Juan Rodríguez es uno de los ministros que integra esta tarea y explica que la iniciativa nació a partir de una necesidad detectada dentro de la propia comunidad.

Tres temas para atender: la escucha, la espiritualidad y la misión

"Después de mucho trabajo apareció con claridad que había tres temas fundamentales para atender: la escucha, la espiritualidad y la misión. La necesidad de ser escuchados era enorme", cuenta.

Lo que realizan no es terapia psicológica ni asesoramiento profesional. Tampoco se trata de una confesión religiosa.

"Es un encuentro entre dos personas con historias distintas. Una viene a hablar y la otra se dispone a escuchar con todo su ser", describe.

Para quienes integran el ministerio, escuchar implica mucho más que permanecer en silencio.

Significa prestar atención con el cuerpo, con la mirada y con el corazón. Significa recibir los miedos, las angustias, las dudas y los dolores que alguien se anima a compartir.

"Muchas veces la persona viene con una carga enorme. Habla de sus pérdidas, de sus tristezas, de sus fracasos, de situaciones familiares difíciles o de problemas que no sabe cómo resolver. Nosotros tratamos de ofrecer una escucha amorosa, humilde y sin prejuicios", explica Rodríguez.

La preparación para llegar a desempeñar ese rol no es breve.

En San Juan existe una Escuela de Ministerios dependiente del Arzobispado donde quienes sienten esta vocación atraviesan un proceso de formación y discernimiento durante tres años.

No todos llegan al final.

"Hay un trabajo muy profundo para descubrir si realmente existe el carisma para este servicio. Es una vocación. No alcanza con tener ganas de ayudar", señala.

espacio de encuentro

Existen pocos ministros instruidos en la provincia

Actualmente existen apenas unos pocos ministros instituidos en la provincia y sólo tres parroquias desarrollan formalmente esta pastoral.

Sin embargo, la intención es que el servicio pueda expandirse progresivamente.

Lo que más sorprende a quienes participan es la magnitud de las necesidades que aparecen cuando alguien encuentra un espacio seguro para hablar.

"La verdad es que uno no toma dimensión de todo lo que la gente carga hasta que empieza a escuchar", reconoce Rodríguez.

En los encuentros aparecen historias atravesadas por la soledad, las adicciones, la falta de trabajo, conflictos familiares, angustias profundas y heridas emocionales que llevan años abiertas.

Muchas veces, explica, las personas llegan con la sensación de haber perdido algo esencial.

"Vivimos en una sociedad muy centrada en el yo. Yo hago, yo puedo, yo consigo. Pero el ser humano necesita de otros para caminar la vida. Necesita vínculos, necesita comunidad, necesita ser escuchado", dice.

Por eso el ministerio está abierto a cualquier persona, sin importar sus creencias religiosas.

La escucha no distingue credos. Tampoco edades ni situaciones económicas.

"Hay momentos en la vida donde todos necesitamos hablar con alguien. A veces lo hacemos con un amigo. Otras veces sentimos la necesidad de abrirnos con una persona que no conocemos pero que está dispuesta a escucharnos de verdad".

Los encuentros tienen un límite de hasta tres entrevistas. En caso de detectar situaciones que requieren atención especializada, los ministros orientan a la persona hacia profesionales o instituciones adecuadas.

Cuando aparecen casos de violencia, abuso o situaciones de riesgo, existe un protocolo específico que incluye información y derivaciones a organismos preparados para intervenir.

Juan Rodriguez en un espacio para muchos sagrado

El objetivo no es reemplazar a psicólogos: la misión es acompañar y escuchar

El objetivo no es reemplazar a psicólogos ni psiquiatras. La misión es otra.

"Nosotros tratamos de acompañar un proceso. A veces la persona no sale con su problema resuelto, pero sale habiendo empezado un camino de sanación", advierte.

Quizás por eso quienes integran el ministerio hablan de un encuentro de almas.

Porque en una época donde abundan las opiniones, los consejos rápidos y las respuestas inmediatas, ellos proponen algo distinto. Escuchar de verdad, sin interrumpir ni juzgar. Escuchar sin mirar el reloj. Escuchar como quien le recuerda al otro que su historia importa.

Y tal vez allí resida el verdadero valor de esta iniciativa.

En una sociedad donde la soledad se convirtió en una de las enfermedades silenciosas de nuestro tiempo, alguien dispuesto a escuchar puede transformarse en el primer paso hacia la esperanza.

Rodríguez explicó que el espacio de escucha forma parte de una parroquia fuertemente comprometida con la comunidad. Además de las misas de sanación y acompañamiento espiritual, allí funciona la Comunidad Fuego, dedicada a la recuperación de personas con adicciones, y un importante trabajo solidario a través de Cáritas. "La prioridad siempre es la persona que necesita ayuda, más allá de su fe o religión", resumió.

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