-¿Cuánto tiempo llevás metida en el mundo de la danza?
-Ya son 32 años los que he cumplido junto la danza. Me formé básicamente en clásico, contemporáneo y jazz, que eran las tres disciplinas que había en el Instituto Isadora Duncan, al cual recuerdo con muchísimo amor. Al salir con 18 años fui mamá y por obvias razones me desligué un poco.
-¿Cuándo retomaste?
-Un tiempo después llegaron a San Juan representantes de la escuela de Julio Bocca para hacer una audición y entregar unas becas. Venían profes de allá para hacer un intensivo durante la semana y yo me lo tomé como mi oportunidad para volver. Y gané la beca, que era mi objetivo.
-¿Y cómo te acomodaste entra la maternidad y la danza?
-Gracia a mi mamá. Me bancó mucho y gracias a ella podía cumplir con las tres clases de la semana, que eran de teatro, danza y canto, y un fin de semana al mes tres días intensos de las tres disciplinas. Mi madre fue la que más me acompañó y me permitió seguir estudiando.
-En 32 años da como para haber pasado por todos los escenarios de San Juan, ¿no?
-No lo vas a creer, pero me falta uno: el Teatro del Bicentenario.
-El programa de la Temporada 2023 del Teatro del Bicentenario incluye la adaptación de ‘Conectados’, el espectáculo final de la Fiesta Nacional del So y vos estuviste ahí…
-Entonces va a ser mi primera vez
-¿Tenés ganas de estar?
-Sí, siempre. Las ganas de bailar nunca se me van. En algún momento me replantee esto de la edad, pero sigo. También estuve en la compañía Riveros Luna, donde a veces vuelvo para algunos proyectos, y ahí te das cuenta de la diferencia de edad al tener compañeras de 16 años. Nosotros trabajamos con el cuerpo y, si bien tengo ventajitas por la experiencia, la pierna ya no se va igual, ya no dedicás tanto tiempo a horas y horas de ensayo. Con la vida uno empieza a resignarse y asumir que la carrera artística se termina. Es un poco como lo de los futbolistas. Hay que empezar a buscar otros caminos.
-¿Vos estás buscando esos caminos dentro del mismo mundo artístico?
-No, dentro del mundo artístico no porque creo que no me voy a dedicar al 100 %, o ya no lo hago. Además, ya me di cuenta que voy a seguir vieja y voy a seguir bailando.
-¿La danza permite ir adaptándose a la edad que uno va sumando?
-Sí, hay disciplinas que por ahí son más amplias. Por ejemplo, tenés el folklore muy estilizado para los más jóvenes tal vez y el más tradicionalista en el que yo veo a personas de 80 años bailarlo. Yo me veo bailando lo que sea, me veo siempre en movimiento. No quiero que eso se termine nunca.
Ya me di cuenta que voy a seguir vieja y voy a seguir bailando Ya me di cuenta que voy a seguir vieja y voy a seguir bailando
-¿Y de todos los géneros cuál es el que más te ha costado?
-Como dije, yo me formé en tres (clásico, contemporáneo y jazz), pero después yo decidí hacer cursos porque me parecía que tenía que tener idea un poquito de todo. Y de todos esos el que más me costó fue el español, el flamenco. Me resultó muy difícil. Y después, dentro de los tres que yo si estudié más a fondo, me resultó más difícil en clásico, pero creo que fue por una cuestión psicológica.
-Más detalles, por favor
-Si bien considero que nunca fui mala, pero para mi época, que por suerte ha ido evolucionando, había una cuestión muy fuerte con el físico. El famoso bullying, del que ahora se habla mucho, en aquel tiempo era directamente de los profesores. Un día engordé 200 gramos y me dijeron “qué gorda que estás, así pensás bailar clásico”. Te juro que yo me miraba y me veía gorda. Fue cruel.
-A todo esto, ¿de dónde viene tu pasión por la danza?
-Yo tengo una teoría y mi mamá cuenta otra. Voy a contar las dos porque al final creo que tienen algo que ver. Según la de mi madre, un día un médico le dijo que yo tenía escoliosis y que una pierna medio que se me ‘achuecaba’. Entonces le sugirió que me llevara a danza clásica y lo hizo. Según la teoría que yo me acuerdo, yo estaba todo el tiempo saltando y brincando y esa mujer ya no sabía que hacer conmigo. Entonces entre la escoliosis y me hiperactividad decidió llevarme a danza. Tengo un recuerdo hermoso de esas escaleras eternas del Duncan en la peatonal y con los ojos iluminados. Ahí quise estar para siempre. Me gustaría volver a ese Duncan que yo recuerdo de chiquita.
El famoso bullying, del que ahora se habla mucho, en aquel tiempo era directamente de los profesores El famoso bullying, del que ahora se habla mucho, en aquel tiempo era directamente de los profesores
-Hablando de recuerdos, ¿cuál es el más emotivo sobre un escenario que se te viene a la cabeza?
-Uno fue en la Fiesta Nacional del Sol 2013, cuando me tocó ser la protagonista: Lola Mora. Fue muy emocionante, muy impresionante, porque es muy difícil que una bailarina (o bailarín) baile ante tanta gente sola. Me dio mucho miedo, temblaba entera. Había un tipo túnel y andando con las zapatillitas de media punta me asomé y cuando vi todas las lucecitas en el cerro dije ‘Ay, Dios y empecé a temblar. Otras veces he sentido nervios, pero esta vez temblaba.
-¿Y el otro?
-El otro Cosquín. Siempre he ido con Riveros Luna y vivido distintos momentos de mucha emoción. El año pasado fue muy emotivo para todos por muchas cosas. En lo particular fue especial porque por trabajo había dejado de bailar durante unos años. En un momento había intentado volver porque nuevamente fui madre (risas).
-¿Alguno de tus hijos salió bailarín?
-No, ninguno siguió mis pasos. Paloma es patinadora artística, Alma es hockista y el más chiquito es futbolero. Él dice que es el Dibu y se corta el pelo como el Dibu. Él chocho.
-No serán bailarines, pero realizan actividades que también necesitan de una disciplina si se quiere ir superando etapas o ascendiendo.
-Sí, yo creo que todo necesita una disciplina. La vida artística no es tan fácil como muchos pueden llegar a pensar. Por ahí se cree que es un hobby, pero para mí es un compromiso enorme. Más allá que haya dinero o no de por medio, para mí es un compromiso. Es una actividad que necesita disciplina y que me llevó muchos años de mi vida poder estudiar, desde físicamente hasta libros. Por ejemplo, con Riveros Luna aprendí a hacer obras que para poder ejecutarlas necesitás mucho estudio. No es solo decir voy y me subo al escenario. La gente dice es solo media hora, pero esa media hora llevó meses o años de estudios y ensayos. Los cuadros de Cosquín duran 10 minutos y nosotros estuvimos un año entero ensayando y estudiando para esos 10 minutos.
La vida artística no es tan fácil como muchos pueden llegar a pensar La vida artística no es tan fácil como muchos pueden llegar a pensar
-Da la sensación que sos bastante exigente para los ensayos, ¿puede ser?
-Sí, pero en realidad es porque soy muy laboral, por decirlo de alguna manera. Yo llego, saludo, hago el ensayo, agarro mis cosas y me voy. No hago amigos. Mis amigos son mis amigos, la danza es la danza y mis otros trabajos son mis otros trabajos. Los quiero mucho a todos, me encanta compartir con todos, pero no suelo mezclar.
-Entre tus actividades también está la de sommellier, ¿cómo convive justamente esa labor con la danza?
-Es lo mejor que te puede pasar, es lo más fácil.
-Explicá cómo es eso por favor
-Cuando uno es artista, sea del género que seas, puede aplicar todo lo aprendido en otros trabajos. Vos como artista a la hora de ser sommelier vas a saber cómo montar una degustación, cómo pararte, cómo seducir. El arte es seducción. El arte es ego. Si lo hacés es porque querés que te miren, no nos engañemos, no nos hagamos los hippies. Hay una realidad y el tema es si la querés asumir o no. Para mí hay una conjugación directa con todo lo que vas a hacer. A mí me gusta ir seduciendo por la vida, donde sea. Y directamente con el vino creo que es arte. Tiene un proceso técnico y el producto final es una exquisitez, es un disfrute.
-¿Existe un maridaje entre los distintos tipos de danzas y los vinos?
-Sí, pero yo igual soy mala sommelier. Tengo una teoría que comparto con mi madre: si bien estudiamos maridajes como que el Chardonnay va con las pastas con salsita blanca o que el Sauvignon Blanc va con salmón, si a vos te gusta el vino tinto con salmón hacelo. Es algo ya muy subjetivo. Podés tener parámetros, pero al final podés hacer lo que quieras.
Vos como artista a la hora de ser sommelier vas a saber cómo montar una degustación, cómo pararte, cómo seducir. El arte es seducción. El arte es ego Vos como artista a la hora de ser sommelier vas a saber cómo montar una degustación, cómo pararte, cómo seducir. El arte es seducción. El arte es ego
-Volviendo al maridaje danza-vino, yo te tiro un género y vos me decís con qué vino va, ¿Ok?
-Dale.
-Chachachá.
-Un Chachachá lo pondría con un Cabernet Sauvignon.
-Folklore norteño.
-Un Malbec.
-Vals.
-Uy, qué delicado. Creo que va con un Chardonnay.
-Uno más: un ‘cuartetazo'.
-(Risas) Se me vino algo a la cabeza que está mal.
-¿Por qué está mal? Mezclamos si hace falta.
-(Risas) Sí, con pomelo. Pero igual el cuarteto a mí me gusta y le vamos a dar un Tannat que esté bien fuerte. O un ‘fernezazo’, no tiene nada que ver pero va.
-La o el sommelier no se queda solo en vinos.
-No, claro que no. Uno elige, hay ramas. Hay sommelier de vinos y también tenés sommelier de agua, de yerba mate, de té y de todo lo que se te ocurra.
-¿Y vos en qué rama además del vino te defendés o te gustaría incursionar?
-En la de yerba mate. Hice un cursito y la verdad que me pareció muy interesante. Descubrís cosas que uno ignora. Por ahí los abuelos te decían que tenías que sacar el polvo, pero en realidad el polvo te da mucha información. El color del polvo te dice de qué calidad es la yerba, por ejemplo.
-¿De dónde sacás tanto tiempo para la larga lista de actividades que tenés?
-No sé (risas). No tengo una técnica, pero ahora tengo que ver cómo sumo un tiempo para el gimnasio. Me voy a tener que sentar a diagramar.
Hay sommelier de vinos y también tenés sommelier de agua, de yerba mate, de té y de todo lo que se te ocurra Hay sommelier de vinos y también tenés sommelier de agua, de yerba mate, de té y de todo lo que se te ocurra
-¿Sos ordenada en tu vida? Es decir, ¿si entro ahora mismo a tu pieza la voy encontrar ordenada?
-Depende del día, no te voy a mentir. Tengo días en lo que está todo muy precioso y otros en los que no me dio tiempo y lo primero que se enquilomba es la pieza. Lo único que sí es que la ropa sucia siempre va directo al canasto o al lavarropa. Tenés que encontrar el tiempo en el que vos llegás a cocinar y metés la ropa en el programa de media hora. Ahí cocinás, le das de comer a los niños y cuando terminás con eso tendés la ropa.
-¿Esos malabares en el día a día los aprendiste de tu etapa en el mundo circense?
-(Risas) No, no, ahí no tenía tantos hijos. Qué experiencia hermosa, me había olvidado de contarte. Un día, gracias a una amiga, conocí a unos chicos que estaban dando vuelta con un circo y me invitaron a irme un tiempo con ellos para bailar. Ellos tenían introducciones de baile a cada uno de los números aéreos que presentaban y me fui. Armaba coreos y bailaba.
-¿La experiencia fue en San Juan o te fuiste con el circo de gira?
-Fui de gira por la Argentina hasta que ya fue muy lejos y me tenía que volver. Tenía que volver a la facultad, tenía que volver a la realidad (risas).
-¿Y qué tal la vida en el circo?
-Es hermosa. Esa una vida normal nada más que la vivís en un espacio reducido, es como que tu casa se achica. Yo antes de irme lo primero que pedí fue entrar al baño, yo necesitaba saber cómo era. Y entrabas y era todo normal, se habría el agua. Es como un barrio, cada uno tiene su casa, pero es un barrio itinerante.
Mirá la entrevista completa AQUÍ