Los más grandes y nostálgicos recordarán con emoción aquellas crónicas fantásticas y llenas de adrenalina con las que José de Zer hacía llegar el termómetro del rating a lo más alto durante el noticiero de Nuevediario, a finales de los ’80. Aquellos más jóvenes, conocerán la historia con una mirada diferente, tal vez más crítica e incrédula. “El hombre que amaba los platos voladores”, la nueva película argentina de Diego Lerman que Netflix agregó a su catálogo, está inspirada en la vida del renombrado periodista, interpretado por Leonardo Sbaraglia, y es una verdadera mezcla de ficción y realidad.
Desde hace meses, los extractos del film que ya pasó por el cine y ahora desembarcó en el streaming, muestran a Sbaraglia con el pelo blanco y el micrófono en la mano generando expectativa.
La película muestra el detrás de las crónicas que, por sus características, están cerca de ser las primeras fake news de Argentina cuando todavía faltaban décadas para que el término comenzara a usarse. Es una recreación de aquellos relatos creados por el comentarista canoso, que mientras caminaba agitado ante la primicia y la desesperación por capturar lo inesperado, pedía a su camarógrafo: “Seguime, Chango”. Así mantenía cautiva a la audiencia con supuestos bichitos casi imperceptibles que andaban sobre el terreno de una zona inhóspita, después de haber hecho lo propio señalando el cielo, ante la posible presencia de una luz que se movía errante y parecía ser un ovni.
Pero, además, el film deja ver un lado desconocido de De Zer. La intensa vida del cronista de espectáculos del noticiero central de televisión y estrella de la época, abrumado por algunas experiencias que soportó en el desierto de Sinaí, durante la brutal Guerra de los Seis Días ocurrida en 1967, que dejaron huellas en su psiquis.
En la historia, mientras busca notas interesantes que atraigan al público, recibe la visita de personas de un pueblito cordobés que quieren revitalizar el turismo local y le ofrecen cubrir lo que, ellos dicen, fue el aterrizaje de una nave espacial en la zona. Se trata de una marca circular aparecida en la tierra cerca de lo que fue una mina de oro y de un mítico cerro.
Hacia allá va José, acompañado por su camarógrafoy compañero de tareas. A partir del éxito de esa primera nota, el periodista sigue buscando historias del estilo para mantenerse en la cima de la TV. Y con el fin de lograr su objetivo, parece no tener límites.
Si bien la historia deja al descubierto los “engaños” frente a cámara, permite entrever también el replanteo que el propio De Zer pudo haberse hecho por el modo en que estaba presentando las noticias. Mientras, genera un manto de dudas en torno a qué detalles fueron reales, cuáles inventados y qué otros quedaban sujetos a su pensamiento en medio de sus conflictos internos.
Con una ambientación muy bien lograda en cuanto a escenarios y utilería, aparecen recreados los momentos épicos de los reportajes que realmente fueron emitidos en la televisión de los ’80. Y las tomas más emblemáticas son reproducidas emulando, incluso, la calidad de imagen y sonido de esos tiempos.
Junto a Mónica Ayos representando a las vedettes de la época con una actuación para sacarse el sombrero, Sbaraglia definitivamente se lleva toda la atención. Su interpretación es tan buena que el actor parece tener en su interior el espíritu del hombre real. De hecho, luego de que aparecen los créditos de la película, se puede ver fragmentos de las crónicas reales de De Zer y el parecido es sorprendente.
Lejos de ser una biopic y, mucho más aún, un documental, la historia realmente es la típica “basada en hechos reales”, que usa los recursos de la ficción para entretener al espectador, alejándose sin problemas de lo que de verdad sucedió.
Y, si bien tiene momentos graciosos que saben explotar la chispa y el humor argentinos, no ridiculiza al personaje o se transforma en una parodia. Se mueve justo en el límite sin caer en lo chabacano.
Al mismo tiempo, la comedia dramática tiene sus tintes surrealistas, que dejan lugar a la duda para que el espectador entre el juego de plantearse qué fue real y qué, completamente inventado. Sin embargo, este último recurso, que se van incrementado de modo paulatino a medida que avanza el film, termina resultando exagerado. Lejos de intentar generar spoilers, el final es completamente inesperado y desentona con el resto de la propuesta. Queda a criterio de cada uno si se interpreta como una metáfora, el final de un relato mágico o, simplemente, el desenlace que hubiese deseado el protagonista de la historia.
El trailer de "El hombre que amaba los platos voladores"
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Perlita: el verdadero José De Zer, en acción
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Ficha técnica
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