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Santiago Segura: “Quiero que Torrente se despida en la cima”

El actor y director español llegó a Buenos Aires a presentar la película de su personaje de culto. Cómo llegó a Alec Baldwin, el público femenino y un futuro como galán

Por Redacción Tiempo de San Juan
Por Florencia Guerrero


Es 2018, Torrente sale de la cárcel. Trae sus ropas de siempre, unos zapatos gastados y la misma cara que desde hace 16 años ha hecho explotar en risa a varios millones de personas. Lo que sigue es la nueva historia pergeñada por el intrincado cerebro de Santiago Segura, que además pone el cuerpo al investigador fetiche de la sátira internacional.

"Torrente 5 es cine, pero ahora más volcado al género de atracos, y a la política-ficción”, explica a Veintitrés Segura, que para la película imaginó una España que ha sido expulsada de la UE, con Cataluña independiente y el proyecto trunco de Eurovegas funcionando. Al salir, al detective no le gusta lo que ve, se siente estafado, y planifica robar el casino para aminorar su angustia.

Más que prolífico, el director que antes de triunfar como tal ya tenía un Goya por su actuación en la inolvidable El día de la bestia, de Alex de la Iglesia, se lanzó a suerte y verdad con las historias del investigador en 1998 con Torrente, el brazo tonto de la ley; tres años después llegaba Torrente 2: Misión en Marbella y en 2005 Torrente 3: El Protector, que filmó en Buenos Aires, a la que dos años después sumó Torrente 4: Lethal Crisis. "Soy muy vago para sacar películas muy seguido, cada cuatro o cinco años está bien, no como Woody Allen que es un trabajador incansable. A mí me gusta disfrutar un poco el éxito”, bromea.

"He venido dispuesto a todo”, indica Segura, conocedor de los límites. Tal vez esa haya sido la estrategia para saltarlos a la hora de imaginar un personaje tan marcado por el racismo, el machismo, y la violencia en general. Son los límites los que no le han permitido mucho tiempo de distensión, previos al estreno de su película en la Argentina. "Me da pena porque lo que más me gusta es por las noches ir al teatro, cenar con amigos. Cuando salgo la gente me reconoce, aunque intento guardar el disfraz, me escondo detrás de mi pelo largo y las gafas, esta vez creo que para siempre”.

–¿Realmente se terminan las historias de Torrente o la amenaza es una cuestión comercial?

–He tenido algunas dudas, pero creo que esta película ha quedado tan perfecta que esta vez me lo estoy planteando con toda seriedad. Quiero que Torrente se despida en la cima.

–¿Tus productores piensan lo mismo?

–Mira, el dinero es una parte importante, pero a mí me sería muy difícil realizar más películas si no me mueve el interés personal. Hago cine para que a la gente le guste, es muy simple decidir el fin de un ciclo cuando el producto ya no le interesa a nadie. Lo mío es ambicioso, quiero retirar al personaje en el pico máximo de reconocimiento.

–¿Y qué harás cuando ya no esté Torrente?

–Es una gran pregunta a la que todavía no le tengo respuesta. En estos años estuve muy contento en Tu cara me suena. Haré otras cosas y ya, y ojo que no tiene que ver con un crecimiento personal, francamente soy como soy desde los 11 años, cuando me encontré discutiendo con un amigo si la acracia podía ser un sistema de vida. En ese momento me sentí adulto, el problema es que no evolucioné mucho desde la pubertad.

–¿Sos un niño con responsabilidades de adulto?

–Era imposible quedarme aferrado a los 11, pero sí me esfuerzo por ser un adulto al que le gusta ser niño. Es un equilibrio fantástico porque ser un poco infantil en un mundo tan desagradable y oscuro, mantener cierta inocencia es muy saludable. La evolución muchas veces te lleva a la decepción.

–¿Es futurismo hablar de España en 2018?

–Dudé mucho en ese punto, me pregunté muchas veces cómo lograría dar el aspecto de futuro si los grandes cambios se ven por década. Pero creo que el componente de devastación es la clave en esta película. El deterioro resulta impresionante, y en eso le veo muchas similitudes con España, que es donde transcurre.

–¿En qué ves deteriorada a España?

–Mi esperanza en no tener nada de Nostradamus, sobre todo en las cuestiones catastróficas que plantea la película. Por ejemplo, volver a las pesetas sería terrible, porque toda nuestra deuda es en euros. España tiene una deuda gigantesca, Argentina también, pero algo que nadie ha sabido explicarme es a quién le debemos. Ese alguien debe ser muy rico, ¿no?

–Por lo menos simbólicamente.

–Eso es lo peor. Tú naces, creces y te desarrollas pensando que sí, que a este tío le debes algo. Un número que va cambiando, que se modifica y crece a antojo de vaya a saber quién. Es una entelequia que te manda esa información, que aparentemente tú obedeces casi sin más, simplemente porque es lo que has aprendido. Todos deberíamos perdonarnos toda la deuda y ser felices, pero no y entonces la rueda sigue. ¿Eso no es más bizarro que cualquier Torrente? Hacer esta película fue un doble ejercicio porque tuve que competir con lo bizarra que es la realidad.

"El escritor que es de culto, el cantante que lo hace para 15, el actor inalcanzable, son producto de un problema que tenemos. Todos quieren sentirse únicos, diferentes"
–¿Cómo llega Alec Baldwin al elenco?

–Alec llegó como llegan las cosas en la vida, por suerte. Confieso que no pensé en él desde un principio. Fue como con las mujeres, uno no piensa: "Le voy a echar los perros a esta señora que es bellísima, tiene dinero, es inteligente”. Lo triste es preguntarle a la niña fea que nadie quiere y que te diga que no. Prefiero que me diga que "no” una inalcanzable. En esto fue igual, yo buscaba un actor de Hollywood en baja, que ya nadie llamara. El de Alec no era el caso, pero al final la productora de mi película conocía a una amiga que era íntima de sus suegros que viven en Mallorca.

–¿Fue menos trabajo del que suponía?

–Yo no lo sabía, pero Alec está casado hace un par de años con una chica española que es instructora de yoga y cuando les mandé el guión, él lo leyó y le gustó. Pero resulta que ella vio la palabra "Torrente” y le insistió para que la haga. Resultó un tipo muy buena onda. Esas cosas pasan pocas veces en un mundo tan cerrado. Ya me voy a casar yo con una instructora de yoga para que me ponga tan alineadito.

–Y el resto, ¿cómo armás el reparto?

–Los demás son como amigos, todos tarados conocidos (risas). También incorporé a un torero, Jesulín de Ulbrique, que es muy popular. Ha sido el primero en hacer corrida de toros para mujeres, y al final las señoras le tiraban corpiños. Lo gracioso es que tiene una voz de corneta que le va muy bien a la película. Es muy pintoresco y Torrente es una saga muy pintoresca.

–Baldwin, el torero de las mujeres, ¿son parte de una estrategia para llegar al público femenino?

–La verdad es que el público de Torrente está dividido en 70/30. Al ser un humor escatológico genera cierto rechazo de las mujeres, pero en esta película conseguí que les interese más. Tal vez hay menos escatología también.

–¿Es verdad que llamaste a Diego Capusotto?

–Sí, yo quería especialmente que Diego esté, pero por sus grabaciones no podía. Realmente me gusta mucho su trabajo, creo que él ha entendido lo que debe ser el verdadero humor. Fue una decepción no tenerlo en Torrente 5.

–¿Te molesta que se degrade el estilo de cine que proponés?

–Me da pena, pero es una cosa que siempre sucede. El escritor que es de culto, el cantante que lo hace para 15, el actor inalcanzable, son producto de un problema que tenemos. Todos quieren sentirse únicos, diferentes. No podemos hacer una guerra de eso. Si hay algo que siempre quise es ser famoso y tener popularidad. Me la paso bien en ese sitio y cuanta más gente me ve, mejor. Ser popular no es una ofensa.

–Y si tuvieras que definir a Torrente, ¿qué me dirías?

–Te diría que todos los vicios y perdiciones de la humanidad están en Torrente. Es como El retrato de Dorian Grey de la humanidad. Como si un día nos abandonáramos, no tuviéramos filtro, ni pasáramos por el baño. Torrente existe porque somos envidiosos, nos gusta que el que está a nuestro lado fracase. Torrente es cómo seríamos si no existiera represión.

–Has dicho que tu madre siempre te animó. ¿Qué dijo después de ver tu máxima creación?

–Yo soy quien soy gracias a mi madre. Aconsejaría a todos los padres que sean así, lo cual no es fácil. Mi madre alentaba cualquier cosa artística que yo hiciera. Hubo un tiempo en el que en casa no teníamos dinero y ella me compró un cuaderno blanco para que dibuje y todo lo que yo plasmaba allí, ella lo veía fantástico. Mi madre fue la única que desde el principio supo que esto pasaría, pero cuando vio Torrente opinó que yo tenía que hacer una comedia romántica. A ninguna madre le gusta ver a su hijo representando un personaje guarro, fascista, machista, alcohólico. Ella quería verme de galán.

–Puedes pensarlo ahora que vas a tener tiempo…

–Ya estoy muy desmejorado, no sé si me va el papel de galán pero bueno, lo puedo intentar. El hombre es voluntad.
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